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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Europa se prepara ante una posible extensión de la guerra entre Ucrania y Rusia, estimando que el conflicto durará al menos dos años más. Mientras se analizan las posibles alternativas en caso de conflicto armado, se estudia el fortalecimiento del escudo nuclear ruso que podría neutralizar misiles balísticos, generando temor en países como Reino Unido y Francia. A pesar de obstáculos como el veto húngaro y eslovaco a sanciones contra Rusia, líderes europeos como Ursula von der Leyen reafirman su compromiso con Ucrania.

Sabido es que Europa ha apostado ‘todas sus fichas’ a Ucrania, en medio de la guerra que aquel país mantiene con Rusia. En ese contexto, el ‘Viejo continente’ cuenta con análisis en torno a cuáles serían sus alternativas en caso que las potencias lleguen a un conflicto armado con Moscú.

Un reportaje de diario El Mundo aseguró que dentro de los sistemas de inteligencia europeos está claro que la guerra se extenderá por, al menos, dos años más.

Si bien las naciones locales han visto con buenos ojos las negociaciones ruso-ucranianas mediadas por Estados Unidos, en los últimos meses, no existiría la confianza suficiente en Vladimir Putin, cuyo gobierno ya ha dejado entrever que el conflicto continuará.

De hecho, las conversaciones entre diplomáticos se han llevado a cabo en medio de los ataques a infraestructura crítica, de ambos países, en medio de un duro invierno.

“Europa casi ha conseguido compensar todas las armas que EEUU enviaba a Ucrania en la época de Biden y luego Trump dejó de mandar”, detalló el citado medio, aludiendo a información del Instituto Kiel para la Economía Mundial.

Los temores de Europa

No obstante, y más allá de lo que pueda ocurrir en Ucrania, los países europeos vienen estudiando hace varios años qué ocurriría si es que el conflicto se extienda hacia sus territorios.

Un reporte de The Telegraph habla de uno de los principales temores en dos países, Reino Unido y Francia, en torno a que Rusia pueda conformar un escudo lo suficientemente fuerte como para derribar sus misiles balísticos nucleares, de producirse un ataque de largo alcance.

En concreto, el informe del Royal United Services Institute expone que Moscú tendría dos sistemas de misiles antibalísticos, los cuales formarían una especie de capa en torno a las principales ciudades rusas.

Los documentos de inteligencia aseguran que su fuerza permitiría detener incluso los armas nucleares Trident, de los más sofisticados de Gran Bretaña.

De hecho, se detalla que Rusia concluiría este escudo nuclear dentro de una década, por medio de los mecanismos A-235, para desviar ataques nucleares, y el S-500, que sería capaz de interceptar misiles intercontinentales.

“El grupo de expertos sugiere que el Reino Unido y Francia ya no podrían estar seguros del efecto que tendría el lanzamiento de sus armas nucleares en caso de un conflicto en la próxima década”, indican.

“El informe también dice que Gran Bretaña y Europa tendrán que construir misiles hipersónicos para derrotar las mejoradas defensas aéreas de Rusia y mantener la eficacia de la disuasión nuclear”, agregan.

El documento fue elaborado por Sidharth Kaushal, uno de los mayores expertos en misíles de Inglaterra, quien sostiene que aquella posible capacidad rusa podría mermar el actuar de submarinos británicos en el Ártico, desde donde se lanzarían estas armas.

“No es seguro que ellos Rusia intercepten todos los misiles balísticos lanzados desde submarinos, pero potencialmente tampoco es seguro que la cantidad requerida logre pasar”, detalló.

“En la próxima década, podría surgir un sistema de defensa contra misiles balísticos cada vez más robusto alrededor de Moscú, en la forma del A-235 y el S-500, que podrían formar una defensa en capas”, cerró.

Por otro lado, otro factor que miran con atención en Europa es el debilitamiento de la economía en Rusia, que ya muestra señalares de degradación irreversible, según el Instituto de Estudio de la Guerra.

“La inquebrantable determinación del presidente ruso, Vladimir Putin, de conquistar más territorio ucraniano y obtener el control político total sobre Ucrania está degradando gravemente el ejército y la economía de Rusia a costa de la población rusa, y Rusia tendrá que lidiar cada vez más con esta degradación en el próximo año”, publicaron el pasado martes.

Europa al ‘todo o nada’ con Ucrania en la guerra

El pasado 25 de febrero, Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, y António Costa, jefe del Consejo Europeo, llegaron a Kiev acompañados por un nutrido grupo de mandatarios de países nórdicos y bálticos, incluyendo al presidente finlandés, Alexander Stubb, y la primera ministra danesa, Mette Frederiksen.

También se sumaron ministros de Exteriores de varios Estados miembros de la UE, como el español José Manuel Albares, quien enfatizó la necesidad de una “seguridad europea respaldada por un apoyo financiero estable”.

Sin embargo, el apoyo llegó con las manos atadas. El día anterior, Hungría y Eslovaquia vetaron un vigésimo paquete de sanciones contra Rusia y bloquearon un préstamo crucial de 90.000 millones de euros acordado en diciembre pasado.

Viktor Orban, el primer ministro húngaro, conocido por sus lazos con Moscú, condicionó su aprobación a que Ucrania reanude el tránsito de petróleo ruso a través del oleoducto Druzhba, dañado en un ataque ruso el 27 de enero.

“No puede ser que Rusia destruya, Ucrania o Europa reparen y Rusia ataque de nuevo”, replicó Zelenski a Orban visiblemente molesto durante una rueda de prensa conjunta con Von der Leyen y Costa.

Von der Leyen condenó los ataques rusos al oleoducto, pero instó a Kiev a acelerar las reparaciones, argumentando que el bloqueo afecta a economías europeas dependientes del crudo ruso. “El préstamo se otorgará de una forma u otra”, aseguró la líder alemana, enfatizando que la UE busca alternativas legales para sortear el veto.

Costa, por su parte, invitó a la Comisión a cumplir “tan pronto como sea posible” con la concesión, mientras que Albares abogó por reformar la política exterior de la UE hacia decisiones por mayoría cualificada: “No podemos permitir que el inmovilista marque el ritmo”.

A pesar de estos tropiezos, los líderes europeos reiteraron su compromiso. En una declaración común, recalcaron su “compromiso indefectible para conseguir juntos una paz justa y sostenible”.

“Lo conseguiremos, no hay otra opción, nos hemos comprometido”, afirmó el presidente de Francia, Emmanuel Macron, a través de videoconferencia en la ‘Coalición de Voluntarios’ –un grupo de unos 30 aliados copresidido por él y el primer ministro británico Keir Starmer–.