Hoy se cumplieron ocho años de la tragedia aérea que cobró la vida de cinco personas cuando volaban desde Isla Mocha hacia Tirúa. Desde entonces, los accidentes de ese tipo no han cesado y siguen cobrando vidas sin que exista solución a la seguridad de los vuelos.

La tragedia del Cessna 172 ocurrió un día domingo, el 6 de octubre de 2013, luego que la avioneta despegara desde Isla Mocha con destino al aeródromo Lequecahue de Tirúa, con cuatro pasajeros, en manos del piloto Mario Han.

El pequeño avión nunca llegó al objetivo, y la intensa búsqueda que incluyó a centenares de personas, uniformados y civiles, no recuperó los cuerpos ni la aeronave. Quienes perdieron la vida fueron: Leslie Roa Sufray (27), su amigo Erick Arriagada (26), Jorge Luengo Suazo (53) y su hijo Jorge Luengo Espinoza (28).

Cecilia Sufray y Cecilia Espinoza, madres de dos de las víctimas, y también esposa en el segundo caso, lamentaron que los vuelos entre la isla y el continente sigan siendo tan peligrosos después de ocho años.

En tanto, Gladys Zúñiga, madre de Erick, apuntó también al rol de la Dirección General de Aeronáutica Civil, a la que calificó de ineficiente, porque no sólo no supervisó las condiciones de ese vuelo, sino que los restantes hasta ahora, aseveró dolida, considerando que este año hubo otro accidente fatal.

“Siguen ocurriendo los mismos accidentes porque la Aeronáutica Civil no se hace responsable de nada. La gente ya está a su suerte porque nadie fiscaliza los vuelos”, declaró.

La más reciente catástrofe aérea en ese tenebroso trayecto ocurrió el 9 de julio de este año y cobró la vida de Laura Herrera (81), que falleció luego en el Hospital Regional el 27 de agosto. Su hija, Ginnete Moya, aún se muestra traumatizada porque ya en 2017 perdió a su hermano, Franklin, en otro accidente por la caída de una avioneta entre isla Mocha y Tirúa.

Los vuelos no tardan más de 15 minutos, pero son muy peligrosos indican los isleños, sobre todo el de las avionetas particulares. Por eso exigieron al Gobierno que el avión estatal fuese bimotor, para ellos algo más seguro. Ese servicio se mantiene vigente, expuso de su lado el seremi de Transportes, Jaime Aravena.

Pese a estas opiniones, quienes viajan a la isla insisten en que nadie supervisa los vuelos, especialmente los particulares, que pueden despegar aún con malas condiciones climáticas, agregaron, sin que nadie se responsabilice de las consecuencias en algunos casos fatales.

Los familiares de los desaparecidos hace ocho años, además, no pudieron llegar al aeródromo de Tirúa este miércoles para depositar una ofrenda floral debido al corte de camino perpetrado por delincuentes.

Familiares de víctimas | Pedro Cid | RBB