Internacional
Miércoles 13 noviembre de 2019 | Publicado a las 07:29 · Actualizado a las 09:29
Renunció al poder obligado por Evo y hoy está detrás de su caída: el Jaque mate de Mesa para Morales
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Carlos Mesa compitió el mes pasado a la presidencia de Bolivia contra un viejo y conocido rival. No cualquiera. Era uno con el que, al parecer, tenía cuentas políticas que saldar.

Mesa, gobernaba a los bolivianos desde 2003. Sucedía, en su calidad de vicepresidente, a Gonzalo Sánchez de Lozada, quien había dimitido y escapado a EEUU, orillado por protestas (con saldo de 70 muertos) y demandas sociales cada vez más álgidas.

Bolivia tuvo entre 2001 y 2005, cinco presidentes y el periodista de profesión asumía el desafío con las dificultades del contexto, sumado a su inexperiencia política.

Sin embargo, en su segundo a√Īo en el poder, el entonces l√≠der ind√≠gena cocalero, Evo Morales, movilizaba el descontento de su sector en sendas protestas contra el gobierno central.

La fama del dirigente corría como el descontento de una clase olvidada. Evo, los convenció de que debían ser representados por un partido político que lucharía contra ese abandono, el centralismo y la corrupción de la época.

Así fue. Con la consigna de autonomías departamentales, las movilizaciones se fueron tornando diarias e incendiarias, al punto en que el presidente Mesa quizo arreglarlo al son de las leyes.

Por lo anterior, planteó la necesidad de reformas constitucionales, las cuales no eran del agrado de la clase política legislativa.

Logrando convencer al resto de partidos, el mandatario abrió la puerta a las enmiendas. Con estas, los movimientos indígenas presentaron sus candidatos a las elecciones municipales del 2004, lo que meses más tarde, fortalecería la figura del dirigente cocalero y a su partido Movimiento al Socialismo, (MAS) que fundó en 1987.

No fue suficiente. Las protestas se mantuvieron activas. Eran décadas de abandono y desconocimiento político hacia un sector que creían sumiso. No lo era. Tenían un dirigente social en quien creer y se aferraron a éste.

En las calles, exigían también la nacionalización del gas y el petróleo.

En 2005, los desmanes generaron el anuncio de Mesa, presentando su renuncia al cargo con tan solo dos a√Īos de ejercerlo.

La presi√≥n de Evo fue grande y los ind√≠genas llegaron para quedarse en el espectro pol√≠tico visible, de la mano del dirigente que a√Īos m√°s tarde dir√≠a “Evo es pueblo”.

Incluso, Morales recordaba cada a√Īo en su cuenta de Twitter la efem√©ride de la renuncia a la presidencia boliviana, por parte de su antag√≥nico. Pero ahora, es diferente. Evo, ya no es pueblo.

¬ŅLa venganza de Carlos Mesa?

14 a√Īos despu√©s, la historia se repite en Bolivia. Evo estaba irreversiblemente en el otro lado del conflicto.

Lo irónico del proceso, es que Mesa gestaba su estrategia ahora desde el lado opositor con La Coordinadora de Defensa de la Democracia, presionando a su rival en las urnas, ahí, donde la llaga política es incómoda, pero suele dolerle más al poder que recibe la presión.

Lo acusaba de fraude electoral en los pasados comicios y de ajustar las leyes para ponerse en ruta a perpetuarse en el poder.

La salvedad del caso, la juega una tercera carta en discordia: Luis Fernando Camacho, el abogado y dirigente opositor de 40 a√Īos, quien puso marchas a la obra en las calles bolivianas, directamente desde su natal Santa Cruz de la Sierra.

Analistas políticos citados por la televisión alemana DW, han establecido el nivel de participación tanto de Camacho, como de Mesa, en el conflicto que motivó la caída del presidente aymara, incluso cuando nadie lo veía posible.

El poder intelectual y operativo se conjugó durante varias semanas, en los que las movilizaciones y disturbios se trasladaron a La Paz, como en 2005, pero ahora contra el viejo conocido de la política que había llegado al poder, también capitalizando el descontento indígena.

‚ÄúCarlos Mesa es un intelectual bien formado y ha ido reuniendo a gente muy interesante en torno a su persona‚ÄĚ, sostiene Gonzalo Rojas Ortuste, analista pol√≠tico de la Universidad de San Andr√©s, en la capital boliviana. ‚ÄúGente con una fuerte postura que tiene como objetivo reinstitucionalizar el pa√≠s‚ÄĚ.

La fuerza en las calles, seg√ļn Rojas, viene entonces de Camacho, a quien considera que ‚Äúes un hombre que ha irrumpido en la pol√≠tica, de indudable valor civil, pero no le conocemos mayor programa que pedir que se vaya Evo Morales. Tiene una ret√≥rica muy b√°sica en cuanto a una propuesta pol√≠tica o un liderazgo m√°s democr√°tico. Es de un arrojo lindante con la temeridad‚ÄĚ.

AIZAR RALDES / AFP
AIZAR RALDES / AFP

El trasfondo socioecon√≥mico es curioso. La econom√≠a de Bolivia, seg√ļn la Comisi√≥n Econ√≥mica para Am√©rica Latina y el Caribe (CEPAL) dio muestras robustas de crecimiento, con un 4.9% anual. Otro sano porcentaje fue la reducci√≥n de la pobreza en la era Morales, entre 23 y 25 puntos porcentuales.

El pecado de Evo, seg√ļn los analistas locales, no fue el manejo de la econom√≠a, sino, el nulo respeto a la institucionalidad democr√°tica, en busca de una nueva reelecci√≥n que lo llevar√≠a a cumplir casi dos d√©cadas en el poder.

Bel√©n Gonz√°lez, parte de las centrales obreras bolivianas, aseguraba antes de la ca√≠da de Evo, que ‚Äúlo que quiere lograr la oposici√≥n es que se restablezca un cierto orden institucional, donde haya l√≠mites para el poder del Estado, donde el Poder Ejecutivo no sea el due√Īo del pa√≠s, y el presidente no sea el mandam√°s‚ÄĚ.

No obstante, considera que la contraparte tenía más demandas que soluciones para un desarrollo sostenible.

Con la nueva realidad en Bolivia y con Evo refugiado en México, el panorama es actualmente incierto. El concierto internacional de análisis, debate entre, si ocurrió un golpe de Estado en Bolivia, o es que la democracia se restableció.

Por hoy, con las opiniones divididas, lo que está a la vista es la revancha política que la vida le concedió a Carlos Mesa, sin que el entorno local o fuera de Bolivia predijera la caída del ícono de poder de la clase indígena.

CanalN.pe
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