Oriónidas en octubre y Gemínidas en diciembre: qué podremos observar desde Chile y por qué estos destellos cuentan la historia de antiguos cuerpos del sistema solar.

Cada vez que vemos una «estrella fugaz» —o, por su nombre correcto, un meteoro— cruzar el cielo, observamos pequeños fragmentos de materia encontrándose con nuestra atmósfera. En los próximos meses tendremos dos buenas oportunidades para observarlos desde Chile: las Oriónidas en octubre y las Gemínidas en diciembre.

Para las primeras, el norte del país aparece como uno de los mejores lugares de observación, especialmente en sectores interiores de la Región de Antofagasta, como San Pedro de Atacama, donde los pronósticos anticipan cielos mayormente despejados durante su máxima actividad.

Aunque popularmente hablamos de «lluvias de estrellas», no tienen relación con ellas. Son destellos producidos cuando pequeñas partículas espaciales ingresan a gran velocidad en la atmósfera. Sus trazas no siempre son blancas: pueden mostrar amarillos, verdes, azules o rojos. En esos colores intervienen la composición del meteoroide, los gases atmosféricos y la velocidad; por ejemplo, el sodio puede aportar tonos amarillos y el magnesio, azul-blancos.

Oriónidas: las huellas del cometa Halley

Las Oriónidas nacen del material dejado por uno de los cometas más conocidos: el Halley. Cada octubre, la Tierra atraviesa parte del polvo y los fragmentos distribuidos a lo largo de su órbita.

Sus partículas ingresan a unos 66 kilómetros por segundo y algunas dejan estelas visibles brevemente después del destello. La tasa de referencia ronda los 20 meteoros por hora en condiciones ideales, una cifra que no representa necesariamente lo que veremos desde Chile.

Este año, durante el máximo de las Oriónidas, la Luna tendrá cerca de un 85% de brillo, es decir, estará casi llena y permanecerá en el cielo durante gran parte de la noche, dificultando la observación de los meteoros más tenues. En Chile, la mejor apuesta será la madrugada del 22 de octubre, antes del amanecer y desde cielos oscuros.

A eso habrá que sumar un factor imposible de controlar: el clima. En varias zonas del país tendremos que cruzar los dedos para que las nubes den tregua y permitan un cielo despejado.

Gemínidas: una lluvia nacida de un asteroide

En diciembre será el turno de las Gemínidas, una de las lluvias más activas del año. A diferencia de muchas otras, no se asocian a un cometa, sino al asteroide (3200) Faetón, cuyo mecanismo para liberar el material que alimenta esta corriente aún se investiga.

Sus meteoros ingresan a unos 35 kilómetros por segundo y su tasa cenital puede alcanzar unos 150 por hora en condiciones ideales. No es una promesa: desde Chile el radiante alcanza menor altura y veremos bastante menos.

En 2026, la Luna tendrá alrededor de un 25% de brillo durante el máximo de las Gemínidas, por lo que interferirá mucho menos que en las Oriónidas. La madrugada del 14 de diciembre será la mejor oportunidad, siempre que el tiempo acompañe.

Cómo observarlos y fotografiarlos

No hacen falta telescopios. Lo mejor es alejarse de las luces urbanas, buscar un lugar seguro y despejado y dejar que la vista se adapte a la oscuridad. Para orientarse durante las Oriónidas, se pueden buscar las Tres Marías, las tres estrellas alineadas del cinturón de Orión.

Por ejemplo, desde San Pedro de Atacama, podemos utilizar el volcán Licancabur como referencia y dirigir la mirada hacia su izquierda, buscando la constelación de Orión y sus reconocibles Tres Marías durante las horas previas al amanecer. De todas formas, los meteoros pueden aparecer en cualquier dirección, por lo que conviene observar una zona amplia del cielo.

Para fotografiarlos, la clave es aumentar las probabilidades: cámara sobre trípode, lente gran angular y luminoso, foco manual en las estrellas y exposiciones consecutivas. Un intervalómetro permite dejar la cámara disparando sin tocarla. Como punto de partida: diafragma abierto, ISO alto y exposiciones de unos 10 a 15 segundos, ajustando según el cielo y la distancia focal; idealmente, en RAW.

Con un celular también se puede intentar: siempre sobre un trípode, usando modo nocturno o manual y, si el equipo lo permite, una secuencia de fotografías. No hay que intentar reaccionar al meteoro; cuando lo vemos ya suele ser tarde. La mejor estrategia es dejar la cámara registrando el cielo y esperar que alguno atraviese el encuadre.

Y vale la pena ajustar las expectativas: «lluvia» no significa cientos de destellos simultáneos. A veces transcurren largos minutos sin que ocurra nada, hasta que una línea luminosa nos sorprende.

Quizás esa espera sea parte del encanto: detenernos, levantar la mirada y recordar que la Tierra, en su viaje alrededor del Sol, continúa encontrándose con pequeñas huellas de la historia de nuestro sistema solar.