Nacional
Viernes 24 abril de 2020 | Publicado a las 10:01 · Actualizado a las 17:32
La mortal cuarentena de Christian Aravena
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Hace casi una semana, Christian Aravena fue hallado muerto al interior de su departamento en Santiago Centro. Fue enviado a cumplir encierro en su domicilio ante la sospecha de Covid-19. El examen PCR lo confirm√≥ 2 d√≠as despu√©s. En la consulta inicial advirti√≥ su historial de c√°ncer y asma, que lo transformaba autom√°ticamente en poblaci√≥n de riesgo. A√ļn as√≠, opt√≥ por seguir su cuarentena en casa y habr√≠a desestimado su traslado a un hospital para ser conectado a un ventilador mec√°nico. Amigos y familiares lloran su partida y acusan negligencia.

Christian Ernesto Aravena Lepe (45), ingeniero de larga trayectoria en el mundo radial y oriundo de Linares, registr√≥ su √ļltimo mensaje con vida el pasado viernes 17 de abril a las 18:50 horas. En su habitual tono afectuoso y colaborador, como lo definen sus cercanos, envi√≥ un audio de WhatsApp a Patricio, uno de sus tantos conocidos en el rubro de la radiodifusi√≥n.

En dicho registro dejó en evidencia su manifiesta dificultad para hablar e hilar ideas. Con esfuerzo, le contó que se había contagiado de coronavirus y le explicó que naturalmente dicha situación iba a retrasar los asuntos laborales que tenían pendientes.

Pero de sus palabras tambi√©n se pueden entrever las esperanzas que ten√≠a de recuperarse: “Cuando est√© de vuelta le cuento”, le dijo espont√°neamente al cierre de la conversaci√≥n. Pero nunca m√°s volvieron a hablar.

Tampoco volvi√≥ a responder el tel√©fono ni los mensajes de su familia y amigos. Mar√≠a del Rosario Aravena Lepe (41), su hermana, que vive en Talca junto a sus 2 hijos, pens√≥ que estaba durmiendo y decidi√≥ no insistir para dejarlo descansar. Hab√≠an estado en contacto permanente -m√°s a√ļn tras la confirmaci√≥n del contagio- y √©l mismo hab√≠a manifestado antes que ten√≠a problemas para conciliar el sue√Īo.

24 horas m√°s tarde, el s√°bado 18 pasadas las 19:00 horas, ya no hab√≠a vuelta atr√°s. Carabineros, un cerrajero y una prima -el √ļnico familiar que ten√≠a en la capital- entraron al Edificio Aires Urbanos en calle San Diego, entre Victoria y Pedro Lagos, en Santiago Centro. Subieron al d√©cimo piso, donde ya estaba cumpliendo su octavo d√≠a de cuarentena. Abrieron la puerta y al entrar confirmaron lo peor: Christian ya estaba muerto.

Pero la pesadilla hab√≠a empezado varios d√≠as antes. El jueves 9 de abril acudi√≥ al Cesfam N¬į1 Ram√≥n Corbal√°n Melgarejo, ubicado en calle Copiap√≥, a 9 cuadras de su domicilio. A las 13:40 horas, cuando fue atendido, llevaba 5 d√≠as con cefalea, hab√≠a tenido fiebre en 2 ocasiones y ten√≠a una molestia ocular leve. Hab√≠a tomado paracetamol, lo que aminor√≥ su alta temperatura, pero el dolor de cabeza hab√≠a empeorado. Por eso decidi√≥ acudir al consultorio.

Inmediatamente advirti√≥ sobre su historial, que lo transformaba en potencial paciente de riesgo: hace 3 a√Īos enfrent√≥ un c√°ncer testicular que tuvo que combatir con quimioterapia y radioterapia en el policl√≠nico de Oncolog√≠a Adulto del Hospital Cl√≠nico San Borja Arriar√°n, a 6 cuadras de su casa. Desde peque√Īo, adem√°s, ten√≠a antecedentes de asma.

