La nueva realidad sobre la pobreza que nos entrega la medición 2024, hace imperativo volver a hablar de pobreza en las distintas instancias de toma de decisiones, para adoptar mejores políticas públicas y robustecer aquellas que estén dando buenos resultados.
La Casen 2024, cuyos resultados conocimos la semana pasada, eleva el estándar de medición de la pobreza con parámetros más exigentes, fruto de un acuerdo técnico y político transversal, que es importante felicitar y agradecer.
Este cambio metodológico, impulsado por la Comisión Presidencial para la Actualización de la Medición de la Pobreza, de carácter transversal, fue mayoritariamente acogido por el Ministerio de Desarrollo Social y Familia y hoy nos enfrenta a una nueva realidad: un 17,3% de pobreza por ingresos (más de 3,4 millones de personas), un 17,7% de personas en pobreza Multidimensional y un 6,1% (1 millón 192 mil personas) de pobreza severa, es decir quienes además de enfrentar ingresos insuficientes, también enfrentan carencias en ámbitos importantes para una vida digna y saludable.
En 2012, por iniciativa del presidente Sebastián Piñera, me tocó liderar el primer ejercicio transversal de actualización de la medición de pobreza, tras 22 años sin que se hubiese realizado ajuste alguno a la Canasta Básica, más allá de las variaciones del IPC.
El fruto de dicho trabajo fue contar con una medición de pobreza por ingresos nueva, más ajustada a los patrones de consumo de esa época. Además, por primera vez se incorporó la medición multidimensional, tomando en cuenta los aportes técnicos de la Oxofrd Poverty Human Initiative.
Esto marcó un antes y un después, ya que el Estado acogió una importante reivindicación de las organizaciones que trabajamos en contextos de pobreza: la pobreza no es solo un problema de ingresos, es mucho más integral.
En esa oportunidad también se acordó que, con una periodicidad de 10 años, el MDSF debía convocar a una comisión de expertos para actualizar los indicadores de medición, evitando su pérdida de sensibilidad ante una sociedad cambiante.
Esto se hizo el 2024 y se pudieron introducir ajustes nuevos y pertinentes. Entre ellos hoy se cuenta, por ejemplo, con una canasta básica saludable, la fijación de una línea de pobreza para quienes arriendan y quienes no y la eliminación del “arriendo imputado” como parte del ingreso de los hogares.
En el caso de la medición multidimensional, los subdimensiones pasaron de 15 a 20, incluyendo calidad de los aprendizajes escolares, apoyo de cuidados a personas con dependencia, conectividad digital, entre otros.
Estos cambios nos permiten entender con mayor profundidad cómo se está experimentado la pobreza en nuestro país y se reinstala la pobreza como prioridad en la agenda país.
En lo metodológico, creemos que aún quedan algunos pendientes que, confiamos, se podrán ir incorporando, como, por ejemplo, diferenciar el costo de vida por regiones o macrozonas, la inclusión de estudios longitudinales, la medición de vulnerabilidad a la pobreza y su complementación con informes cualitativos oficiales.
En los territorios rurales y aislados, que conocemos diariamente a través de Servicio País, existen amplias brechas de acceso y calidad a servicios (sanitarios, comerciales o de infraestructura) y oportunidades (de buena atención en salud y calidad en educación), que no alcanzan a ser reflejados con precisión por este instrumento, debido a que las muestras de hogares encuestados en el marco de la Casen suelen ser pequeñas.
La nueva realidad sobre la pobreza que nos entrega la medición 2024, hace imperativo volver a hablar de pobreza en las distintas instancias de toma de decisiones, para adoptar mejores políticas públicas y robustecer aquellas que estén dando buenos resultados.
Lejos de ser un retroceso, esta medición es un llamado a la acción del Estado, las empresas y las instituciones de la sociedad civil. Esta vara más alta la cruzamos juntos.
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