Las intensas lluvias en la zona centro-sur de Chile están causando preocupación debido a posibles inundaciones. Un experto explica cómo responden los ríos a estos frentes de precipitaciones.
Esta semana, intensas precipitaciones están afectando gran parte de la zona centro-sur de Chile debido al sistema frontal y una de las mayores preocupaciones es el aumento del caudal de los ríos, así como el comportamiento de esteros y quebradas, pero ¿qué puede pasar exactamente con estos cursos de agua?
El Dr. Diego Caamaño, académico de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), explica este fenómeno en un comunicado de la casa de estudios y señala que no necesariamente depende de la cantidad de lluvia.
“Para entender las inundaciones, lo importante no es solo conocer cuánta lluvia cae, sino cuánta agua llega al río y qué tan rápido llega. La misma cantidad de lluvia puede pasar sin consecuencias o provocar una emergencia, dependiendo de algunas condiciones”, aclara.
De acuerdo con el experto, también hay que considerar elementos como el estado del suelo, por ejemplo. “Cuando comienza a llover, el suelo absorbe el agua igual que una esponja seca. Sin embargo, llega un momento en que se satura y deja de absorber. Desde ese instante, prácticamente toda el agua escurre hacia ríos y esteros”, explica.
Caamaño dice que para estas precipitaciones el suelo juega un importante rol porque no es un solo sistema frontal, son varios que continuarán hasta la próxima semana. Los primeros sistemas frontales pueden saturar el suelo y, para los siguientes, el terreno ya no podrá absorber más agua.
Esto significa que una mayor proporción de las precipitaciones terminará rápidamente en los cauces.
¿Cómo responden los ríos a un sistema frontal?
Sin embargo, el experto puntualiza que el comportamiento de los ríos depende también del tipo de cuenca. Por ejemplo, los ríos de gran tamaño que nacen en la cordillera de los Andes —como el Biobío o el Itata— tardan más en responder a los frentes.
Esto ocurre porque parte del agua de lluvia queda retenida en forma de nieve. Además, los extensos valles amortiguan las crecidas. Estos aumentos de caudal pueden demorar horas o incluso varios días.
En cambio, ocurre de manera distinta con ríos o esteros que están ligados a la cordillera de la Costa. Algunos ejemplos pueden ser el Andalién, Nonguén, Bellavista, Pichilo o Carampangue.
El académico advierte que “son cuencas pequeñas y empinadas. No tienen nieve que retenga el agua ni grandes valles que amortigüen las crecidas. El agua baja muy rápido y estos ríos pueden aumentar su caudal en pocas horas”.En ríos con crecidas más lentas es más fácil anticipar emergencias, pero en los ríos costeros el margen de reacción es más complejo. “Si vive junto a un río costero, el tiempo de respuesta puede ser de horas e incluso de minutos. En estas cuencas ya no basta con esperar a que el río suba; es necesario anticiparse utilizando el pronóstico de precipitaciones”, advierte Caamaño.
Hoy en día existen sistemas que pueden integrar modelos meteorológicos, hidrológicos e hidráulicos que estiman cuánta lluvia caerá, dónde, cuánto aumentará un caudal y la altura y velocidad que alcanzará el agua. “La diferencia es clave. No se trata de medir el nivel del río cuando ya subió, sino de calcularlo antes de que ocurra“, señala.
Pero estas herramientas, apunta el experto, requieren igualmente información histórica sobre cómo se comportan los ríos. Cuencas como la del Biobío, por ejemplo, tienen registros suficientes, pero a la fecha existen muchos ríos y esteros de los que no hay suficiente información para mejorar las predicciones.
¿Qué medidas se pueden tomar?
Caamaño dice que la clave es la planificación territorial, que implica no edificar en zonas que pueden ser alcanzadas por estos cauces. En este contexto, recomienda “no construir en quebradas ni en planicies de inundación, porque justamente para eso existen esas planicies”.
Y añade que “la mayor parte de las veces que decimos que el río se salió, contamos mal la historia. En realidad, el río volvió a donde siempre estuvo y nosotros llegamos después“.
También advierte que hay que actualizar los sistemas de evacuación de aguas lluvias y defensas fluviales, ya que muchos están basados en precipitaciones de hace cuatro décadas y el clima está cambiando.
“Hoy llueve menos que antes, pero llueve distinto: en menos días, con precipitaciones más intensas y con menos nieve. Tenemos menos agua en total, pero mucho peor distribuida”, puntualiza.
Sin embargo, los temporales “se repiten y, muchas veces, afectan los mismos lugares y, justamente porque se repiten, son fenómenos que podemos conocer mejor y anticipar con mayor precisión”, concluye.
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