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Domingo 23 septiembre de 2018 | Publicado a las 07:02 · Actualizado a las 13:20
"Nos vieron como el basurero. Nadie quiere comer mariscos": el drama de los pescadores de Ventanas
Publicado por: Christian Leal La información es de: Mongabay Latam
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Cuando Carlos Vega vio que la carne de las ostras japonesas era blanca, se sorprendió. El sólo las conocía medias verdosas. Fue ahí que entendió que los mariscos que cosechaba y vendía estaban contaminados.

Ofrec√≠a las ostras en la playa. En la misma bah√≠a en la que las cultivaba: Ventanas, comuna de Puchuncav√≠, en la zona central de Chile. ¬°Crudas con lim√≥n!, ¬°ricas las ostras! Carlos, y sus compa√Īeros de pesca, daban de degustar y vend√≠an los mariscos a sus exclusivos clientes. Turistas adinerados, asiduos a este peque√Īo pueblo de pescadores, organizado en torno a una bah√≠a, donde las olas rompen calmas, como si no se tratara del furioso Pac√≠fico que suele azotar el litoral de Chile.

Era 1996 cuando los pescadores inauguraron su flamante cultivo de ostras y 2000 cuando el Servicio Nacional de Salud lo clausuró, luego de un episodio masivo de intoxicación. Contaminadas por metales pesados, fue la sentencia del Servicio Nacional de Salud y el estigma cayó sobre Ventanas.

La inversi√≥n millonaria de materiales, trabajo y tiempo invertido por los pescadores y la ONG alemana que los patrocin√≥ se perdi√≥ de golpe. ‚ÄúFue la primera vez que los pescadores nos dimos cuenta de lo que estaba pasando‚ÄĚ, cuenta Carlos con la mirada perdida hacia el parque industrial, instalado a orillas del mar: cuatro termoel√©ctricas a carb√≥n, de AES Gener SA; una fundici√≥n y refiner√≠a de cobre, de Codelco Ventanas S.A; una refiner√≠a de petr√≥leo, de la estatal ENAP; una comercializadora y distribuidora de productos qu√≠micos, con su terminal mar√≠timo correspondiente, de Oxiquim S.A; una cementera, de Cementos Mel√≥n S.A; cinco estanques de almacenamiento de gas natural licuado, de GASMAR S.A; un puerto granelero, de Puerto Ventanas S.A; un terminal mar√≠timo de gas licuado, de GNL; una planta de almacenamiento de combustibles con su terminal mar√≠timo, de COPEC; otro terminal de almacenamiento y distribuci√≥n de petr√≥leo y derivados, de CORDEX.

Vista del parque industrial desde la playa de Ventanas. Foto: Michelle Carrere
Vista del parque industrial desde la playa de Ventanas. Foto: Michelle Carrere

Todo eso, m√°s los acopios de escorias sobrantes de la fundici√≥n de cobre, acumulados a orillas de la carretera sobre lo que fue un humedal, es el panorama actual de Ventanas. Zona declarada saturada por anh√≠drido sulfuroso y material particulado en 1994 y que, desde hace dos semanas, protagoniza el √ļltimo de sus esc√°ndalos ambientales: 408 personas, entre ni√Īos y adultos, intoxicadas por gases provenientes de las emanaciones del parque industrial. El episodio de v√≥mitos y desmayos masivos ocurri√≥ el pasado 21 de agosto. 15 d√≠as despu√©s, otro centenar de personas, n√ļmero a√ļn no definido por las autoridades, llegaron al hospital por las mismas razones.

Nadie recuerda que alguna vez esto fue un balneario y que, en la caleta de pescadores, los botes llegaban por las ma√Īanas con pescados, lapas, ostiones, machas‚Ķ Ah√≠, las abuelas de Carlos compraban sus productos para abastecer El Pac√≠fico y La Estrella. Dos de los restaurantes que abundaban en la bah√≠a y que hoy no son m√°s que un mont√≥n de ruinas. Las grandes y ricas casas de veraneo tambi√©n fueron olvidadas por sus due√Īos, quienes arrancaron en busca de aguas limpias y un panorama menos parecido a una pel√≠cula futurista del fin del mundo.

