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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

La Unión Europea e India sellaron un acuerdo comercial histórico, abriendo un mercado de 2.000 millones de consumidores y reduciendo aranceles para el 96,6% de exportaciones europeas. Esto contrarresta la política arancelaria punitiva de EE. UU. y busca fortalecer la influencia económica global. A pesar de escollos como la agricultura, el pacto refleja una estrategia de cooperación profunda en defensa y seguridad. Europa apuesta por alianzas estratégicas y mercados abiertos, en contraste con la confrontación arancelaria de EE.

Mientras Estados Unidos refuerza una política comercial basada en aranceles punitivos y presión directa, la Unión Europea y la India optaron por el camino inverso: abrir mercados, reducir barreras y profundizar una alianza estratégica de largo aliento.

El acuerdo comercial que ambas potencias sellaron tras 18 años de negociaciones no solo fue calificado como histórico, sino que marca un punto de inflexión en la disputa por la influencia económica y geopolítica en un escenario global cada vez más fragmentado.

Un acuerdo histórico frente a un mundo más fragmentado

El tratado —definido por Bruselas como “la madre de todos los acuerdos”— dará origen a un mercado sin precedentes de casi 2.000 millones de consumidores, equivalente a una cuarta parte del PIB mundial.

Para la Unión Europea, implica la eliminación o reducción de aranceles en el 96,6 % de sus exportaciones de bienes hacia la India, lo que se traducirá en un ahorro cercano a los 4.000 millones de euros anuales para las empresas europeas.

Para Nueva Delhi, abre una puerta clave para diversificar socios comerciales y reducir su dependencia de Estados Unidos, justo cuando Washington endureció su política arancelaria bajo la administración de Donald Trump.

Del golpe arancelario de Trump a la apuesta europea por el comercio

El contraste entre ambos enfoques se percibe con claridad en la economía real. En el mercado Khan de Nueva Delhi, Atul Mehra, comerciante de gemas y joyería, observa el acuerdo con optimismo tras un año especialmente duro.

Perdió cerca de una cuarta parte de sus ingresos luego de que Trump impusiera aranceles del 50 % a productos indios, afectando a su principal mercado de clientes. La expectativa ahora está puesta en Europa. “Hemos sufrido pérdidas enormes desde la imposición de los aranceles (…) y esperamos que un acuerdo con los europeos nos ayude a nosotros y a todos”, relató a DW.

Una visión similar tiene Vishnu Gupta, dueño de una tienda de ropa en la misma calle, quien ve en el pacto una oportunidad para ampliar su comercio y encontrar nuevos mercados. Para muchos pequeños y medianos comerciantes indios, la estrategia europea aparece como un salvavidas frente a una política estadounidense que priorizó el castigo comercial por sobre la negociación.

Más allá del impacto económico, el acuerdo refleja una lectura estratégica. Mientras Estados Unidos buscó disuadir a la India de comprar petróleo ruso mediante aranceles, la UE optó por una vía distinta para alejarla de la órbita de Moscú: más comercio, vínculos económicos profundos y una cooperación creciente en materia de defensa y seguridad.

Geopolítica, escollos internos y el trasfondo con Estados Unidos

El acercamiento entre Bruselas y Nueva Delhi va más allá del comercio. En paralelo al tratado, ambas partes anunciaron una Asociación de Seguridad y Defensa que refuerza la cooperación en ciberseguridad y seguridad marítima, y que abre la puerta al intercambio de información clasificada.

Antes de la firma, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, fueron invitados de honor al Día de la República de la India, una señal política inédita. Von der Leyen subrayó que este acuerdo es solo el comienzo y que la relación estratégica se profundizará en los próximos años.

Sin embargo, el camino no está exento de tensiones. La agricultura es uno de los principales puntos conflictivos: casi la mitad de la fuerza laboral india depende del sector, y el temor a que productos europeos desplacen a los nacionales genera resistencia política en Nueva Delhi.

Del lado europeo, las protestas de agricultores y la presión por proteger mercados internos —como ocurrió con el acuerdo con Mercosur— también condicionan las concesiones. El acero y el impuesto al carbono europeo son otros focos de fricción, percibidos por India como medidas proteccionistas.

El trasfondo de este giro europeo se entiende al mirar la relación transatlántica. Aunque Trump insiste en que Estados Unidos está en desventaja frente a la UE, los datos muestran una relación más equilibrada al considerar bienes y servicios. La política arancelaria estadounidense, además, ha generado incertidumbre económica, presiones inflacionarias y efectos colaterales sobre sectores clave como la energía y la agricultura.

En ese contexto, el acuerdo UE–India aparece como una señal potente. Frente a la lógica de confrontación comercial, Bruselas apuesta por tratados amplios, integración gradual y alianzas estratégicas. Más que un simple pacto comercial, el entendimiento entre Europa y la India refleja dos visiones opuestas del comercio global: una basada en aranceles y presión, y otra que busca influir a través de mercados abiertos y cooperación de largo plazo.