En entrevista con este medio, la diputada Flor Weisse (UDI) abordó los principales temas de la contingencia, desde el debate sobre seguridad y el rol de las Fuerzas Armadas hasta la megarreforma, los contratos por horas y la relación tensionada entre su partido y Republicanos.
Desde las oficinas de Radio Bío Bío en Concepción, la diputada Flor Weisse, jefa de bancada de la UDI, aborda la contingencia nacional, marcada por el debate en seguridad tras el crimen de un menor en San Bernardo y por las discusiones que hoy se desarrollan en el Congreso.
En materia de seguridad, la parlamentaria llama a actuar con “sensatez” frente a las propuestas para desplegar militares en las calles y, si bien no descarta medidas de ese tipo, insiste en la necesidad de avanzar en la tramitación de las Reglas de Uso de la Fuerza (RUF). Asimismo, advierte que no se puede “normalizar” la participación de las Fuerzas Armadas en tareas de orden público y manifiesta su preocupación por la prolongación del Estado de Excepción en la Macrozona Sur.
La legisladora también se refiere al proyecto impulsado por el Partido Nacional Libertario para indultar a uniformados condenados por hechos ocurridos durante el estallido social, iniciativa cuyo sentido comparte, aunque sostiene que cada caso debe analizarse en particular.
Respecto de la denominada “megarreforma”, Weisse reconoce que sería positivo alcanzar acuerdos más amplios, aunque remarca que “en democracia los resultados se definen por votación”. Junto con ello, defiende el proyecto que permite la contratación por horas, asegurando que no implica precarizar el empleo ni reducir derechos laborales.
Finalmente, aborda las diferencias surgidas con Republicanos tras los dichos del diputado Agustín Romero sobre Evelyn Matthei. Aunque reconoce que hubo molestia, afirma que ambas colectividades esperan mantener una relación de cordialidad y advierte que “el único que gana es la oposición cuando ve que existen quiebres”.
Militares a las calles y debate en seguridad
—Esta semana estuvo marcada por el crimen del niño de 12 años en San Bernardo, lo que reavivó el debate en seguridad y, en particular, la idea de sacar a los militares a las calles, algo que el presidente Kast calificó como “populista”. ¿Cuál es su visión al respecto?
Mire, lo primero: la prioridad sigue siendo la seguridad para todos los chilenos y, evidentemente, todas las herramientas que estén al alcance para empezar a devolver la tranquilidad a los chilenos son positivas. Yo, al menos, no me cierro a ninguna, pero me parece que también hay que tener sensatez respecto del efecto que tiene la medida o que podría tener.
Por cuanto hoy día a mí me parece que todavía falta que haya más atribuciones y que esté mucho más clara la forma en que actúan las Fuerzas Armadas, y me refiero particularmente a las Reglas de Uso de la Fuerza (RUF), que aún no terminan su tramitación. Por lo tanto, las Fuerzas Armadas pueden tener un efecto, pero un efecto más bien disuasivo, persuasivo, y no tienen la capacidad de actuar. Están acompañando a Carabineros, que son las fuerzas de orden y seguridad llamadas a cumplir esta función. Yo agotaría los medios para que ellos (Carabineros) cumplan adecuadamente su función y para que se coordinen efectivamente las decisiones y todas las instituciones del Estado en lo que es la prevención, la persecución y también la sanción frente a hechos como el último, que nos ha remecido a todos.
—¿Cree que el Gobierno le ha dado la urgencia suficiente a la tramitación de las Reglas de Uso de la Fuerza?
Hasta ahora no se ha avanzado en el trámite y vamos a seguir nosotros, desde lo legislativo y particularmente desde la UDI, insistiendo en que esto avance. Porque me parece que es, evidentemente, una necesidad que se legisle sobre ello y que se entregue claridad, más aún con lo que están planteando desde el Partido Comunista: hacer modificaciones que pretenden eliminar el corazón de la Ley Naín-Retamal.
Las señales tienen que ir en sentido contrario para la ciudadanía. Eso significa, por una parte, mantener la Ley Naín-Retamal sin ninguna duda y, por otra, fortalecerla con otra legislación, como son las Reglas de Uso de la Fuerza. En eso hay que darle urgencia y prioridad.
—Al tachar la idea de sacar a los militares como populista, el Presidente recordó el caso de un conscripto condenado por hechos ocurridos durante el estallido social. Tras eso, los libertarios anunciaron que impulsarán un indulto general para uniformados condenados en ese periodo. ¿Qué le parece esa propuesta?
Lo primero, en relación con las Fuerzas Armadas, yo tengo que decir que represento a la Macrozona Sur y que el Estado de Excepción es otro punto que me faltó señalar con anterioridad. Porque, si bien han tenido un efecto, que lo tienen desde lo disuasivo, no puede pasar que se termine normalizando la participación de las Fuerzas Armadas en el control del orden público. Entonces, me parece que también es riesgoso instalar un Estado de Excepción que después continúe de manera permanente.