Los a√Īos dorados

Carlos no era m√°s que un veintea√Īero cuando comenz√≥ a trabajar en la fundici√≥n de cobre que se hab√≠a instalado en su pueblo, en 1964. Era auxiliar de horno, de esos donde el cobre se derrite hasta quedar un l√≠quido rojo dorado. Tambi√©n manejaba el carro que trasladaba la escoria hacia el lugar que se hab√≠a definido para su dep√≥sito y que a√ļn sigue siendo el mismo. En sus horas libres, buceaba. Hab√≠a aprendido el oficio de su padre que era buzo escafandra, con esos trajes pesados, como de astronautas, que hoy son piezas de museo.

Carlos se hab√≠a casado con una mujer nortina, de la cultura minera del desierto de Chile y viv√≠an en un peque√Īo cuarto, con ba√Īo de hoyo. El salario no alcanzaba para mucho m√°s, pero las ganancias del buceo le hab√≠an permitido comprarse una radio y un televisor. Cuando Carlos entendi√≥ que ganar√≠a m√°s dinero en la pesca, renunci√≥ a la empresa y se fue a bucear. El mar era generoso en esos a√Īos de la d√©cada de los 80. Erizos, lapas, almejas y pescados sacaban los hombres; y los bancos de machas tan grandes ‚Äúque pens√°bamos, ignorantes, que nunca se acabar√≠an‚ÄĚ. Al poco tiempo, Carlos reuni√≥ el suficiente dinero para comprarse un equipo de buceo, ya no como el de su padre, sino de los modernos, y un bote. Ahora era microempresario, alquil√≥ una casa con ba√Īo y el negocio iba cada vez mejor. Otros invirtieron tambi√©n. Salvador Ureta, m√°s conocido como Colocolo, tambi√©n compr√≥ botes y equipos de buceo, se transform√≥ en empresario y daba trabajo a otros compa√Īeros. Los barcos sal√≠an a la playa cada vez m√°s llenos de machas, hasta que los bancos, que parec√≠an inagotables, un d√≠a se acabaron.

Pescadores pesando el huiro recolectado en Ventanas. Uno de los √ļnicos recursos que hoy pueden extraer del mar. Foto: Michelle Carrere
Pescadores pesando el huiro recolectado en Ventanas. Uno de los √ļnicos recursos que hoy pueden extraer del mar. Foto: Michelle Carrere

Carlos y unos pocos otros compa√Īeros eran los √ļnicos que hab√≠an completado los estudios en la escuela. Los hombres mayores de la caleta hab√≠an decidido que los m√°s letrados, deb√≠an ser los dirigentes del sindicato que en 1987 decidieron crear. Carlos, como secretario, y Eugenio Silva, como presidente, organizaron entonces la caleta. ‚ÄúHab√≠amos entendido que exist√≠a lo que hoy llamamos sobrepesca‚ÄĚ y por intuici√≥n, sin m√°s estudios que lo aprendido bajo el agua, se autoimpusieron cuotas de extracci√≥n para que la poblaciones de machas se pudieran recuperar. Tambi√©n construyeron un √°rea de manejo para cultivar y cosechar recursos, locos principalmente, de manera sustentable.

Adem√°s, como recurso alternativo, decidieron sembrar pelillo en una nueva √°rea de cultivo. Justo en la bah√≠a, frente a la empresas que ya por esos a√Īos hab√≠an aumentado, pero que eran ignoradas por los pescadores, concentrados en sus proyectos pesqueros. ‚ÄúNosotros est√°bamos enfocados en nuestro negocio. No nos preocup√°bamos por lo que hicieran o dejaran de hacer las empresas. No sospech√°bamos nada de lo que ocurrir√≠a‚ÄĚ, recuerda Carlos en la caminata que nos lleva hacia el desaguadero de aguas servidas que cae, directo al mar, sin tratamiento alguno.

