Una década de deterioro en el desempeño registra nuestro sistema escolar. Es lo que muestran los resultados de la prueba PISA 2025, al igual que las mediciones nacionales previas. Son malas noticias, pero no nos toman por sorpresa: es el diagnóstico sobre el cual pensamos el programa de gobierno y que durante estos meses nos ha tenido ocupados en el Ministerio de Educación, reposicionando lo que ocurre en la sala de clases y los aprendizajes de los estudiantes como foco prioritario de nuestra gestión.
Es así como, en medio de los hechos de violencia que nos llevaron a empujar la Ley Escuelas Protegidas, convocamos a directores de todo el país para recoger su experiencia, preocupaciones y propuestas, en el marco del plan Directores por Chile.
16 encuentros regionales con 1.800 directores, una encuesta respondida por otros 5.700 y la conformación de un consejo nacional de 25 directores, nos permitieron identificar las principales barreras que estos enfrentan y definir medidas prioritarias, para reducir la sobrecarga administrativa que los afecta y darles más tiempo para liderar sus escuelas.
Pero no basta con facilitar su labor, también debemos apoyar a quienes están educando. Por eso, impulsamos Chile Aprende y Avanza, estrategia nacional que dispone herramientas para los colegios, basadas en aquello que la evidencia respalda.
Un primer objetivo es que los niños asistan a clases, desarrollando hábitos y disposición al aprendizaje: por eso perfeccionamos la plataforma Chile Presente —que entrega datos y alertas sobre la asistencia de sus estudiantes— y orientamos a los colegios en cómo aprovecharla y fortalecer sus decisiones.
Segundo, evaluar para nivelar. PISA es una muestra, pero los profesores requieren un diagnóstico preciso del nivel en que está cada estudiante, pudiendo así adecuar la enseñanza a sus necesidades. Por eso, además de las pruebas DIA que ofrece la Agencia de la Calidad, aplicaremos Impulso Lector: la primera medición censal y estandarizada de habilidades precursoras de la lectura en 2º básico, que permitirá identificar rezagos y definir acciones para remediarlos, avanzando hacia el objetivo de que todos los niños aprendan a leer a tiempo.
Tercero, recursos pedagógicos, orientaciones y formación docente en estrategias eficaces para la enseñanza de aprendizajes fundamentales desde la primera infancia. Porque si no consolidamos la base, difícilmente podremos avanzar hacia habilidades y conocimientos más profundos, claves no sólo para el desarrollo integral de cada niño, sino también para la ciudadanía, mejora de la productividad, movilidad social y el progreso de nuestro país.
A lo anterior, debemos añadir el apoyo diferenciado a las 149 escuelas que exhiben bajo desempeño reiterado según la clasificación disponible, cuyos equipos requieren de un acompañamiento más intenso por parte del Ministerio. Y el plan de consolidación de los 420 Liceos Bicentenario, que restituye el sello original de este programa, instalando una cultura de excelencia y altas expectativas.
Nuestro compromiso es claro y decidido. Tenemos una agenda y estamos avanzando en ella. Ahora bien, nada de lo que hagamos será suficiente si no contamos además con el apoyo y compromiso de padres, apoderados y quienes tienen niños a su cargo. Necesitamos que se involucren y colaboren con su escuela, y que respalden y confíen en sus profesores.
Estado, familia y colegios debemos ser aliados: trabajar en conjunto sin descanso por el bien de lo más preciado que tiene Chile, nuestros niños, y para que la próxima no sea una década de retrocesos, sino que de buenas noticias, aprendizajes y progreso.
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