Por eso insisto en que el Estado de derecho tiene que funcionar, y el Estado de derecho implica que el control de la seguridad y la tranquilidad de los chilenos lo tienen las fuerzas de orden y seguridad. Las situaciones de Estado de Excepción son precisamente de excepción y para situaciones extraordinarias. Llevamos más de cuatro años en la Macrozona Sur con esa situación, todavía. Entonces, parece que también es un riesgo que eso se pudiese ampliar a otros lugares. Por eso insisto, y creo que el ministro Arrau está haciendo un trabajo respecto del cual esperamos que los resultados empiecen ya a tener efectos en la tranquilidad de la ciudadanía.
Y respecto del proyecto relacionado con el estallido social (…) me parece que las señales de respaldo a las Fuerzas Armadas y Carabineros en un periodo tan grave como fue este estallido delincuencial, a mi juicio, donde se destruyó Chile, deben estar dirigidas hacia quienes fueron los encargados de cumplir su rol en ese momento, que fue resguardar la tranquilidad, la seguridad y proteger el orden público, además de la infraestructura pública y privada.
Por lo tanto, en principio, con ese sentido de respaldo hacia las policías, a mí me parece razonable el proyecto de ley. Pero todavía no lo hemos analizado, discutido ni conocido en su totalidad.
—¿Pero usted adhiere a este indulto generalizado del que hablan los libertarios?
Si hablamos de indultos, los indultos hoy día son una facultad del Presidente de la República que se analiza caso a caso. Y una ley que indulte de manera generalizada, teniendo un buen fondo, o a lo mejor compartiendo el fondo, a mí me parece que de todas formas debe analizar los casos en particular.
—Ahora, la Cámara avanzó con el proyecto denominado “antiencapuchados” y, en paralelo, el Gobierno impulsa el Registro de Vándalos. ¿Le parece que ambos van en la dirección correcta para enfrentar el problema de la delincuencia?
La situación de inseguridad que viven los chilenos hoy día es una primerísima necesidad y las señales deben ser muy claras respecto de ponerse del lado de las víctimas, legislar y también tomar acciones desde el Ejecutivo, desde la política pública, respecto de cómo se coordina y cómo actúa el Estado para empezar a recuperar la tranquilidad de los chilenos. Y a mí me parece que no puede ser gratis que una persona dañe infraestructura pública o privada, que cometa hechos que atenten contra la seguridad de las personas o que genere un ambiente donde, la verdad, se relativiza el cumplimiento del Estado de derecho.
Esas personas tienen que tener alguna sanción desde lo social o también respecto de los beneficios que el Estado les entrega. Por cuanto están destruyendo el Estado, no me parece que sea el propio Estado el que también les esté entregando beneficios, al menos por un tiempo. En ese sentido, yo comparto el fondo y el espíritu del registro, más allá de que hay que revisar situaciones que quizás puedan estar de alguna manera un tanto desproporcionadas. Eso habrá que revisarlo y analizarlo en su momento, durante el debate de la ley.
—Respecto del altercado que protagonizó el presidente Kast en Villarrica, donde discutió con una mujer que estaba acompañada de su hijo, ¿qué le pareció su actitud ante esta situación?
La verdad es que yo he visto lo que circula en redes sociales, pero como no estuve ahí, no vi el contexto ni cómo fue la situación, ni si ocurrió una manifestación con una gran cantidad de gente… La verdad es que no me voy a pronunciar en particular sobre esa situación.
AC contra Grau y megarreforma
—Pasemos a la acusación constitucional contra el exministro Grau, que avanzó con el respaldo de la UDI. Pero, al mismo tiempo, el presidente de su partido impulsa una reforma para elevar los requisitos de las acusaciones. ¿Le parece adecuado avanzar en ese cambio?
Creo que la acusación constitucional hoy día es una herramienta que está para que sea utilizada por parte del Parlamento, porque somos un organismo fiscalizador.
Me parece y comparto que haya cambios en la cantidad de firmas y en los quórums que se requieran para su aprobación en la Sala. Y en lo que estoy más de acuerdo aún es en que exista una instancia previa a la acusación constitucional. Hoy día está al mismo nivel el momento en que se utiliza una comisión investigadora, una interpelación o una acusación constitucional. Cualquiera de ellas se puede usar en cualquier momento y, a mí me parece que, en el caso de un ministro, debiese estar reglamentado que primero exista una interpelación antes de una acusación constitucional. Me parece que son propuestas bastante razonables para utilizar esta herramienta de control respecto de las autoridades del Estado.
