Todo indica que Canadá intenta avanzar hacia un acuerdo muy amplio con la Unión Europea, con el presunto objetivo de ser un “miembro asociado del organismo”, pese a no estar en aquel continente. Todo esto se da en plena disputa comercial entre los gobiernos de Mark Carney y Donald Trump (EEUU).
De acuerdo al Wall Street Journal, se trata de un status que no existe por el momento, pero que podría ser validado por la UE para localizar a nuevos socios. Esto pese a que el grupo tiene reglas que son poco flexibles.
De acuerdo a la agencia EFE, la idea del actual gobierno canadiense cuenta con un apoyo bastante importante en la ciudadanía, avalado en parte por el desencanto en torno a su vecino del sur, y en plena guerra arancelaria.
Desde la actual administración no han confirmado estas informaciones, aunque sostienen que Carney podría explicar los lineamientos en un discurso el próximo jueves.
Por lo pronto, según WSJ, un hipotético acuerdo abarcaría intercambio en bienes, servicios, trabajadores especializados, e innovación en temas como energía, inteligencia artificial y minerales críticos.
Asimismo, podría existir gestión en proyectos como cables submarinos, centros de datos y redes de satélites.
El martes, Carney iniciará un viaje a Europa que lo llevará a Estrasburgo, donde el jueves pronunciará un discurso ante el Parlamento Europeo y mantendrá reuniones con responsables comunitarios, y posteriormente a Liverpool, donde se entrevistará por primera vez con el primer ministro británico, Andy Burnham.
La autoridad canadiense evita hablar de un posible estatus de miembro asociado, aunque reconoce que le seduce la idea de acercar posiciones con el viejo continente.
“Lo que buscamos, y sobre lo que comenzaremos las conversaciones, es una alianza única entre Canadá y la Unión Europea. Compartimos los mismos valores, tenemos las mismas prioridades y unas fortalezas muy complementarias”, indicó a los medios el domingo.
Fuentes diplomáticas europeas en Canadá señalaron al citado medio que, aunque la visita responde a una invitación de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, Ottawa insistió en que se produjera precisamente ahora, cuando las negociaciones comerciales con la Administración del presidente estadounidense, Donald Trump, atraviesan un momento complicado.
Según las mismas fuentes, el objetivo no pasa por un gran acuerdo que vincule formalmente a Canadá con la UE, sino por una integración gradual y sectorial basada, entre otros aspectos, en una mayor convergencia regulatoria que facilite el reconocimiento mutuo de estándares y la actividad empresarial a ambos lados del Atlántico.
La estrategia parece contar con un fuerte respaldo social. Una encuesta de Abacus Data divulgada este lunes señaló que el 81 % de los canadienses apoya una mayor integración con la UE sin que Canadá se convierta en miembro del bloque y el 80 % respalda profundizar la cooperación estratégica en política exterior, defensa y economía.
Además, un 61 % considera que estrechar la relación con Europa aumentaría la independencia económica canadiense y un 56 % cree que Canadá comparte más valores, estilo de vida y visión del mundo con los países de la UE que con Estados Unidos, frente a un 16 % que se inclina por su vecino del sur.