Los científicos calculan que la capa de ozono podría estar recuperada en unos 40 años y aseguran que ya están observando evidencias claras de ello, que se produjeron a raíz de tratados internacionales del medio ambiente que buscan conservarla.
De acuerdo con la NASA, la capa de ozono es la capa de la atmósfera terrestre que absorbe la mayor parte de la radiación ultravioleta (UV) del Sol, es decir, actúa como escudo para la vida en la Tierra ante los rayos UV.
Sin embargo, el ozono comenzó a disminuir hace ya varias décadas producto de la actividad humana, según han estudiado los científicos.
Ante este escenario, se firmaron acuerdos como el Protocolo de Montreal, al que luego se sumó la Enmienda de Kigali para disminuir las sustancias o gases de efecto invernadero que dañan la capa de ozono. Ahora, los expertos señalan que hay evidencia clara de que estos esfuerzos funcionan.
“Los últimos resultados, que forman parte de la evaluación científica de 2026 (que se presentarán a final de año) muestran una recuperación clara del ozono en la alta estratosfera entre 2000 y 2024 y prácticamente en todas las latitudes“, explica en una entrevista con EFE Verde Alberto Redondas Marrero, científico del Centro de Investigación Atmosférica de Izaña (AEMET).
“Pero todavía no podemos decir que la capa de ozono esté recuperada. En la baja estratosfera la situación es más compleja y no observamos una señal de recuperación tan clara. Además, si miramos la cantidad total de ozono, todavía estamos aproximadamente un 2 % por debajo de los niveles históricos para el promedio entre 60°S y 60°N, y las diferencias regionales son importantes”, advierte.
La recuperación de la capa de ozono
Mañana 16 de septiembre se conmemora el Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono, que recuerda la fecha de la firma del Protocolo de Montreal en 1987, hace ya casi 40 años, pero Redondas señala que su recuperación toma bastante tiempo, especialmente en la Antártica, donde el daño fue mayor.
“La recuperación completa necesita tiempo porque los CFC (los gases artificiales compuestos por carbono, cloro y flúor que destruyen la capa de ozono) permanecen en la atmósfera durante muchas décadas. Las proyecciones indican que podríamos volver aproximadamente a los niveles de 1980 hacia 2040 para el promedio global, es decir, dentro de unos 15 años, mientras que en la Antártica tendremos que esperar hasta la década de 2060, unos 35–40 años más“, plantea.
“Hemos eliminado en gran medida la causa principal del problema y la recuperación de la capa de ozono ya ha comenzado”, asegura el experto, “sin embargo, la recuperación es mucho más lenta que su destrucción”.
Los problemas en la capa de ozono han sido paralelos al gran desafío global del medio ambiente: el cambio climático. Aunque Redondo señala que no son lo mismo, están ligados.
“Son dos problemas distintos, pero profundamente relacionados. La destrucción de la capa de ozono fue causada principalmente por los CFC y otras sustancias que liberan cloro y bromo en la estratosfera”, explica.
“El cambio climático, en cambio, está provocado fundamentalmente por el aumento de gases de efecto invernadero como CO₂, CH₄ y N₂O. Pero existe una conexión muy importante: los CFC también son potentes gases de efecto invernadero“, puntualiza el científico.
De hecho, el Protocolo de Montreal no solo ha protegido la capa de ozono, sino que también ha evitado una cantidad considerable de calentamiento global. “Los resultados preliminares de la evaluación 2026 estiman que las medidas adoptadas podrían haber evitado aproximadamente entre 0,25 y 0,9 °C de calentamiento hacia 2050, dependiendo de cómo se contabilicen las diferentes sustancias y escenarios”, añade.
Asimismo, Redondo explica que el cambio climático modifica la capa de ozono. Por ejemplo, cuando el aumento del CO₂ calienta la superficie y la troposfera, pero enfría la estratosfera, ralentiza algunos de los mecanismos que dañan el ozono y contribuye a su recuperación.
“El cambio climático también modifica la circulación atmosférica que transporta el ozono desde los trópicos hacia las latitudes medias y polares. Por eso, a medida que desaparezca la influencia de los CFC, el futuro de la capa de ozono dependerá cada vez más del propio cambio climático”, asegura.