La biotecnología vegetal ha tenido un fuerte auge en los últimos 25 años, generando importantes beneficios para los agricultores, fundamentalmente gracias al uso de organismos genéticamente modificados que han contribuido a disminuir las pérdidas en el campo causadas por plagas y malezas.

No obstante, en la última década, gracias al potencial de las diversas herramientas biotecnológicas disponibles, se trabaja en la adaptación al cambio climático y en la obtención de productos orientados al consumidor final. De esta forma a través de técnicas de mejoramiento genético vegetal basadas en biotecnología, como la transgenia y más recientemente con la edición de genes, se trabaja en desarrollar alimentos más nutritivos y que soporten mejor los desafíos climáticos actuales como sequía, déficit de agua o heladas.

Países de Latinoamérica han dado pasos importantes promoviendo desde los propios Estados estas innovaciones como algo permanente, independiente del color político de los gobiernos de turno. Es el caso de países como Brasil, Argentina, Paraguay o Cuba, entre otros, que han entregado respaldos y recursos para que sus institutos de desarrollo agrícola públicos trabajen buscando soluciones en base a biotecnología.

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En Chile, en tanto, a pesar que se cuenta con el capital humano y tecnológico, las autoridades parecen seguir pegadas en los prejuicios respecto de los transgénicos, y los desarrollos de los investigadores no llegan al mercado por falta de apoyo y certeza jurídica para producir dentro del país
- Miguel Ángel Sánchez

Paraguay se destaca como productor y exportador de alimentos y suma otro valor agregado: la generación de nuevas variedades de productos mediante los diferentes programas de mejoramiento que ejecutan organizaciones tanto privadas como estatales, como el Instituto de Biotecnología Agrícola (Inbio). En Argentina, por su parte, a través del INTA, con fondos públicos, mediante biotecnología se ha obtenido variedades de trigo y soya tolerante a la sequía. En Brasil, su homólogo Embrapa ha desarrollado porotos transgénicos resistentes a una plaga que estaba causando estragos. Y Cuba anunció en agosto que potenciará con recursos la investigación en organismos genéticamente modificados que permitan asegurar los alimentos a su población en tiempos de pandemia.

En Chile, en tanto, a pesar que se cuenta con el capital humano y tecnológico, las autoridades parecen seguir pegadas en los prejuicios respecto de los transgénicos, y los desarrollos de los investigadores no llegan al mercado por falta de apoyo y certeza jurídica para producir dentro del país. No obstante, la edición de genes parece estar mejor aspectada, ya que Chile tiene una enfoque regulatorio actualizado para su uso agrícola, al igual que lo ha hecho Argentina, Brasil Colombia y Paraguay en Sudamérica, y otros países como Australia, Japón, Estados Unidos y Canadá, entre otros.

La precisión, eficiencia y el considerable menos tiempo para llevar a cabo el mejoramiento genético vegetal, ha contribuido para que la biotecnología sea tan atractiva para avanzar en el recambio de variedades por otras adaptadas a los desafíos actuales del campo. En todo el mundo se habla de la importancia del recambio varietal, pero éste no se logra de otra manera sino a través del mejoramiento genético de las plantas.

Prioricemos y facilitemos el desarrollo de estas soluciones en base a ciencia y sin prejuicios, tal como ya lo hacen muchos otros países.

Miguel Ángel Sánchez
PhD, Director Ejecutivo de ChileBio