El pelillo, un alga conocida tambi√©n como el oro negro, crece abundante en los mares del sur del pa√≠s. Con el respaldo de la Universidad Cat√≥lica de Valpara√≠so hab√≠an hecho los estudios y comprobado que todas las condiciones estaban dadas para poder reproducirlo. Sin embargo, el pelillo no se afirm√≥ al fondo marino y el proyecto no funcion√≥. ‚ÄúDespu√©s supimos que los metales pesados que hab√≠an en el fondo funcionaban como alguicidas y que por eso perdimos el alga. Cuando eso pas√≥, como √©ramos testarudos, decidimos sembrar en la columna de agua ostras japonesas, choritos y ostiones‚ÄĚ.

Ventanas, comuna Puchuncaví. Foto: Michelle Carrere
Ventanas, comuna Puchuncaví. Foto: Michelle Carrere

Era 1996 y con el apoyo de una ONG alemana consiguieron los recursos para instalar las l√≠neas de cultivo, con las boyas, las linternas y las semillas. Los pescadores pusieron el trabajo: las horas de buceo, de mantenci√≥n y los gastos de operaci√≥n -como el combustible de los botes. Los mariscos comenzaron a crecer, as√≠ como el negocio y tambi√©n los piures que se adosaron, solos, a las l√≠neas de cultivo. A los cuatro a√Īos, los pescadores produc√≠an unas 5.500 ostras. El mercado era a√ļn peque√Īo, pero el proyecto era escalable y la mira estaba puesta en producir un mill√≥n de unidades. Esa era la apuesta de la inversi√≥n que comenzaba a dar frutos. La ostra japonesa era el producto estrella.

Un d√≠a Carlos fue a Horc√≥n, una caleta de pescadores ubicada a pocos kil√≥metros m√°s al norte. All√° sus colegas tambi√©n cosechaban ostras japonesas y cuando las vio se qued√≥ sorprendido. ‚ÄúEl color no era el mismo que las que ten√≠amos nosotros. La nuestras era m√°s verdosas‚ÄĚ.

Los a√Īos negros

En 2000 el Servicio Nacional de Salud cayó sobre las ostras japonesas verdes y los demás recursos del cultivo con la prohibición absoluta de comercializarlos. La razón: contaminados con metales pesados y coliformes fecales.

‚ÄúFue una √©poca oscura, muy triste‚ÄĚ, dice Carlos y casi se le quiebra la voz. El trabajo duro de a√Īos y la inversi√≥n quedaron reducidos a nada. ‚ÄúTodav√≠a ten√≠amos el √°rea de manejo ¬°pero qui√©n nos iba a comprar! Fue la miseria m√°s grande‚ÄĚ. El negocio con la empresa conservera que compraba las lapas, tambi√©n contaminadas, se acab√≥. Los turistas salieron espantados a colonizar nuevas bah√≠as donde vacacionar. Sin p√ļblico, los restaurantes cerraron y sin trabajo, los pescadores se emplearon en las empresas. Muchos emigraron. Carlos arm√≥ su maleta ese mismo a√Īo, se despidi√≥ de su mujer y de sus tres hijos y se fue al sur.

Restaurante abandonado en Ventanas. Foto: Michelle Carrere
Restaurante abandonado en Ventanas. Foto: Michelle Carrere

En Puerto Montt, una comuna al sur de Chile, a m√°s de mil kil√≥metros de Ventanas y poco m√°s de 12 horas de viaje por carretera, Carlos comenz√≥ a trabajar como buzo para una empresa salmonera. Durante 10 a√Īos trabaj√≥ 24 d√≠as por seis de descanso y los √ļltimos seis a√Īos, 20 d√≠as por ocho de descanso. En cada pausa, Carlos sub√≠a a un bus para regresar a Ventanas, donde hab√≠a quedado su familia, y luego regresaba una vez m√°s a Puerto Montt. ‚ÄúFue as√≠ hasta que mis hijos terminaron los estudios. Todos profesionales‚ÄĚ dice y se le infla el pecho.

