La carabinera de 20 años fue asesinada a golpes con un extintor de incendios a las 08:23 horas el pasado sábado 22 de agosto, hace exactamente 3 semanas, el día que cumplía 8 meses en funciones, a manos del exsubteniente Gary Valenzuela. Es el caso más emblemático de violencia al interior de la institución. Amigos y testigos retratan la historia de una relación tóxica. Su hermana y sus padres claman por justicia.

Sara Cortés Daniel (30), vecina de Maipú, denunció por violación -el pasado 15 de enero- a quien hasta entonces era su marido, Matías Lillo Jaque (27), cabo segundo y funcionario activo de Carabineros de la 45° Comisaria de Cerro Navia, con quien sigue legalmente casada. Tras casi 3 años de matrimonio, lo acusó luego de un episodio en que la forzó e intentó ahorcarla, cuya situación desencadenó una orden de alejamiento en favor de ella y su hija.

De ahí en adelante, comenzó a recibir periódicamente la visita de personal policial, quienes acuden a su domicilio a constatar el cumplimiento de la medida cautelar. En la práctica, es un procedimiento de rutina, pues en muchas ocasiones los carabineros ni siquiera se bajan de la patrulla y es ella la que sale a la calle a firmar la constancia de la inspección.

La única excepción ocurrió a fines de julio, cuando la carabinera Norma Vásquez Soto (20) llegó a su domicilio junto a un compañero de la 25° Comisaría de Maipú y se acercó a pie hasta su puerta. La funcionaria empatizó inmediatamente con su caso, le preguntó cómo estaban ella, su hija y si habían estado en contacto con el agresor.

Sabía que se trataba de un uniformado y, pese a que no era su responsabilidad, se disculpó por eso. Franca y directa, como la define su familia, dijo lo que pensaba.

-En nuestra institución existen weones enfermos que no aceptan un no como respuesta.

Sara no lo sabía en ese momento, pero la empatía de Norma tenía un motivo concreto. Días antes, la madrugada del 17 de julio, su pololo, el subteniente Gary Valenzuela Ramos (26), tras 4 meses de relación, también había intentado violarla.

Esa noche, mientras ella dormía, a eso de las 2:00 de la mañana, él se despertó y comenzó a revisar su celular. No encontró nada comprometedor, pero de todos modos le hizo una escena de celos, que derivó en una discusión violenta. En ese momento terminaron, pero era de noche y ella no tenía dónde ir a esa hora, así que sólo atinó a acurrucarse a un lado de la cama.

Él intentó hacer las paces tras el episodio, pero lo rechazó y le recordó que ya habían terminado. Ahí comenzó la pesadilla. La lanzó sobre la cama, le bajó la parte inferior de su pijama y la ropa interior. Él se desnudó rápidamente e intentó violarla, pero Norma se resistió.

No se negó sólo por la violencia, sino también por convicción. Su relación era sentimental, no sexual. Tenía una formación religiosa evangélica que la hizo abstenerse de mantener relaciones durante el pololeo: quería llegar virgen al matrimonio.

Probablemente con todo eso en mente, la joven se despidió de Sara. Para entonces, su caso ya estaba siendo investigado.

-Ojalá que se haga justicia pronto -le dijo Norma antes de irse.

Pero Sara, en ese momento, no imaginó que jamás la volvería a ver ni que la carabinera iba a ser asesinada un mes más tarde.

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Fiscalía recibió la denuncia por abuso sexual durante la mañana del 17 de julio, el mismo día que ocurrieron los hechos. La Brigada de Delitos Sexuales de la PDI le tomó declaración y la acompañó a las diligencias respectivas ante el Servicio Médico Legal (SML).

Al igual que a Sara, el juez de Garantía le otorgó inmediatamente una orden de alejamiento. En tanto, la Unidad de Atención a Víctimas y Testigos (Uravit) de la Fiscalía Metropolitana Occidente la entrevistó el 29 de julio -12 días después-, la ingresó al Centro de Atención a Víctimas de Maipú y le activó un servicio de contacto telefónico de urgencia.

El episodio completo lo relató no sólo a Fiscalía, sino también a su familia y amigos más cercanos en la institución. Las versiones que han repetido y compartido en las últimas semanas coinciden. Tras el ataque de esa noche en su casa, ubicada en el pasaje Parque Almagro de Maipú, Gary empezó a suplicarle que lo perdonara.

Pero Norma, decidida, le exigió que la llevara de vuelta a su domicilio, donde vivía con algunos compañeros. Subieron a su auto, un BMW 116i Sport 2014, y mientras él abría el portón ella tomó su teléfono y empezó a grabar todo. Un registro de casi una hora que entregó a Fiscalía cuando denunció.