“Era com√ļn poder verlo en el invierno con inhalador”, record√≥ su colega y uno de sus amigos m√°s cercanos, Cristian Esteban Pereira Calder√≥n (43).

Antes de enviarlo a casa, le recetaron paracetamol, un jarabe de Oxolamina y le realizaron el test PCR ante la sospecha de Covid-19. Adem√°s, el examen f√≠sico detect√≥ “ruidos respiratorios presentes en ambos campos pulmonares con agregados tipo roncus difusos”, seg√ļn consta en su ficha de atenci√≥n.

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La muestra fue recibida el viernes 10 en el laboratorio de la Universidad de Santiago (Usach) y confirm√≥ las sospechas: result√≥ positivo. El s√°bado por la ma√Īana recibi√≥ el llamado de la autoridad sanitaria y habr√≠a optado por seguir en cuarentena, pese a sus antecedentes. Sus cercanos admiten que era algo reticente a acudir a la salud p√ļblica y, al mismo tiempo, el recinto de atenci√≥n primaria -dependiente del Servicio de Salud Metropolitano Central (SSMC)- lo consider√≥ un candidato √≥ptimo para seguir tratamiento en casa, pues viv√≠a solo y no corr√≠a riesgo de contagiar a su grupo familiar.

Para los amigos y familiares, hubo una negligencia evidente. Cada uno por su lado, preguntaron a médicos de su confianza. Y todos coincidieron en un punto central: con esos antecedentes médicos (cáncer, asma y ruido pulmonar) y la posterior confirmación de Covid-19 era imperativo internarlo en un hospital y conectarlo a un respirador.

El Cesfam comprometió la visita de personal de salud a domicilio para chequear su estado. Y así fue. El domingo Christian llamó al recinto explicando que la noche anterior había tenido problemas respiratorios, por lo que el lunes, a las 17:20 horas, se concretó la atención en su departamento con un médico y un kinesiólogo.

Ambos profesionales lo evaluaron y aplicaron tratamiento con salbutamol. En concreto, lo que ellos llaman una “hospitalizaci√≥n abreviada” para manejo respiratorio, que dio resultado inmediato y mejor√≥ su saturaci√≥n y frecuencia card√≠aca. Antes de irse, seg√ļn los registros de la Direcci√≥n de Atenci√≥n Primaria del SSMC, le insistieron que acudiera al hospital o llamara al SAMU si empeoraba. Pero se habr√≠a negado por miedo a contagiarse con alg√ļn otro virus.

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Ese mismo lunes, en base a la recomendación de un médico amigo, comenzó a buscar la forma de obtener suministro de oxígeno en casa. Sus conocidos aseguran que inicialmente pidió dicho equipamiento al consultorio y se lo negaron porque no era oxigenodependiente. Aunque el SSMC desconoce que haya realizado una solicitud de esa naturaleza.

Lo cierto es que sus conocidos fueron quienes finalmente le ayudaron a conseguir un equipo y se lo hicieron llegar a su domicilio. Lo lograron. Y en un principio dio resultados.

El martes 14 el Cesfam le realiz√≥ seguimiento telef√≥nico al paciente. Christian les dijo que se sent√≠a bien, que hab√≠a conseguido por su cuenta un cilindro de ox√≠geno y, por √ļltimo, algo que les llam√≥ la atenci√≥n: ten√≠a un m√©dico particular amigo que lo estaba tratando, quien le habr√≠a indicado la dosis y c√≥mo usar el equipo. De acuerdo al Cesfam, en ese contacto advirti√≥ que seguir√≠a el tratamiento con su m√©dico e insisti√≥ en que no requer√≠a ser derivado al hospital.

Hasta ahora, ni la familia ni el Servicio de Salud saben quién es.

