La combinación de estabilidad financiera, inicio de un nuevo gobierno y cambio de administración en Enami no se repite seguido. Es una ventana.
Enami lo hizo de nuevo. La Empresa Nacional de Minería cerró el primer trimestre de 2026 con utilidades por más de 9 millones de dólares, repitiendo los resultados positivos de 2024 y 2025.
Para muchos, esto suena a simple buena suerte: precio del cobre alto, empresa minera estatal contenta. Pero la explicación es más interesante que eso.
Enami no gana cuando sube el precio del cobre
El principal negocio de Enami no es vender cobre. Es procesar y comercializar los minerales de los pequeños mineros a cambio de una tarifa fija, definida cada año junto a la Sociedad Nacional de Minería.
Es como un mecánico que cobra tarifa fija por reparar autos ajenos: si termina el trabajo gastando menos de lo presupuestado, gana; si los repuestos le salen más caros de lo esperado, pierde. Lo que vale el auto no tiene nada que ver. Y cuando el precio del cobre sube, quien se lleva ese beneficio directamente es el pequeño minero que le trajo el mineral a Enami, no la empresa.
Por eso el historial reciente de Enami es tan elocuente: entre 2014 y 2023, en una década completa, la empresa logró evitar pérdidas solo en un año. No porque el cobre estuviera barato —en varios de esos años estuvo alto—, sino porque los costos reales de operación superaban sistemáticamente lo que la tarifa cubría.
Un cambio real, no un golpe de suerte
El plan que comenzó a aplicarse a fines de 2023 incluyó decisiones visibles y polémicas: la suspensión temporal de la fundición de cobre y la venta a Codelco del 10% de la propiedad de Quebrada Blanca. Pero lo que menos se vio, y que ha sido igual de determinante, es que los trabajadores y profesionales de Enami lograron operar con mayor eficiencia que la planta estándar. Tres años consecutivos en positivo no son casualidad: son un cambio de dirección sostenido.
Es importante ser honesto sobre lo que esto significa y lo que no. Los resultados financieros positivos no implican que los servicios a los pequeños mineros hayan mejorado automáticamente. Pero sí abren algo que antes era inverosímil: la posibilidad de planificar.
Qué hacer con esta oportunidad
Una empresa que durante una década operó al límite del colapso no puede pensar en el mediano plazo. Sus equipos están demasiado ocupados apagando incendios. La estabilidad financiera cambia eso.
El paso inmediato y concreto es mejorar los tiempos de pago a los pequeños productores, que históricamente han sido uno de los principales focos de tensión. Pero hay una ambición mayor que vale la pena plantear: construir planes distritales de desarrollo para cada zona donde existe pequeña minería en Chile.
La pequeña minería chilena es enormemente heterogénea. Lo que funciona en Atacama no funciona en O’Higgins. Por eso estos planes deben diseñarse territorio a territorio, con participación activa de las asociaciones y sindicatos de productores locales, que conocen mejor que nadie las realidades y posibilidades de cada zona. Sonami puede jugar un rol clave en articular ese proceso y darle continuidad más allá de los ciclos de gobierno.
Esos planes podrían ir más allá de los minerales que hoy se explotan. Chile tiene un enorme potencial en minerales críticos y estratégicos —litio, cobre, cobalto— cuya demanda global no hará sino crecer. La pequeña minería puede ser parte de esa historia, si existe una institucionalidad que la respalde.
El momento es ahora
La combinación de estabilidad financiera, inicio de un nuevo gobierno y cambio de administración en Enami no se repite seguido. Es una ventana. La pregunta es si se usará solo para consolidar lo avanzado, o también para proyectar a la empresa hacia un rol más ambicioso en el desarrollo minero del país.
Los números dicen que la base está. Lo que viene después depende de decisiones políticas y técnicas que aún están por tomarse.
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