Sentado frente a un televisor, Carlos miraba, desde la impotencia de la distancia, la furia de sus compa√Īeros cuando en mayo del 2014 bombardearon con jaibas a la empresa Codelco e incendiaron los botes gritando que ¬°hasta cuando!

Una investigación realizada por la organización de conservación marina Oceana y el laboratorio GCL de Fundación Chile, había realizado muestreos en almejas, lapas, locos y jaibas. El 100% de las especies estaban contaminadas con cobre, arsénico y cadmio. Los índices más altos estaban en los locos del área de manejo de los pescadores de Ventanas con cinco veces más cobre y cuatro veces más arsénico que lo que permite la normativa chilena. Además de y 5 veces más cadmio que lo que permite la norma europea. Las jaibas también tenían cuatro veces más cobre y arsénico que lo que se permite en Chile y mucho más de lo que dictan las normas internacionales.

Restaurante abandonado en Ventanas. Foto: Michelle Carrere
Restaurante abandonado en Ventanas. Foto: Michelle Carrere

Pero de nada sirvi√≥ la indignaci√≥n de los pescadores. Cuatro meses despu√©s de las protestas, 38.700 litros de petr√≥leo fueron vertidos al mar, seg√ļn un informe de la Gobernaci√≥n Mar√≠tima, luego de que se rompiera una conexi√≥n entre uno de los buques y el terminal de puerto. Un segundo derrame ocurri√≥ en agosto de 2015, mientras otro buque repon√≠a combustible. Cerca de 500 litros cayeron entonces al mar y en 2016, otro desastre se sumaba a la lista cuando una nave filtr√≥ aceite decantado (slurry oil) por el desprendimiento de un tubo de acero revestido. Los tres accidentes ambientales fueron responsabilidad de la Empresa Nacional del Petr√≥leo (ENAP).

Casi un a√Īo despu√©s del derrame ocurrido en 2014, el Instituto de Fomento Pesquero comenz√≥ a realizar una investigaci√≥n sobre los impactos del accidente en los recursos marinos. La conclusi√≥n fue que ‚Äúen general, no se encuentr√≥ evidencia que las poblaciones locales de las especies principales de las √°reas de manejo hayan sido afectadas de manera directa por alg√ļn evento de perturbaci√≥n ambiental espec√≠fico como el derrame de petr√≥leo‚ÄĚ.

Casa de veraneo abandonada en Ventanas. Foto: Michelle Carrere
Casa de veraneo abandonada en Ventanas. Foto: Michelle Carrere

Organizaciones ambientales denunciaron que la metodolog√≠a del estudio presentaba graves irregularidades partiendo por el casi un a√Īo de desfase con el que se hab√≠a realizado. Sin embargo, las denuncias no lograron cambiar lo que el papel dec√≠a ni tampoco se iniciaron nuevos estudios.

Tras 16 a√Īos de exilio, como le gusta a Carlos llamar a esa etapa de su vida, volvi√≥ a Ventanas a intentar, junto a los dem√°s pescadores, revivir el √°rea de manejo. Un pedazo de mar que intenta sobrevivir a pesar de todo. Hoy, es el presidente del sindicato.

El regreso y los a√Īos, hoy

El loco es el marisco que los pescadores cultivan, preferentemente, en ese espacio. ‚ÄúUn lugar sagrado‚ÄĚ lo define Carlos, donde tambi√©n han destinado un √°rea para una reserva no extractiva, con la que buscan impulsar la biodiversidad del √°rea de manejo. Lo combinan con huiros, algas marinas que arrancan con chuzos en un trabajo dif√≠cil y agotador, y con la pesca de merluza aunque es escasa y ahora, durante el mes de septiembre, est√° en veda.

El resto de los ingresos viene de los 30 mil pesos ‚Äďunos 43$USD- que AES Gener y Puerto Ventanas paga a los pescadores, por d√≠a de trabajo, para que recojan con palas el carb√≥n que el mar arroja sobre la arena. ‚ÄúUn incentivo para que reclamemos menos‚ÄĚ dice uno de los pescadores recolectores, que prefiere no decir su nombre ‚Äúporque mi hijo trabaja en la empresa‚ÄĚ.

