Aquí el punto central es claro: los recursos públicos son escasos y deben usarse con eficiencia.

Asumir la presidencia de la Comisión de Transportes y Telecomunicaciones del Senado implica hacerse cargo de un problema que se ha arrastrado por años: el transporte en regiones no ha estado a la altura de lo que las personas necesitan.

En Valparaíso, esto no es una discusión técnica, es una realidad cotidiana que afecta directamente el bolsillo, el tiempo y la calidad de vida de miles de familias.

Durante demasiado tiempo, las soluciones han sido parciales o simplemente no han funcionado. Por eso, hoy el desafío no es seguir acumulando diagnósticos, sino avanzar con decisión en lo que realmente importa: ordenar el sistema, priorizar bien los recursos y ejecutar con eficacia. Porque cuando el transporte falla, lo que falla también es la capacidad de las personas de desarrollarse con normalidad.

A esto se suma un escenario que exige actuar con seriedad. El alza en los combustibles generará un impacto que debemos enfrentar con anticipación y responsabilidad.

Sabemos que estamos en un contexto económico exigente y que cuidar las finanzas públicas no es una opción, es una obligación. Pero esa responsabilidad fiscal debe ir acompañada de medidas concretas que protejan a las familias frente a estos efectos.

En ese sentido, herramientas como los fondos espejo son un instrumento necesario, pero no suficiente si no se gestionan bien. Aquí el punto central es claro: los recursos públicos son escasos y deben usarse con eficiencia.

No se trata solo de asignar más dinero, sino de asegurarse de que llegue a tiempo, que esté bien focalizado y que realmente contribuya a aliviar el costo del transporte.

Desde la Comisión de Transportes vamos a actuar con una lógica clara: menos discurso y más gestión. Vamos a exigir información, revisar el estado de los proyectos y empujar soluciones que tengan impacto real. Chile no necesita más promesas, necesita que las cosas funcionen.

Valparaíso necesita un sistema de transporte que cumpla, que dé certezas y que no siga siendo una carga adicional para las familias. Porque al final del día, de lo que se trata es de algo simple: que las personas puedan vivir mejor gracias a un Estado que haga bien su trabajo.