Internacional
Miércoles 07 agosto de 2019 | Publicado a las 18:26 · Actualizado a las 19:59
Adrenalínico: tiburón llega a orilla de playa con gancho de pesca en su boca y turistas lo ayudan
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De principio a fin, el registro compartido en medios como Daily Mail, muestra la complejidad del rescate.

Este fue captado por una familia desde el balcón de su alojamiento en una playa de Floridad, donde la diversión fue interrumpida por varios minutos debido a un visitante que parecía estar marcando su espacio marítimo.

No era as√≠. El tibur√≥n martillo, lleg√≥ hasta la orilla en busca de ayuda. Un gancho de pesca lo ten√≠a esclavo del dolor. Estaba aferrado entre sus dientes y no hab√≠a forma segura de retirarlo, sin que su naturaleza hiciera da√Īo a los buenos samaritanos que se percataron de su sufrimiento.

Una mujer, en compa√Ī√≠a de un peque√Īo ni√Īo, se dedica a grabar todo el alboroto que significaba la presencia del enorme animal. Se compadec√≠a en su relato, mientras el infante gritaba asombrado que se trataba de “un tibur√≥n martillo”.

“Es muy triste”, se escucha decir a la mujer, solo segundos despu√©s que tres hombres tratan de sostener con todas sus fuerzas al esp√©cimen, mientras otro turista les pide a gritos a los dem√°s que retrocedan un poco para poder retirar el gancho de sus fauces.

Afortunadamente, el tama√Īo del tibur√≥n es el adecuado para contenerlo. As√≠ parec√≠a en un inicio con los segundos en que se qued√≥ quieto, como sabiendo que intentaban ayudarlo de coraz√≥n para que dejara de sufrir.

La calma quedó interrumpida cuando el animal comenzó a moverse, repartiendo violentos coletazos. Quería liberarse solo de su lamentable situación, causada por el hombre.

Daily Mail
Daily Mail

Ir√≥nicamente, la especie que le hizo da√Īo, es la que arriesgaba su vida para sacar el gancho, con la presencia de sus afilados dientes.

“Necesita que lo pongan en el agua o morir√°”, dec√≠a el ni√Īo que se qued√≥ a presenciar toda la traves√≠a vivida a la orilla del mar. La madre del menor trataba de explicarle un poco la situaci√≥n, mientras los hombres corr√≠an el riesgo.

De repente, el tiburón se movió tan violentamente, que parecía darle un mordizco en la pierna a uno de sus rescatistas. La impresión de los testigos fue grande, pero todo quedó en susto, ya que los reflejos del joven evitaron que resultara herido.

El tiburón seguía luchando por escaparse y trataba de morder a quien se le acercara. Las olas para ese entonces le daban lo necesario para poder respirar.

Como pudieron, lo tomaron de nuevo de la cola y el mismo hombre que estuvo varias veces en riesgo de ser mordido, lo mont√≥. Ya sujeto, procedieron a sacar con un cuidado quir√ļrgico el gancho.

Libre, el animal segu√≠a dando coletazos pero desorientado. Esta vez, en lugar de arrastrarlo m√°s a la orilla, lo empujaban hacia el oc√©ano en se√Īal de libertad. Pasaron varios segundos para que lo comprendiera.

Los aplausos comenzaron a dar idea de un cierre, uno con final feliz. El tiburón volvió a su hábitat y el resto siguió siendo diversión.

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