En el audio, cuyo contenido conocieron sus amigos y familiares, él reconoce lo que hizo e incluso en algún punto le habría ofrecido dinero y regalos caros a cambio de su silencio. En un momento Gary empezó a hablar consigo mismo.

-Qué va a decir tu padre. Qué hiciste -se dijo.

Aún junto a Norma, decidió llamar a sus papás, Carlos Valenzuela Figueroa (61) -oficial (r) de Carabineros- y Elizabeth Ramos Valenzuela (59), oriundos de Yumbel, misma localidad en la que se casaron hace 30 años, a 82 kilómetros de Chillán, la ciudad de la cual él es oriundo.

Gary les confesó todo.

-¿Y qué? -habría respondido su padre, con frialdad, según acusan cercanos a Norma. La mamá simplemente guardó silencio.

La joven rechazó el dinero y los regalos. Gary insistió y siguió pidiéndole perdón.

-Yo te perdono. Dios te perdona. Trata de cambiar, pero a ti yo te voy a denunciar -le respondió.

Así al menos recuerda la frase Mariana Vásquez Soto (28), su única hermana, a quien le comentó los detalles del episodio.

Sus cercanos apuntan a que este fue uno de varios indicios de una relación tóxica y con habituales maltratos psicológicos. Según testificaron amigos de Norma a la PDI, ya había sido víctima de ataques de celos, cachetadas y otras agresiones físicas. Ella usaba frenillos y en algunos arrebatos Gary le apretó con fuerza la cara, lo que en alguna ocasión incluso le provocó heridas dentro de la boca.

Al margen, según fuentes de Radio Bío Bío, el oficial contaba con al menos media docena de investigaciones y sumarios en su contra, incluido el crimen de Álex Núñez Sandoval (39), quien perdió la vida luego de ser presuntamente golpeado por carabineros afuera de la Estación del Sol en Maipú, el 20 de octubre de 2019, en medio del estallido social.

Pero esta vez sus actos tuvieron consecuencias prácticamente inmediatas. No sólo por la denuncia de Norma ante Fiscalía, sino también a nivel administrativo. Carabineros inició otro sumario en su contra y, tras conocer los hechos, al subteniente Valenzuela le dieron el 30 de julio la baja temporal de la institución.

Una situación que dejó al agresor intranquilo a nivel profesional y sentimental. En las semanas que siguieron, le pidió en repetidas oportunidades que se juntaran. La llamaba y le enviaba mensajes. Ella intentaba ignorarlo. A esa altura ya tenía miedo.

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El viernes 21 de agosto, 5 semanas después de la denuncia, llamó a su familia y les avisó que esa misma noche viajaría a Linares, su pueblo natal, para visitarlos. Allí no sólo estaba su hermana Mariana, sino también sus padres Zenen Vásquez Ganga (57) y Norma Soto Ganga (44), agricultores de Llepo, un sector rural al suroriente de la comuna, contiguo al puente Tres Arcos, que cruza el río Ancoa.

Allí vivió toda su infancia, hasta que en 2019 partió a Santiago a cumplir su sueño. Lo tenía decidido desde sus días en el Liceo Bicentenario Valentin Letelier: quería ser carabinera.

-Ella decía que estaba muy contenta en lo que estaba. En el colegio se esforzaba y siempre le ponía empeño para subir las notas -recuerda su papá.

Desde siempre le gustó ayudar, ser solidaria y aportar a la comunidad.

-Carabineros fue su primera opción -subraya su hermana.

Viajó a Linares la madrugada del sábado 22 de agosto, el día que cumplía exactamente 8 meses de su egreso de la Escuela de Formación de Carabineros (Esfocar) en Cerrillos, cuando fue enviada a la 25° Comisaría de Maipú. Le dijo a su familia que llegaría entre 7:30 y 8:00 de la mañana.

A las 6:20 volvió a llamar y avisó que le faltaba poco para llegar.

-Pasó 1 ó 2 horas y nos preocupamos. Pensamos que se había quedado dormida. La llamamos y nunca más respondió -recuerda Zenen.

Durante el trayecto, Gary seguía llamando e insistiendo en juntarse para entregarle un regalo que le iba a gustar.

Cuando Norma recibió la primera llamada le empezaron a temblar las manos.

-Este tipo no deja de acosarme. Me llama de diferentes números -le confesó nerviosa a un compañero de viaje.

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No está claro aún bajo qué circunstancias, pero finalmente ella accedió a la petición y se trasladaron en su auto al motel Eclipse de Luna, ubicado en Camino Real, en el sector poniente de Linares, muy cerca de la Ruta 5, donde arrendaron la habitación número 6.

Esa mañana su plan nunca fue disculparse. Menos aún respetar la orden de alejamiento que estaba vigente. Primero le dio un golpe en un ojo, cuya agresión la habría dejado en el suelo y de espaldas. Así, sin poder defenderse, Norma recibió varios golpes más en la cabeza propinados con el extintor de incendios que él tenía en su auto.

