Hoy en día, Chile enfrenta urgencias prioritarias e impostergables, como la reactivación económica y la seguridad ciudadana. Sin embargo, en un contexto social tan complejo, la discusión legislativa se desvía hacia iniciativas que buscan prohibir las carreras de perros galgos, una de las tradiciones del mundo rural, estas propuestas son impulsadas desde un profundo desconocimiento de la vida campesina.
Llama la atención la evidente doble vara de medir con la que se juzgan estas actividades. Mientras se busca penalizar y erradicar tradiciones arraigadas en nuestras zonas rurales, nada se dice ni se cuestiona sobre disciplinas con dinámicas similares, como las carreras de caballos o la hípica, las cuales conviven en nuestra sociedad sin este nivel de persecución.
Esta inconsistencia revela que el debate no siempre responde a un criterio técnico unitario, sino a un sesgo contra la cultura y las costumbres del campo, de nuestra vida rural.
Defiendo con convicción estas prácticas porque no representan un mero espectáculo: para las familias y cultores del mundo galguero, la crianza y la competencia son un estilo de vida. Los animales son integrados como miembros de la familia, recibiendo cuidados, alimentación adecuada y protección constante.
Como alguien que se crió en este entorno, puedo dar fe de que la preparación antes de una carrera se basa en el afecto y la estimulación natural de la raza para correr en espacios seguros. Aseverar que existe un maltrato sistemático es falso y responde a prejuicios de quienes opinan sin conocer la realidad desde dentro.
Por todo esto, afirmo que regular es muy distinto de prohibir. La postura verdaderamente responsable no es erradicar una tradición por la potestad de la ley, sino normar adecuadamente. Entre las medidas concretas que proponemos, se pueden destacar:
• Controles veterinarios obligatorios antes y después de cada competencia para garantizar el bienestar animal.
• Exigencias de infraestructura y seguridad en las pistas e instalaciones.
• Sanciones estrictas y efectivas ante cualquier práctica que cause daño o lesión.
• Fiscalización categórica para prohibir las apuestas ilegales o cualquier actividad ilícita asociada.
El llamado a los legisladores es a no juzgar desde la lejanía ni el desconocimiento. Para el Chile rural, las carreras de galgos y sus tradiciones no son sólo una práctica deportiva, sino una manifestación cultural viva y una forma de vida que merece ser respetada, regulada y fiscalizada, no abolida.
Enviando corrección, espere un momento...
