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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Investigadores de la Universidad de Concepción, la Pontificia Universidad Católica de Chile y la Universidad de Chile revelaron que el sismo de magnitud 6.4 en la región de Atacama en junio de 2025 generó aceleraciones inusualmente altas, con daños severos en el Condominio II de Copiapó. El estudio demostró que diferencias geológicas entre los Condominios I y II explican por qué uno sufrió graves daños y el otro no.

Una investigación llevada a cabo por especialistas determinó que el temblor magnitud 6.4 que afectó a la región de Atacama el pasado 6 de junio de 2025 provocó “aceleraciones en terreno inusualmente altas en la zona”, dañando mayormente a un condominio en Copiapó.

En concreto, el equipo de investigadores multidisciplinarios del Proyecto Anillo EASER, integrado por la Universidad de Concepción, la Pontificia Universidad Católica de Chile y la Universidad de Chile y financiado por ANID, entregó a vecinos de los condominios Altos de Copiapó I y II, las conclusiones oficiales de su estudio en terreno tras el sismo.

El informe técnico arrojó luces sobre un fenómeno que desconcertó a la comunidad: por qué un sismo de magnitud moderada provocó daños estructurales severos en edificaciones específicas, mientras que estructuras vecinas idénticas no sufrieron alteración alguna.

Una fuerza sísmica inesperada

Para realizar este informe, el equipo viajó a Copiapó para entender las razones de este fenómeno, por lo que se realizaron mediciones en 9 edificios del conjunto Altos de Copiapó I y II, analizados con sensores para medir sus propiedades dinámicas y 7 mediciones de suelo, puntos donde se caracterizaron las propiedades del terreno bajo distintos sectores de la ciudad.

Durante la entrega de resultados, el equipo de investigadores recalcó que magnitud no es lo mismo que intensidad. La primera indica el tamaño de un terremoto y la energía liberada, pero lo que sienten las personas y lo que exige a las estructuras es el movimiento del suelo en cada lugar. Para ello se utiliza, por ejemplo, la aceleración máxima del suelo (PGA): una medida de qué tan brusco fue el movimiento.

De acuerdo con las mediciones de la red sismológica, el evento sísmico -un sismo intraplaca registrado a las 13:15 horas locales con epicentro cercano a Copiapó- generó una aceleración máxima del suelo de 0.44 g en la ciudad.

“Esta cifra es excepcionalmente alta para un sismo de esta magnitud. Supera, por ejemplo, los registros de movimiento medidos en Santiago durante el gran terremoto del 27F en 2010, que fue de 0,3 g”, explicó Rodrigo Rojas, investigador de EASER, validando la percepción de los vecinos sobre la violencia del movimiento telúrico, a través de datos científicos.

Dos realidades separadas por una calle

El hallazgo más crítico de la investigación se centró en los condominios Altos de Copiapó I y II, dos complejos habitacionales construidos en 2015 con la misma tipología, diseño arquitectónico y por la misma empresa constructora.

A pesar de estar separados por menos de 100 metros (una sola calle), el Condominio II sufrió daños estructurales importantes, mientras que el Condominio I quedó completamente ileso.

“Yo llamaba a una prima que vive en otro edificio, preocupada por ella y le pregunto cómo había pasado el temblor. Me dijo que no le pasó nada, que se le cayó una taza. Después llamé a mi mamá y tampoco le había pasado nada, lo mismo a mis compañeros… Y a mí se me cayó todo”, mencionó Juana Fajardo, vecina del Condominio II.

Respecto a este fenómeno, el investigador de EASER detalló cómo la geología cambia abruptamente en el lugar: “Justo por aquí pasa una calle que separa los dos condominios. Entonces, ocurre una situación muy interesante. La unidad geológica cambia entre ambas calles”.

“Es decir, el Condominio I tiene una unidad geológica, un suelo mucho más rígido, y el otro condominio está en otra unidad geológica, que es un suelo mucho más blando. En palabras simples, realmente está separado por la calle dos unidades geológicas, lo cual es muy raro, pero pasa”, explicó.

Esta diferencia radical provocó que el suelo blando bajo Altos de Copiapó II actuara como un amplificador local de las ondas sísmicas, generando una demanda sísmica concentrada altamente dañina para esas estructuras.

Una importante herramienta

Ante este panorama, los expertos concluyeron que es de máxima urgencia intervenir las edificaciones afectadas mediante un proceso de reparación y reforzamiento estructural que supere su condición de diseño inicial, garantizando la seguridad de los residentes ante futuros eventos sísmicos en la zona.

Esta perspectiva es compartida por las y los vecinos del condominio, quienes comentaron que ya han visto avances por parte de las autoridades, donde la entrega de estos datos representa una herramienta fundamental para la comunidad.

“Para nosotros, como vecinos, esta información -como conocer la estructura en la que se edificó el condominio II- es muy importante para que la comunidad también entienda en qué tipo de suelo estamos”, señaló Juana Fajardo.

El director del proyecto EASER y académico de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Concepción, Gonzalo Montalva, indicó que la importancia de estudiar este fenómeno radica en que permite identificar “qué es lo que se está haciendo bien y qué cosas todavía hay que mejorar en nuestra ingeniería sismorresistente en Chile y también en el mundo”.

“Este terremoto es particularmente relevante porque, a pesar de que la magnitud no es muy grande como otros que han sucedido en el país, los daños observados fueron irregulares, es decir, mucho más grandes que lo esperado”, enfatizó.

Añadiendo: “Recientemente hemos tenido un par de terremotos más grandes, en Calama y en la zona central del orden de 6,8 y 6,9, y produjeron mucho menos daño que el que estamos, y por eso es que es muy importante estudiarlo”, concluyó el académico.