—Ahora, ¿cree que de aprobarse esta acusación contra Grau podría provocar futuras acusaciones, como las que ya se mencionan desde la oposición? ¿Qué le parece esa postura?
Bueno, no me sorprende que se haya hecho ese planteamiento. Pero también tengo que decir que esta es una herramienta que hoy día está para que sea utilizada por quienes somos parlamentarios. Por lo tanto, también me parece que, cuando existen herramientas que se pueden utilizar, lo más importante es que quienes las utilicen tengan la convicción de que es necesario hacerlo.
Cuando la utilizamos nosotros —aunque nosotros no firmamos esta acusación como partido; sí votamos a favor, pero no fuimos parte de la presentación—, quienes lo hicieron tenían la convicción de que era necesario y contaban con argumentos para ello. Asimismo, si hoy lo están planteando otros sectores de oposición, también tienen derecho a hacerlo. Lo que no me parece es que se haga solo como una moneda de cambio, como un empate o como una respuesta netamente política a lo que hicieron los diputados que acusaron al ministro Grau. Si se utiliza de esa manera, la verdad es que se desnaturaliza esta herramienta constitucional.
—Pasemos a la megarreforma, que fue aprobada en general por el Senado y ahora comienza su discusión en particular. ¿El Gobierno debe buscar un acuerdo amplio o basta, por ejemplo, con ir aprobándola por uno o dos votos?
Bueno, la democracia funciona a través del voto y, cuando no hay un quórum específico, las decisiones se toman por mayoría. Más allá de eso, que hoy día fue un resultado favorable al oficialismo, evidentemente todos quisiéramos que siempre existiera una mayoría más sustantiva al momento de las votaciones. Pero eso ya no ocurrió.
Hubo canales para ofrecer acuerdos, conversar y dialogar, pero también hubo una postura desde la oposición que fue muy clara desde el comienzo. Al menos así ocurrió en la Cámara de Diputados y no cambió mucho desde el inicio hasta el término de la tramitación y las votaciones.
No cambió la postura que había planteado la oposición de oponerse y votar en contra, más allá de las conversaciones y diálogos que existieron y que no fructificaron en ese sentido. Y, bueno, esa es la libertad que tiene cada parlamentario para tomar su decisión.
Ahora, claro que es mejor cuando existe un mayor acuerdo, porque habla de una mayor adhesión. Pero insisto: en democracia los resultados se definen por votación. Más allá de que se señale que esto se deslegitima, que el próximo gobierno podría cambiarlo o que se trata de un resultado sin contundencia, a mí me parece que la validación de esta megarreforma se verá en el tiempo, a través de sus efectos y del impacto que tenga en la economía del país y en la vida de los chilenos.
Contratos por hora y reactivación del empleo
—Pasando al empleo, que preocupa sobre todo en esta región. ¿Qué le parece que el Gobierno impulse este proyecto que permite los contratos por hora? ¿Cree que es una herramienta útil para reactivar el empleo?
Bueno, la megarreforma tiene por objetivo principal mejorar la competitividad, una competitividad que se basa en generar condiciones que sean, desde el punto de vista tributario, más beneficiosas para atraer inversión. Y atraer inversión, ¿qué significa? Significa mejorar la capacidad productiva. ¿Y eso qué significa? Mejorar el empleo.
Hoy día, además, la región del Biobío tiene una condición de desempleo que afecta mayoritariamente a las mujeres. Pero en el país, en general, hay una situación muy grave en materia de inseguridad económica e inestabilidad. Entonces, a mí lo que me parece, y en eso comparto, es que se entreguen condiciones más favorables para la contratación formal y que no aumenten las contrataciones informales, que bordean el 30% y más en algunos rubros.
Entonces, ¿qué es lo que queremos? Queremos empleos estables y formales. Y cuando existe la posibilidad de flexibilizar normas para que haya contratos formales, más allá de la cantidad de horas, yo estoy de acuerdo.
Además, hay que evaluar en qué ámbitos pueden aplicarse. Por ejemplo, en turismo o gastronomía, donde existe una estacionalidad muy marcada, como ocurre en nuestra región y más al sur. Claramente, son condiciones beneficiosas para que existan contratos por horas o por menos horas, pero que sean formales y proporcionales, por supuesto, a las rentas establecidas hoy en la legislación. En ningún caso eso significa precarización ni quitar derechos laborales, porque además se trata de contratos que se firman de acuerdo entre las partes.
—A propósito de eso, el diputado Luis Cuello (PC) comparó este proyecto con la situación de los obreros del salitre, a quienes les pagaban con fichas. Básicamente, dijo que la posición en la que estará un trabajador al negociar un contrato por horas con una gran empresa será la misma que tenían esos obreros. ¿Qué le parece esa comparación?
