Tras el retorno de los diálogos encaminados a consolidar oficialmente la conurbación Temuco-Padre Las Casas como «Zona Metropolitana Gran Temuco», se evidencia que la voluntad edilicia de constituir ambas comunas en el tercer polo jurídico metropolitano de Chile ha sido consistente a través de los años.
Ya desde 2022, ambas autoridades comunales consensuaron la creación de la «Asociación de Municipalidades de la Zona Metropolitana de La Araucanía (AMZOMA)», figura que pretende potenciar el trabajo mancomunado ante aquellas deficiencias estructurales que afectan indistintamente a los dos municipios.
Indicios de inequidad en la dupla metropolitana
Como primer desafío, la AMZOMA propuso un convenio de colaboración con la Municipalidad de Temuco, a través del «Proyecto de Seguridad AMZOMA», concebido para el financiamiento del patrullaje preventivo, el resguardo de las vías públicas y una mayor fiscalización en materia de seguridad ciudadana para el centro de Temuco.
De este modo, el gran municipio, a través de la figura legal de la Asociación de Municipalidades, obtuvo un presupuesto millonario para mejorar la seguridad de sus calles, a expensas de un proyecto conjunto cuyos recursos beneficiaran a ambas comunas.
Peor aún, el comportamiento del municipio de Temuco dentro de la AMZOMA no ha hecho más que mancillar la reputación del organismo, acumulando un verdadero prontuario de irregularidades laborales y administrativas en el manejo de los recursos públicos asignados, poniendo en tela de juicio la credibilidad de dicha asociación y dando paso a un proceso investigativo interno a raíz de numerosas denuncias recibidas.
Debido a ello, y como era de esperarse, la renovación de los recursos destinados al «Proyecto de Seguridad AMZOMA» en 2026 enfrentó una justificada oposición y un intenso debate en el Concejo Municipal de Temuco, pese a lo cual se aprobó nuevamente la entrega de los fondos para el período en curso, tras una votación profundamente dividida y un pago parcializado en tres cuotas durante el año, sujetas a revisión por el Concejo y sometidas a una obligatoria transparencia en la rendición de los gastos.
La otra cara de una… ¿misma moneda?
Por su parte, apenas dos años después de haberse creado la AMZOMA, el Concejo Municipal de Padre Las Casas ya expresaba su malestar debido a la hegemonía excluyente ejercida por el municipio de Temuco en el seno de la Asociación, reduciendo el rol de la entidad vecina a un mero pago anual de su membresía. Alegó, además, que la corporación no era informada debidamente ni consultada en la toma de decisiones, arrogándose el municipio mayor el control casi absoluto del organismo, con escasos beneficios para su par comunal, hechos que llevaron a replantear la permanencia de Padre Las Casas en dicha institución.
Peligro inminente tras la metropolización oficial del Gran Temuco
Si bien la conurbación articulada por Temuco y Padre Las Casas ha superado la mera contigüidad física para encaminarse hacia una fase irreversible de metropolización legalmente institucionalizada, la historia de este fenómeno en América Latina ha mostrado un patrón recurrente: la subordinación de las entidades periféricas frente al «cetro dominante», con efectos que erosionan su participación en las decisiones, sus posibilidades de crecimiento, la autonomía sobre sus suelos y espacios urbanos y, en el largo plazo, incluso su identidad territorial.
Porque, aun cuando Padre Las Casas conserve buena parte de las características propias de una comuna dormitorio desde su emancipación en 1995 —año en que dejó de constituirse como el «patio trasero de Temuco»—, su extensa zona rural alberga el mayor foco de asentamientos mapuche del país, con una carga histórico-cultural de incalculable valor.
La utopía de un desarrollo heterogéneo
Por ende, la constitución in iure del área metropolitana del Gran Temuco, amparada en los instrumentos de descentralización y planificación urbana recogidos en la Ley N° 21.074, exigirá para Padre Las Casas un verdadero salto de fe, a la luz de la conducta hegemónica y arbitraria ejercida por el municipio mayor en el contexto de la AMZOMA. Tendrá que confiar en que han de ser consideradas las singularidades ontológicas y patrimoniales de su territorio desde una perspectiva de desarrollo diferenciador.
Premisa que solo podrá materializarse ideando un plan de regulación urbana consistente, protector e integrador, capaz de amordazar las mandíbulas depredadoras de un mercado inmobiliario sin escrúpulos y siempre al acecho de suelo periurbano; gestionando, además, un conjunto de políticas orientadas a potenciar el valor identitario del territorio ancestral por sobre el acostumbrado paradigma de estandarización; y, sobre todo, garantizando su compromiso con el desarrollo sostenible de su contraparte, otorgándole voz y participación efectiva en todas las decisiones de carácter metropolitano. ¿Será esto posible?
—¡Volksgeist! —gritaría Herder desde su tumba, contraviniendo tal utopía con esta sentencia—: «Por consiguiente, nada se opone tanto al fin de los gobiernos como esa mezcla incontrolada de estirpes y razas bajo un solo cetro. El cetro de un hombre es muy débil y pequeño para reunir lo heterogéneo».
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