Ni siquiera tuvo chance de usar el servicio de contacto telefónico de urgencia que le facilitaron tras su denuncia, que nunca recibió llamados ni consultas de Norma.

No la agredió sexualmente, pero le fracturó la cabeza y le causó la muerte casi instantáneamente. A las 08:23 horas, mientras sus padres aún creían que se había quedado dormida, falleció a raíz de un traumatismo craneoencefálico grave, según consta en su certificado de defunción.

Acto seguido, metió el cuerpo en el maletero de su vehículo e hizo una especie de “limpieza” de la habitación para intentar cubrir sus rastros. Guardó el extintor en la parte trasera, encendió el auto y enfiló hacia la salida.

La cuidadora notó que iba saliendo solo y le preguntó por su acompañante. Intentó zafar diciendo que ya se había ido, pero ella sabía que no era posible porque estuvo en el lugar toda la noche y no vio salir a nadie. Fue a chequear la habitación y vio rastros de sangre. Ella le insistió.

Sin salida, dejó el auto encendido con el cuerpo de Norma en el maletero. Saltó la pandereta y huyó a pie en dirección a Chillán. Tomó un taxi que lo acercó hacia allá, para acortar los 100 kilómetros que lo separaban de esa ciudad. En la capital de Ñuble se cambió de ropa, arrendó un vehículo y luego prosiguió su fuga hacia un sector rural de Yumbel, en cuyo lugar fue capturado por la PDI esa misma tarde, oculto en un bosque cercano a la vivienda de unos parientes.

Tras 8 meses como carabinera, rompió de un plumazo su sueño de servir a la comunidad. En tanto, el regalo que le prometió nunca apareció. Al parecer jamás existió.

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Preocupada, su hermana se metió a las redes sociales esa mañana para descartar un accidente de tránsito en la carretera. Lo único que encontró a esa hora fue un video en vivo de una mujer encontrada muerta en un maletero de un auto.

-Mi corazón me dijo que era ella. Supe que era mi hermana.

Sara, por su parte, empezó a ver las noticias ese sábado. La reconoció y se dio cuenta que Norma estuvo en su misma situación.

-Ahí entendí su empatía. Ahí entendí por qué me preguntó y se interesó por mí. Ella ya conocía la realidad de cómo eran algunos funcionarios de Carabineros.

Mariana le avisó a su papá y le advirtió su sospecha. Habló con Carabineros y la fueron a buscar. Rato después confirmó lo peor.

Al día siguiente clamó por justicia en el velorio de Norma, en el templo evangélico Encuentro de Paz de Llepo, el mismo donde la joven y su familia forjaron sus convicciones religiosas.

-Sólo le sabíamos el apellido a este desgraciado, que era Valenzuela. No sabíamos ni su nombre. Queremos que se reseque en la cárcel -admitió Mariana- y que tenga el trato que se merece.

-Era muy alegre. Muy buena -recordó también su padre-. Ojalá que lo puedan tener a cadena perpetua. Es un daño muy grande que nos hizo a la familia.

De paso, Mariana reclamó por la falta de apoyo de Carabineros para evitar la tragedia.

-A mi hermana no le dieron la protección, como mujer, como institución, cero ayuda. Acá en Chile a la mujer no se le ayuda -acusó.

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Pese al duro golpe que significó para la familia, las primas de Norma convocaron a una manifestación en la Plaza de Armas de Linares, a 4 cuadras del que fue su liceo, ese mismo día domingo por la tarde.

Al día siguiente, afuera del Cementerio Parroquial San José de Linares, recibió una despedida masiva, en cuyo lugar fue sepultada.

Gary, en tanto, formalizado por femicidio ante el Juzgado de Garantía de Linares, quedó en prisión preventiva en Cauquenes y fue removido oficialmente de la institución uniformada -con la respectiva toma de razón de Contraloría de por medio- un día después de su entierro, el martes 25 de agosto.

Su madre, dolida por la partida de su hija, sólo habló públicamente el martes pasado para contradecir al general director Mario Rozas, quien el lunes declaró ante la Comisión de Mujeres del Senado que se “apañó” a Norma cuando denunció al subteniente por abuso sexual.

-Eso es falso, completamente falso. Él miente porque a mi hija la dejaron sola. Si le hubiesen prestado el apoyo que dicen, a mi hija la tendría conmigo -replicó.

Norma se transformó así en la víctima número 29 de femicidio en lo que va de 2020, de acuerdo al conteo de la Corporación Miles. A la fecha van 32.

Sara, en tanto, cree que por hablar podría estar en riesgo su vida. Carabineros confirmó sólo una investigación administrativa y una intervención psicosocial para su expareja.

-Puede que (Matías) me termine matando. No lo sé.

Tiene miedo. No quiere ser la próxima.