El mi√©rcoles, tras pasar la ma√Īana conectado al equipamiento, se sent√≠a bien. Ya m√°s animado, le coment√≥ a Pereira que hab√≠a recobrado energ√≠a e incluso planeaba hacer aseo. Ese mismo d√≠a llam√≥ a su hermana y le cont√≥ de su considerable mejor√≠a, lo que le dio tranquilidad a ella y su padre, Victoriano Segundo Aravena Gonz√°lez (72), que tambi√©n segu√≠a atento desde Linares la evoluci√≥n de su hijo.

“Anoche dorm√≠. No la noche corrida, pero casi toda la noche”, le dijo a Pereira el jueves al desayuno. De ah√≠ en adelante, hasta su deceso, todo vino cuesta abajo.

***

Durante el jueves empez√≥ a decaer. Y el viernes 17 su situaci√≥n r√°pidamente se volvi√≥ cr√≠tica. Al mediod√≠a fue la √ļltima vez que ambos hablaron. “Siempre me voy a acordar. Me pidi√≥ 10 manzanas amarillas y esa poca conversaci√≥n le cost√≥ un mundo. Estaba ahogado. Se cort√≥ la llamada y me preocup√©”, relat√≥.

Y no volvió a responderle.

Esa misma tarde empezó su periplo para intentar conseguir ayuda médica. Comenzó por los canales regulares, pero ninguno le dio resultado. Por distintas vías, parte de su grupo de amigos, la mayoría vinculados a la Asociación Nacional de Radio Comunitarias y Ciudadanas de Chile (Anarcich), hicieron esfuerzos por hallar una alternativa.

Por un lado, uno de ellos supuestamente consigui√≥ contactarse con personal del consultorio. Habr√≠an comprometido acudir al domicilio. “Me confi√© de que ellos iban. Pero no iban. Tipo 18:00 horas no ten√≠a respuesta”, acus√≥.

Otro amigo dijo que había conseguido ayuda mediante autoridades municipales. Pero nadie acudió a la emergencia ese viernes.

El sábado Pereira no aguantó más y partió al edificio. Llegó a eso del mediodía y se encontró con otra barrera: conserjería. A propósito de la pandemia no está permitido el ingreso de visitas. Y no era familiar de Aravena.

La hermana, por su parte, llamó desde Talca a la recepción pidiendo que contactaran a Carabineros. Había intentado hacerlo ella misma desde la capital del Maule, pero desde la central local le dijeron que no era posible cursar el requerimiento. Tenía que ser alguien desde Santiago y por eso tuvo que acudir la prima en persona durante la tarde.

Sin cumplir su objetivo, Pereira se volvió a casa. Y al final del día, por teléfono, recibió la triste noticia.

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Hasta ahora no se sabe c√≥mo se contagi√≥ Christian Aravena. En la primera consulta asegur√≥ que no hab√≠a tenido contacto con ning√ļn caso positivo, pero admiti√≥ que hab√≠a salido de su departamento durante la cuarentena, que en Santiago inici√≥ el 26 de marzo. Luego, en la visita del lunes, √©l le transmiti√≥ al personal m√©dico que cre√≠a haberse contagiado por un colega.

De acuerdo a su entorno, en el edificio habr√≠an al menos otros 3 casos, aunque aquello no fue confirmado por la autoridad sanitaria. Menos a√ļn est√° claro si dichos contagios estar√≠an o no relacionados entre s√≠.

Por ahora, la Direcci√≥n de Atenci√≥n Primaria del Servicio de Salud Metropolitano Central instruy√≥ un sumario administrativo para aclarar lo ocurrido. El senador Guido Girardi (PPD) tambi√©n pidi√≥ investigar el caso. No obstante, ya adelant√≥ su juicio: “Indicar cuarentenas en domicilios es una negligencia m√©dica”, asegur√≥.

Rosario, en tanto, no descarta tomar acciones legales. Pero de momento no la mueven los revanchismos ni una indemnizaci√≥n millonaria. “Mi intenci√≥n es que no le pase a otra persona que se muera sin ayuda de nadie. Es terrible”.

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