Hay gobiernos que hablan de igualdad de oportunidades. Y hay gobiernos que, con una mano en el corazón y la otra en el Diario Oficial, se dedican a fabricar pobres.

Esto no es una casualidad, es la expresión de una ideología política que cree profundamente en que deben existir castas sociales inamovibles.

El plan es simple: les rebajan los impuestos a las grandes empresas, pero les cargan más peso a las pymes. Se les “olvida” cobrar 32 mil millones de pesos a una gran compañía, pero no tienen ningún problema en embargarle el sueldo a un trabajador que vive contando las monedas para llegar a fin de mes. ¿Y después nos vienen a hablar de justicia?.

Miremos el incentivo al empleo. Mientras más bajo es el sueldo, mayor es el beneficio para el empleador. O sea, el premio no es pagar más; el premio es pagar menos. Es la política pública convertida en un subsidio a los salarios bajos. ¿Y después se preguntan por qué la gente no progresa?

Por si fuera poco, aparece el ministro Quiroz diciendo que no tiene sentido estudiar carreras que no entregan rentabilidad. Traducido al castellano simple: “si usted nació pobre, no se haga muchas ilusiones”. Porque al final el mensaje es brutal: los hijos de los que tienen plata estudiarán, dirigirán empresas y tomarán las decisiones; los demás, conformarse con trabajar por el sueldo más bajo posible, porque justamente ese es el que el Estado decidió incentivar.

Entonces nos hablan de la meritocracia. El mérito existe cuando todos parten desde la misma línea de salida. Cuando desde el poder se premia el salario bajo, se castiga el emprendimiento pequeño y se instala la idea de que la educación es una inversión solo para quienes pueden pagarla, no estamos construyendo movilidad social: estamos generando más desigualdad.

Lo más preocupante es que ni siquiera lo esconden. Lo dicen, lo defienden y lo presentan como modernización.

Chile no necesita una economía donde unos pocos despegan mientras millones quedan pegados al suelo. Chile necesita un país donde el hijo de un trabajador pueda llegar más lejos que sus padres, no uno donde el Estado le explique desde temprano cuál es el lugar que debe ocupar y que no puede moverse de allí.

Presidente, tanto que habla usted de la libertad, la verdadera libertad está dada por poder elegir y no por una élite decidiendo o tratando a las personas como un rebaño al que se le conculca la posibilidad de decidir su presente y su futuro.