El exdiputado Giorgio Jackson publicó una columna en contra del presidente José Antonio Kast, luego que el mandatario protagonizara una discusión con un niño de 10 años y su madre en una actividad en Villarrica.
Jackson publicó una columna en el diario La Tercera, denominada ‘¿Con mis hijos no te metas?’, donde cuestiona que Kast haya protagonizado una discusión con un niño y recordando cuando participó en la actividad del ‘Bus de la libertad’.
El exministro afirmó que Kast no actuó como presidente, y que enfrentó al niño, por no darle la mano y encarar a la mamá.
“Ahora la escena es la del Presidente de la República, quien durante un acto en un centro cultural de Villarrica, se acerca a las vallas de seguridad y comienza a saludar a personas que están ahí aglomeradas. En eso, le extiende la mano a un niño y este no se la da. Eso basta. El rostro del presidente cambia. En vez de actuar como un adulto que entiende su rol, el presidente decide enfrentar al niño”, aseguró.
“En un evidente estado de irritación, le desea “ánimo en la escuela, para que tenga mucha educación” —una forma ingeniosa de decirle “maleducado”—, y le recuerda que “lo cortés no quita lo valiente”. Luego gira su mirada hacia la mujer que está detrás de él y le pregunta insistentemente si es la madre. La incomodidad y el descontrol del presidente son evidentes”, agrega Jackson.
En una segunda parte de la columna de opinión, Jackson recuerda que Kast es la máxima autoridad del Estado y tiene 60 años, enumerando que trató de maleducado a un niño de 10 y le da consejos sobre su educación, algo que para el exdiputado se contrapone a lo que Kast decía cuando era candidato.
“La máxima autoridad del Estado, de 60 años, en un par de minutos, le dice a un niño de menos de 10: 1) que es un maleducado; 2) que a él en realidad no le interesa estar ahí; 3) que debería estar en su casa estudiando o hasta trabajando (si, trabajando); 4) que siente lástima por él, y 5) que se cuide de su madre”, comenta.
“En 2017, Kast, mientras protestaba, exigía respetar la opinión de quienes pensaban distinto, llamando intolerantes a quienes se oponían a las ideas que el famoso bus naranjo promovía. Ahora, una ciudadana y su hijo, ejerciendo esa misma libertad, se transforman en una amenaza por manifestar su opinión y son reprochados por el jefe de Estado por interrumpir “un acto donde está toda la gente feliz””, concluye Jackson.
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