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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

La epidemia de ébola en el Congo persiste y la OMS admite dificultades para contenerla, aumentando el riesgo de propagación a otros países africanos. Un análisis destaca factores sociales como la desconfianza en autoridades, dificultando medidas preventivas. La variante Bundibugyo del ébola tiene alta mortalidad y carece de tratamiento específico. La población ha mostrado resistencia a medidas básicas, incluso atacando centros de campaña. La capacidad de pruebas es limitada y se subestiman los balances oficiales. La creencia en enfermedades místicas obstaculiza el control de la epidemia.

La epidemia de ébola en el Congo no da tregua. La OMS confesó la semana pasada que sus equipos no están dando abasto en aquel país, por lo que el riesgo de propagación a otros lugares de África sigue siendo evidente.

Recientemente, un análisis de la agencia France Presse sostiene que hay factores sociales que están jugando en contra de la lucha contra la enfermedad, cuya variante Bundibugyo tiene un rango de mortalidad entre el 30 y 50% de los casos, además de no poseer tratamiento específico.

Problemas sociales por la epidemia de ébola en el Congo

Lo cierto es que los esfuerzos chocan con el desconocimiento de las personas y los problemas sociales en la región de Mongbwalu, considerada como el corazón de la epidemia.

El medio sostiene que los propios habitantes de aquella zona no confían del todo en sus autoridades, acusando que por décadas han sido ignorados por el gobierno central.

Por lo mismo, ha sido muy difícil ordenar a la población para que cumpla con medidas básicas, como el aislamiento social o los cuidados higiénicos más elementales.

Un punto que dejó en evidencia el malestar social es la quema de algunos centros de campaña, los cuales han sido atacados por clanes familiares a la espera que fallecidos sean entregados para posteriores entierros.

“Esta epidemia es algo fuera de lo común”, alerta el coordinador de MSF, Florent Uzzeni, desde Bunia, la capital de la provincia, situada a unos 80 km.

Los balances oficiales están “subestimados” porque “la capacidad para hacer pruebas a la población es extremadamente limitada”, asegura.

En la parte trasera del hospital de Mongbwalu, un armazón ennegrecido es lo que queda de una de las tiendas de aislamiento incendiada en unos disturbios durante la noche del viernes.

No obstante, la compleja realidad choca también con el desconocimiento de la población, la cual enfrentó epidemias en el pasado. Según el medio asociado RFI, para muchos hay temas religiosos involucrados.

Algunos creían que la última epidemia se debía a una “enfermedad mística”, una creencia común en algunas zonas remotas del Congo.

“Al principio, la gente creía que se trataba de un asunto de ataúdes”, dijo Jonathan Imbalapay, líder de la sociedad civil en Mongbwalu.

El primer caso sospechoso se identificó en Bunia, la capital provincial. Tras la muerte del hombre, su familia trasladó el cadáver a Mongbwalu.

Pero el trayecto de 80 kilómetros por las carreteras del este de RDC, conocidas por su mal estado y sus baches, dañó el ataúd, lo que dejó al descubierto el cadáver infectado por el ébola.

Los líderes tradicionales y algunos lugareños querían quemar el ataúd dañado.

Después de que las pruebas realizadas en un laboratorio provincial no lograran identificar el ébola como la fuente, no se tomaron medidas para contener la enfermedad en la ciudad.

No fue hasta que las muestras llegaron al laboratorio de investigación biomédica de la capital, Kinshasa, a casi 1.800 kilómetros de distancia, cuando se confirmó el brote de ébola.

Adam Hussein, un representante de 35 años de los curanderos tradicionales de Mongbwalu, se inquieta por esta actitud incrédula y pide a todo el mundo que tome precauciones.

Hay que señalar que esta jornada se confirmaron 223 muertes probables por ébola, mientras que Uganda cerró en su totalidad la frontera con la RDC.