Esa es la típica retórica añeja y retrógrada del Partido Comunista: entrar nuevamente en una lucha de clases, en la lucha del capital contra el pueblo. Aquí no se está hablando de eso de ninguna manera. Son tiempos muy pasados. El avance en materia de derechos de los trabajadores ha sido sustantivo con el paso del tiempo.
Insisto, no se trata de precarizar derechos laborales. Aquí lo que se está haciendo, o lo que se quiere plantear, es una forma de buscar un equilibrio entre oportunidades laborales, en ámbitos que son estacionales. Cuando hablamos de pequeñas y medianas empresas, de pymes, respecto de las cuales todos hablamos en favor, a una pyme claramente le resulta mucho menos exigente o le entrega una oportunidad contar con un contrato que esté en condiciones de pagar. Por ejemplo, puede tomar la decisión de pagar una cantidad fija de horas cuando, al hacer su análisis de recursos, le alcanza para financiar media jornada o un cuarto de jornada, transformado en horas. Cuando hablamos de horas, en el fondo también podemos hablar de jornadas (…).
Es una de las formas de flexibilizar el mercado laboral. Y flexibilizar no significa retroceder en derechos ni en beneficios, y mucho menos precarizar.
Flor Weisse por crispada relación de UDI con Republicanos
—Para ir cerrando, ¿cómo está la relación de la UDI con Republicanos después de los desencuentros entre el diputado Romero y Evelyn Matthei? Además, el ministro Arrau la llamó a informarse. ¿Cómo han tomado esos dichos y cómo está hoy la relación?
Mire, nosotros somos parte de los partidos que apoyamos al Gobierno. Lo hemos hecho con lealtad y con toda responsabilidad también, criticando cuando corresponde hacerlo en privado y apoyando en público, que es algo que hemos repetido. Tenemos una bancada que se ha mostrado disponible, que ha respaldado e incluso ha comprometido votos en algunos casos, después de estudiar, analizar y leer las propuestas (…) hemos llevado una buena relación. Hay situaciones que, evidentemente, ocurren, con opiniones que a veces pueden tener matices o sesgos distintos, pero en lo general nosotros no perdemos de vista que somos parte del oficialismo y del apoyo al Gobierno.
Lo que ha habido son opiniones respecto de las cuales nosotros también hemos planteado la inconveniencia de que ocurran. Hemos expresado nuestra molestia, ustedes lo saben porque ha sido público. Pero luego de eso también se hizo la reflexión necesaria desde el Partido Republicano, así lo han señalado, y nosotros esperamos mantener una relación de cordialidad.
—¿Hubo disculpas?
Sí, hubo. Partiendo por el presidente del partido, después de conversar en el comité político. El presidente (Arturo) Squella, tal como también lo señaló el presidente Guillermo Ramírez, manifestó su posición respecto de estas situaciones. Creemos que no ayuda al avance de relaciones fluidas mantener este tipo de disputas. Yo creo que ahí el único que gana es la oposición cuando ve que existen quiebres o que pueden existir fisuras.
Evidentemente, la política la hacen las personas y pueden cometerse errores al usar una expresión u otra, o puede pensarse de determinada manera, y eso es legítimo. Pero voy a que esas diferencias deben abordarse de manera interna y no pública, porque al final eso puede provocar una situación que siga escalando.
Se genera un tema comunicacional que a veces incluso se exagera más allá de lo que realmente significó un comentario realizado de una u otra manera. Entonces, hoy día eso lo tenemos que entender. Tanto nosotros como UDI, como también el Partido Republicano, esperamos que esas situaciones no se repitan. Eso es lo que esperamos.
—¿No cree que esto deja entrever que hay dos almas distintas dentro del Gobierno? ¿Dos almas que funcionan de manera diferente?
Es que somos partidos distintos, y no somos solo dos; hay más partidos que están apoyando al Gobierno. Y esa diferencia tampoco es algo imposible de manejar o de llevar en equilibrio, en armonía, haciendo aportes desde miradas distintas y representando también diferentes posturas de la ciudadanía.
Por lo tanto, pueden existir miradas distintas, sensibilidades distintas, pero no me parece en ningún caso que eso impida trabajar de manera adecuada, con sentido de equipo y unidad de propósito, para que avancemos como país, para que al Gobierno le vaya bien y para que avancemos en materia de seguridad, seguridad económica, inversión, trabajo y atención en salud. En esos temas tenemos que poner todos nuestros mejores esfuerzos.
Y estoy convencidísima, no tengo ninguna duda, de que son muchas más las cosas que nos unen de manera troncal que las diferencias que podamos tener, las que, por supuesto, también forman parte de la democracia, del trabajo político y de las conversaciones que queremos llevar adelante como bloque oficialista.
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