Internacional
Miércoles 22 agosto de 2018 | Publicado a las 03:44
El éxodo venezolano se enfrenta a la xenofobia
Publicado por: Alberto González La información es de: Agence France-Presse
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Daisy Santana teme m√°s regresar a una Venezuela en crisis que a la xenofobia. Como ella, miles de venezolanos atraviesan Colombia rumbo a Ecuador o Per√ļ, sabiendo que est√°n expuestos a eventuales rechazos o agresiones.

El turbante improvisado protege a Daisy del penetrante frío de Tulcán, el municipio fronterizo que separa a Ecuador de Colombia y bisagra de los venezolanos que esperan reconstruir sus vidas en alguna nación al sur de América.

“El temor lo llevamos todos, pero m√°s temor tuvi√©ramos si nos tuvi√©ramos que devolver”, dice a la AFP con dejo de resignaci√≥n esta mujer de 48 a√Īos.

Acostumbrada al clima cálido de su país, a esta mujer le congelan más los huesos las noticias que llegan desde Brasil: el sábado una turba incendió las pocas pertenencias de algunos de sus compatriotas que, como ella, huyen de la crisis económica de Venezuela.

El ataque de Pacaraima, en la frontera norte del gigante suramericano, fue la respuesta de la comunidad a un supuesto robo cometido por unos venezolanos. A la zona, al igual que Ipiales y C√ļcuta, en el suroeste y noreste colombiano, llegan a diario miles de migrantes, que parecen ir en procesi√≥n.

En busca de la seguridad

Daisy se pone en el lugar de sus compatriotas y se aferra al morral negro donde carga sus pocas pertenencias y a las zapatillas rosadas con las que se echó a andar hace 17 días, cuando salió de Venezuela.

Hace horas finalizó su periplo por Colombia y ahora espera el visto bueno de Ecuador, que pide pasaporte a los venezolanos, para continuar su odisea. Las autoridades colombianas calculan que la mitad de los migrantes viajan solo con cédula ante la escasez de papel en su país para imprimir el documento internacional.

Santana tampoco tiene pasaporte. “Nosotros mismos estamos buscando seguridad en otros sitios porque en nuestro pa√≠s no podemos ni siquiera estar tranquilos”, afirma.

“Estar en otro sitio es mejor que estar en Venezuela”, a√Īade.

Ella recorri√≥ los 1.500 kil√≥metros que separan a C√ļcuta de Tulc√°n “para empezar de cero” en Per√ļ. La mayor√≠a los recorri√≥ en un veh√≠culo, pero tambi√©n tuvo que caminar por las serpenteantes v√≠as colombianas.

Daisy no conoce a Roberto Far√≠as. Ahora √©l est√° a unos metros cubierto con una franela. Dice sin alarmismos que tiene los pies “un poco lastimados”. Lo cierto es que est√°n hinchados por caminar de noche y de d√≠a.

“Han llegado momentos en que hemos tenido que caminar d√≠as enteros porque no nos dan aventones”, apunta este barbudo de 29 a√Īos.

Como Daisy, Roberto tambi√©n tiene un morral negro y un objeto rosado: otra maleta. Y comparten una certeza -ambos van a Per√ļ- y una incertidumbre: ¬Ņc√≥mo ser√°n recibidos en el sitio al que lleguen?

“Siento un poco de temor y miedo (…) Esperemos que nos salga todo bien y no nos rechacen”, sostiene.

Contra el tiempo

En medio de todo, ambos han tenido suerte. Los miles de venezolanos que cruzan a diario a Tulcán reconocen que docenas de desconocidos los abordan para darles comida o medicina, tan escasos en el país petrolero.

“Hay mucha gente que nos trata mal como otros que nos tratan bien. Es como todo, hay gente buena y hay gente mala”, se√Īala Far√≠as.

El nuevo desaf√≠o es lograr pasar la traba que les impuso Ecuador y seguir el camino a Per√ļ, donde muchos tienen familiares.

Pero el Gobierno de Lima, a partir del s√°bado, empezar√° a exigir pasaporte. Colombia, que ha recibido m√°s de un mill√≥n de personas de Venezuela en los √ļltimos 16 meses y regularizado temporalmente a 820.000, cuestiona la decisi√≥n de sus vecinos por considerar que fomenta la migraci√≥n irregular.

“No tenemos ninguna intenci√≥n de quebrantar ninguna ley, simplemente estamos pidiendo una ayuda humanitaria”, explica el trigue√Īo Jos√© Antonio Est√©vez, con la ilusi√≥n de alcanzar a llegar a Per√ļ antes del “D√≠a D”.

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