Por Antonio Becerro
Con Patricio Guzmán se va algo semejante a una gran biblioteca incendiándose de golpe. Como si ardieran al mismo tiempo Salamanca, Oxford y Harvard; los archivos secretos de un país, sus fotografías, sus testimonios, sus derrotas y sus esperanzas. Y, también, una pequeña parte de la memoria acumulada durante treinta años en los gruesos muros de Perrera Arte. Porque hay personas que guardan libros, otras guardan documentos, y algunas, muy pocas, cargan dentro de sí la memoria de un pueblo. Pato era uno de ellos.
Pintacanes
Corría el año 2009. El Centro Experimental Perrera Arte era entonces, todavía más que ahora, una especie de caverna oscura y húmeda levantada a orillas del Mapocho. Esa noche todo estaba dispuesto para celebrar el cierre del festival de cine y artes visuales Pintacanes. Habíamos querido hacerlo con estilo: velas encendidas, una mesa interminable, manteles de algodón de Damasco, cubiertos Christofle, botellas abiertas y platos preparados para una larga sobremesa. Llegaron amigos, artistas, músicos, periodistas, escritores, poetas, intelectuales, vecinos y hasta algún mecenas. No sé si la escena era exactamente tan refinada como suena, pero nosotros la imaginábamos así, y a veces la memoria también tiene derecho a construir su propia escenografía.
Entre todos los invitados había uno especial. Un famoso, como habría dicho Grillo Mujica. Era Patricio Guzmán.
Nostalgia de la luz
“Vengo del desierto.” Nos contó de manera ligera que se encontraba investigando los cielos nocturnos en el desierto de Atacama y que para ello se sirvió de los telescopios del Europeo Austral (ESO) y principalmente del Observatorio Paranal. También del Observatorio de La Silla y el Observatorio Gemini.
Nos contó que planeaba un metraje que se desarrollaría entre huesos y polvo de estrellas, entre relatos y la nostalgia de la memoria. De científicos que interrogaban el origen del universo mientras, unos kilómetros más allá, otras personas escarbaban el suelo intentando encontrar los restos de sus desaparecidos.
Nosotros escuchábamos.
Un año después, en 2010, comprendimos finalmente aquello que Pato había llevado hasta nuestra mesa. Se llamaba Nostalgia de la luz. Fílmico con la que recibió los honores y premios en certámenes internacionales destacados (como en Cannes, San Sebastián y Biarritz).
Buen viaje Patricio descansa en paz y libérate de la batalla de Chile.
Hoy despedimos a Patricio Guzmán, uno de esos hombres que hicieron de la memoria no un archivo muerto, sino una forma de mirar el presente.
La Perrera Arte
Hace más de dos décadas Pato pasó por La Perrera Arte. Recuerdo especialmente su mirada sobre este lugar: quedó profundamente conmovido de que existiera en Santiago un espacio como La Perrera, independiente, improbable, levantado desde las ruinas y sostenido por la voluntad de hacer arte donde parecía imposible hacerlo.
Quizás por eso nos entendimos. Patricio sabía que la memoria habita en los lugares, en los cuerpos, en las voces y también en aquello que una sociedad intenta olvidar. Su cine hizo precisamente eso: volver a mirar, insistir, insistir, insistir, preguntar, conservar las imágenes para que el tiempo no terminara de borrarlas.
Nos queda aquella cena, su conversación, su generosidad y esa emoción sincera frente a lo que hacíamos. Hoy esa pequeña escena también forma parte de la memoria de Perrera Arte.
Hasta siempre, Pato. Gracias por haber mirado a Chile cuando Chile necesitaba mirarse a sí mismo. Despedimos a un guardián. A uno de aquellos hombres que dedicaron la vida a impedir que el olvido terminara de ganar la batalla.
Adiós, querido Pato. Ahora sí puedes liberarte de La batalla de Chile.
Desde Perrera Arte, nuestro cariño y nuestras condolencias a su familia, sus amigos y compañeros de vida y de cine.
En el mes de la patria, las autoridades del Ministerio de las Culturas las Artes y el Patrimonio debería declara duelo nacional.