Pescadores recogen, con palas, el carbón de la playa. Foto: Michelle Carrere.
Pescadores recogen, con palas, el carbón de la playa. Foto: Michelle Carrere.

Carlos nunca ha querido recoger el carb√≥n. Es ‚Äúcomo una cosa de orgullo‚ÄĚ dice. Prefiere hacer otros trabajos, tambi√©n pagados por la empresa, como recoger las algas del estero Campiche y limpiar el borde costero. Tambi√©n trabaja como buzo comercial reparando barcos y muelles. Pero el pescador que no ha querido decir su nombre no tiene opci√≥n. La pesca de huiros no vale el sacrificio del trabajo pesado y ha decidido no salir por un tiempo. 60.000 pesos por 500 kilos de alga, 87$USD, repartidos entre cuatro personas en una jornada entera de trabajo. Eso, sin contar el costo del combustible, unos 12.000 pesos menos.

El 21 de agosto pasado, los habitantes de las comunas Quintero y Puchuncav√≠, empezaron a llegar, entre v√≥mitos y desmayos, al hospital. Los primeros en llegar fueron 50 ni√Īos y dos adultos de tres colegios que fueron evacuados r√°pidamente. A finales de esa semana, fueron un total de 408 personas intoxicadas, seg√ļn la Direcci√≥n Regional en Valpara√≠so de la Oficina Nacional de Emergencia. La causa: niveles por sobre la norma de 120 gases detectados en el aire, por los monitoreos realizados por el Ministerio de Medio Ambiente. Entre ellos, el Meticloroformo, un l√≠quido vol√°til prohibido, desde 2015, en Chile y en otros pa√≠ses del mundo.

Pescadores recogen, con palas, el carbón de la playa. Foto: Michelle Carrere.
Pescadores recogen, con palas, el carbón de la playa. Foto: Michelle Carrere.

El 4 de septiembre, un segundo episodio de intoxicaci√≥n afect√≥ a otras 100 personas. Dos d√≠as m√°s tarde, las autoridades ambientales entregaron su veredicto tras la investigaci√≥n puesta en marcha para encontrar a los responsables: ‚ÄúEsta Superintendencia ha llegado a la siguiente determinaci√≥n: formular cargos a la empresa ENAP Refiner√≠as S.A., (‚Ķ) por la utilizaci√≥n del sistema de tratamiento de sus residuos industriales l√≠quidos en condiciones distintas a las aprobadas ambientalmente‚ÄĚ. La empresa rechaz√≥ las acusaciones y anunci√≥ que recurrir√° a ‚Äútodas las acciones legales y derechos que le corresponden para demostrar que no tiene vinculaci√≥n alguna con los hechos que se le imputan‚ÄĚ.

Mientras tanto, la venta de locos se ha detenido una vez m√°s. Nadie quiere comer mariscos de la caleta de Ventanas, ‚Äúel Chernobyl chileno‚ÄĚ como la llaman. Ni siquiera la empresa que compra los huiros quiso llevarse la √ļltima cosecha. Y todo ese d√≠a de trabajo est√° ah√≠ tirado sobre la arena. Los pescadores pasan de la rabia a la resignaci√≥n de vivir en una versi√≥n gris√°cea de lo que alguna vez fue el pueblo que los vio crecer. ‚ÄúSer√° que nos vieron como el basurero, como el patio trasero‚Ķ yo no s√© c√≥mo nos vio el Estado‚ÄĚ dice Carlos y se acalora. Luego dice, como siempre que eso le pasa y sube el tono de su voz, ‚Äúmi padre muri√≥ con rabia profunda hacia estas empresas‚Ķ ni te imaginas lo que dec√≠a contra estos canallas. Esa rabia, cuando muri√≥, me la pas√≥ a mi‚ÄĚ.

Este artículo se publicó originalmente en Mongabay Latam

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