Internacional
Domingo 21 junio de 2020 | Publicado a las 11:06
El "mundo de después" de los palestinos heridos en sus ojos durante manifestaciones
Por Christian Leal
La información es de Agence France-Presse
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Cuando Jacqueline Shahada particip√≥ en una manifestaci√≥n a favor del retorno de los refugiados palestinos a sus tierras, no imagin√≥ que pudiese perder la vista. Y a√ļn menos que acabase repudiada por su marido y perdiese la custodia de sus hijos.

El 9 noviembre de 2018, como cada viernes desde hac√≠a meses, miles de palestinos se reunieron a lo largo de la barrera altamente vigilada que separa la Franja de Gaza e Israel, para una en√©sima manifestaci√≥n de la “Marcha del Retorno”.

La situación se repite cada viernes: neumáticos incendiados, piedras, granadas y cócteles Molotov lanzados hacia los soldados israelíes apostados del otro lado, que replican con disparos de balas de goma o reales.

Jacqueline, de unos treinta a√Īos, con el velo bien ajustado que cae sobre su pa√Īuelo palestino, pensaba que las manifestaciones tambi√©n eran para las mujeres. Y all√≠ fue, justo al lado de la barrera, para corear “Palestina”.

“Pero de repente, sent√≠ algo que quemaba en mis ojos y perd√≠ el conocimiento”. Se trataba de una bala de goma.

Fue trasladada al hospital donde se confirmó que había perdido la visión del ojo izquierdo.

Pero en esta tierra gobernada por el movimiento Hamás, asolada por un desempleo endémico, Jacqueline no fue recibida con honores.

“Pensaba que mi familia y mi marido estar√≠an orgullosos de m√≠, pero no. Pagu√© un alto precio. Mi marido se divorci√≥ y perd√≠ [la custodia] de mis hijos”, relata.

“Todo esto me afect√≥ realmente. Hubiera preferido morir”, dice Jacqueline, licenciada en Matem√°ticas.

Jacqueline Shahada mostrando el ojo en el que perdió la visión | AFP
Jacqueline Shahada mostrando el ojo en el que perdió la visión | AFP

M√°s de 8.000 heridos

Durante las √ļltimas semanas, la AFP entrevist√≥ a una decena de palestinos que perdieron un ojo por disparos israel√≠es, a menudo durante o al margen de manifestaciones en Gaza, Jerusal√©n y Cisjordania ocupada.

Algunos reconocen haber lanzado piedras contra las fuerzas israelíes, otros estiman que solo estuvieron en o cerca de una manifestación. A veces lejos de los enfrentamientos.

Sobre la barrera de cemento que bordea Gaza, el ej√©rcito israel√≠ utiliza francotiradores de √©lite que, seg√ļn las consignas, abren fuego cuando se intensifican los lanzamientos de piedra.

Preguntado por la AFP sobre las heridas de Jacqueline y el uso ocasional de balas reales, el ej√©rcito israel√≠ habla de un “desaf√≠o de seguridad” y dice que toma “todas las medidas posibles para reducir las heridas en los habitantes de Gaza que participan en estos disturbios violentos”.

“Hay humo, neum√°ticos en llamas, el gas y la multitud en movimiento. Los francotiradores est√°n a distancia, es dif√≠cil”, subraya un alto responsable militar.

M√°s de 8.000 palestinos resultaron heridos de bala, real o de goma, en Gaza en casi dos a√Īos de “Marcha del Retorno”, desde marzo de 2018 a principios de este a√Īo.

El 80% de las heridas de bala se centran en la parte inferior del cuerpo, seg√ļn datos de las autoridades palestinas, oeneg√©s y organizaciones internacionales. Alrededor del 3% de los heridos de bala resulta alcanzado en el cuello o en la cabeza, como Jacqueline.

“Matar al padre”

En Jerusalén, donde la situación es menos tensa, hay enfrentamientos recurrentes en barrios como Shuafat y Essauiya, en la parte oriental de la ciudad, bajo control de Israel desde 1967.

Los habitantes se quejan de la creciente violencia de la policía israelí, que dice por su parte que responde al aumento de violencia en estos barrios.

Aqu√≠ tambi√©n usa balas ovaladas de goma consideradas “menos letales”, calificativo empleado para describir estas municiones que pueden de todos modos provocar la muerte si alcanzan por ejemplo la cabeza desde una distancia corta.

En febrero, Malik Issa, de nueve a√Īos, acababa de comprarse un s√°ndwich en Essauiya cuando una de estas balas lo alcanz√≥.

Junto a él, Tala, su hermana mayor, llamó enseguida a sus padres.

“Simplemente dijo ‘Malik ha sido alcanzado en la frente’, pero me dije: ‘no, debe de ser en los ojos’. Me qued√© de pie, como paralizado durante unos minutos”, cuenta su padre, Wael.

Actualmente, Malik cuenta con un ojo de cristal en la cuenca izquierda.

“Mi hijo es educado, inteligente, tiene buenas notas en el colegio pero un soldado llega y le dispara… Quieren matar a los padres atacando a sus hijos”, critica Wael, que trabaja en la restauraci√≥n en Tel Aviv.

La familia a√ļn intenta comprender por qu√© un polic√≠a dispar√≥ a un ni√Īo cuando adem√°s no hab√≠a una manifestaci√≥n cerca.

Contactado por la AFP, el ministerio israel√≠ de Justicia afirm√≥ que hab√≠a abierto una “investigaci√≥n interna” sobre este caso.

El ojo de la “verdad”

Muath Amarneh ha cubierto incalculables manifestaciones en Cisjordania hasta el pasado 15 de noviembre. Ese viernes, guardias fronterizos israelíes y palestinos se enfrentaban cerca del pueblo de Surif, en Cisjordania ocupada.

Muath, periodista independiente cubr√≠a la escena equipado con un casco y un chaleco antibalas en el que se le√≠a “Prensa”.

“Un francotirador en tierra preparaba su arma. Dijo algo al oficial que no o√≠ pero se rieron. Me dije que nos iba a ocurrir algo”, cuenta Muath.

De repente “sent√≠ que algo me hab√≠a golpeado la cara, como si mi cabeza hubiese sido arrancada […]. La sangre ca√≠a por mi cara. Estaba de rodillas y no pod√≠a levantarme”.

Seg√ļn testigos, Muath fue herido por una bala de goma que conten√≠a metal. Un fragmento met√°lico le revent√≥ el ojo izquierdo, ahora sustituido por uno de cristal.

Un esc√°ner muestra un trozo de metal todav√≠a atrapado detr√°s de la √≥rbita, cerca del cerebro. Su historia se hizo viral en las redes sociales palestinas, donde algunos se grabaron con un vendaje de pirata y escribieron: “Los ojos de la verdad nunca ser√°n cegados”.

Las autoridades israelíes aseguran que no apuntaron al periodista.

Seis meses despu√©s, Muath no ha vuelto a tomar su c√°mara y no ve c√≥mo podr√° un d√≠a volver al terreno. “Mi vida est√° acabada”, lamenta.

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