Internacional
Martes 09 abril de 2019 | Publicado a las 16:20
Los peores días de Bolsonaro tras llegar al poder en Brasil
Por Diego Vera
La información es de Deutsche Welle
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Jair Messias Bolsonaro estaba cualquier cosa menos bienhumorado. El presidente de Brasil espet√≥ este domingo a los periodistas que lo esperaban, que no iba a perder el tiempo comentando encuestas de opini√≥n. Poco antes, se hab√≠a publicado su puntuaci√≥n en la encuesta del instituto Datafolha, que eval√ļa sus primeros 100 d√≠as en el cargo.

De todos los presidentes electos en los √ļltimos 30 a√Īos, desde la redemocratizaci√≥n del pa√≠s, Bolsonaro ha tenido el peor resultado: solo un tercio de los consultados avalan su Gobierno como bueno o muy bueno.

“El balance, ciertamente, no es positivo”, opina tambi√©n Oliver Stuenkel, polit√≥logo de la Funda√ßi√≥n Getulio Vargas en Sao Paulo. Tras su victoria en las urnas, con 58 millones de votos, Bolsonaro no ha sabido aprovechar su fase de luna de miel con el electorado para garantizar la aprobaci√≥n de proyectos importantes. En su lugar, “el Gobierno ha perdido mucho tiempo con asuntos de poca importancia”, asegura Stuenkel a DW.

La lista de trivialidades es larga. Bolsonaro orden√≥ celebrar el aniversario del golpe militar de 1964 el d√≠a 31 de marzo, algo con lo que ha ido demasiado lejos incluso para los militares de su gabinete. Su ministro de Educaci√≥n pretendi√≥ que los estudiantes cantaran el himno nacional en las escuelas y las escuelas los filmasen. Adem√°s, quer√≠a revisar los libros de texto porque, en sus palabras, “no hubo golpe militar en 1964‚ÄĚ.

El hijo de Bolsonaro derrib√≥ incluso a un ministro con sus tuits. Pero el propio Bolsonaro lo super√≥ enseguida con un tuit sobre la supuesta decadencia moral del carnaval, acompa√Īado de un video en el que un hombre muestra su trasero al p√ļblico desde una tribuna de Sao Paulo, mientras otro orina sobre su cabeza.

Todav√≠a en campa√Īa

Bolsonaro a√ļn agradece su victoria electoral a provocaciones como esas, que hallaron terreno f√©rtil en una sociedad polarizada. Su blanco preferido fue la izquierda brasile√Īa ‚Äďespecialmente el Partido de los Trabajadores (PT), que gobern√≥ Brasil desde 2003 hasta 2016-, a la que responsabiliz√≥ con √©xito por la corrupci√≥n desenfrenada y por la miseria econ√≥mica.

Pero la campa√Īa ya acab√≥ y Bolsonaro no ha conseguido dejar de provocar. “Tengo la impresi√≥n de que no ha salido del modo de campa√Īa”, afirma Stuenkel, para quien el exdiputado y militar de reserva da la impresi√≥n de no sentirse c√≥modo en el rol presidencial.

“Eso tambi√©n tiene que ver con el hecho de que √©l siempre se ha presentado como una persona anti-establishment; pero, ahora, √©l es el establishment. Y eso se ha vuelto un dilema para √©l”, agrega.

Nada grave a√ļn

A su favor, hay que decir que Bolsonaro nunca hab√≠a ocupado un cargo de semejante envergadura, matiza S√©rgio Pra√ßa, colega de Stuenkel. “Es normal que los Gobiernos necesiten cierto tiempo para arrancar‚ÄĚ, agrega y ejemplifica: el expresidente Luiz In√°cio Lula da Silva lanz√≥ “Bolsa Fam√≠lia”, su m√°s importante programa para el combate de la pobreza, solo 15 meses despu√©s de asumir el cargo.

A pesar de los tuits rid√≠culos y las pol√©micas absurdas, en la pol√≠tica interna no ha sucedido nada grave a√ļn, opina asimismo Pra√ßa. Las armas de fuego todav√≠a no est√°n al alcance de cualquier persona, y ninguna reserva ind√≠gena ha sido entregada a√ļn a compa√Ī√≠as explotadoras de materias primas, como Bolsonaro prometi√≥ en campa√Īa.

Desastre en la política exterior

Otro es el panorama, sin embargo, en la pol√≠tica exterior. “La pol√≠tica exterior es muy mala. Hay un desastre tras otro. Y el ministro de Exteriores es un lun√°tico”, valora S√©rgio Pra√ßa.

El ministro de Exteriores de Brasil, Ernesto Ara√ļjo, descarta el cambio clim√°tico como una mentira marxista, tilda al nazismo de movimiento de izquierda (opini√≥n que repite Bolsonaro), y da la impresi√≥n de que le gustar√≠a crear una triple alianza cristiana con Estados Unidos y Rusia para combatir el comunismo.

Ara√ļjo forma parte del ala ultrareligiosa y antiglobalista del gabinete. Y esta es el ala que ha determinado hasta ahora la agenda internacional del Gobierno de Bolsonaro, como muestran las visitas oficiales a Donald Trump y Benjamin Netanyahu (dos hom√≥logos derechistas de l√≠nea dura, idolatrados por el presidente brasile√Īo).

M√°s trumpista que Trump

Bolsonaro intenta realmente copiar a Trump, observa el soci√≥logo y especialista en relaciones internacionales Dem√©trio Magnoli. “Intenta ser m√°s trumpista que Trump”, asegura. Pero eso no implica ventajas concretas para Brasil.

Para Magnoli, Bolsonaro parece sufrir del mismo complejo de inferioridad que la izquierda brasile√Īa. Solo que, mientras la izquierda culpaba a los “yanquis” de todo lo malo que pudiera haber en Brasil, Bolsonaro encuentra, en la misma medida, que todo lo que viene de Estados Unidos es bueno.

Ni a los militares, poderosos en el Gobierno, ni a los liberales en torno al ministro de Econom√≠a Paulo Guedes les agrada la orientaci√≥n radical de la actual pol√≠tica exterior brasile√Īa. As√≠ que existe el riesgo de bloqueo dentro del gabinete.

“Pues, quien le teme a los chinos no quiere liberalizar la econom√≠a. Y los militares no quieren trasladar la embajada a Jerusal√©n, como quieren los c√≠rculos religiosos. Parece una guerra civil interna entre esas tres facciones”, apunta Stuenkel.

A su juicio, ahora ser√≠a importante dar suficiente autonom√≠a a otros actores en su gabinete. En primer lugar, al ministro de Asuntos Econ√≥micos, Paulo Guedes, de cuya reforma de pensiones depende el destino del Gobierno. Pero Bolsonaro apenas ha apoyado a su “garoto de Chicago”.

Pareciera que hay que obligar al presidente a decir algo positivo sobre la reforma. Y no es de extra√Īar, explica el polit√≥logo de la Fundaci√≥n Getulio Vargas: “La reforma de pensiones no es popular, y los populistas son muy reacios a hacer cosas impopulares”.

El viernes, el propio Bolsonaro expres√≥ su creciente disgusto por la complejidad de su trabajo. “Ahora me pregunto: Dios m√≠o, ¬Ņqu√© he hecho para ganarme esto? ¬°Nada m√°s que problemas!” Y fue m√°s lejos. “No nac√≠ para ser presidente, nac√≠ para ser militar”. Un arranque de sinceridad, dice Stuenkel. “Probablemente, no ten√≠a una idea clara de lo que significa gobernar la quinta democracia m√°s grande del mundo”.

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