La infancia nos habla con franqueza y generosidad. Que ese espíritu inspire a nuestra clase política y a cada ciudadano.

Cada fin de año escolar nos recuerda el paso del tiempo y el crecimiento de nuevas generaciones. En cada ceremonia, padres y madres se preguntan cómo ocurrió tan rápido. Este tránsito de etapas educativas es también un recordatorio de que la infancia avanza, y que nuestras decisiones como adultos marcan su presente y su futuro.

En pocos días, Chile elegirá a su próximo Presidente. Más allá de nuestras opciones políticas, conviene recordar que los niños y niñas observan nuestras señales y aprenden de ellas.

Este año, entre mayo y septiembre, miles de estudiantes de 6 a 12 años participaron en los “Encuentros de Creación y Diálogo”, compartiendo sueños, preocupaciones y propuestas para el país.

Sus voces fueron claras: convivencia respetuosa, seguridad, hogares dignos, escuelas libres de violencia y bullying, reglas justas, respeto a las diferencias, más participación y mejores recursos.

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También pidieron transporte accesible, áreas verdes, espacios públicos seguros, protección de la naturaleza y apoyo en salud.

Reconocieron amenazas como drogas y alcohol, y vulnerabilidades como pobreza y soledad. Con empatía y creatividad, ofrecieron soluciones concretas.

El documento “Multiplicar las voces”, entregado a candidatos al Congreso y la Presidencia, es una invitación a pensar responsablemente el país que queremos construir, incluyendo siempre las miradas de la infancia.

No podemos omitir las deudas pendientes ni minimizar los logros alcanzados. La infancia nos habla con franqueza y generosidad. Que ese espíritu inspire a nuestra clase política y a cada ciudadano.

Este 14 de diciembre, al votar, pensemos en qué futuro queremos para nuestros niños y niñas. Porque los años de infancia son los más determinantes de la vida.