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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Un relato de Alan Turing desmitifica lo que se pensaba de la figura del "padre de la informática moderna" y sugiere que posiblemente fue un hombre sociable, con sentido del humor y disfrutando de su homosexualidad. La historia revela un Turing distinto al retratado en películas, mostrando un lado juguetón y divertido.

Un relato de Alan Turing que recientemente fue transcrito y estudiado revela que el llamado “padre de la informática moderna” no era un científico “aislado” como se pensaba, sino que tenía un curioso sentido del humor, era sociable y disfrutaba de su sexualidad.

Recordemos que Turing fue el célebre matemático británico que descifró el código Enigma nazi durante la Segunda Guerra Mundial y también sentó las bases para la creación de las primeras computadoras y la inteligencia artificial (IA), por allá en los años 40’s.

Sin embargo, más tarde fue procesado por ser homosexual y murió a los 41 años intoxicado por cianuro en extrañas circunstancias. A la fecha no se ha esclarecido su muerte, pero la versión oficial de la época señala que habría sido un suicidio.

Ahora, un nuevo estudio de Sarah Dillon, profesora de literatura de la Universidad de Cambridge, entrega más detalles sobre su vida. Durante años, los historiadores lo han descrito como un hombre aislado, con dificultades para relacionarse y obsesionado con los números, como lo representa el actor Benedict Cumberbatch en la película The Imitation Game (2014). Pero es posible que no fuera así.

“Hemos destilado una versión de Turing que es un estereotipo bidimensional”, explica Dillon en un comunicado de la casa de estudios. “Se le ha llegado a considerar socialmente ingenuo, obsesionado con la lógica y los números, y bastante aislado. Su relato corto revela a un hombre muy diferente: juguetón, divertido, descarado, culto y alguien a quien realmente le gustaba el sexo”, añade.

El revelador relato de Alan Turing

El relato, que había permanecido conservado en el King College de Cambridge, se titula “La boya de Pryce” y, según concluye la investigadora, es una obra autoficcional.

En 6 páginas escritas a mano, el matemático cuenta la historia de dos hombres: Ron Miller, un joven prostituto de clase trabajadora, y Alec Pryce, un científico homosexual famoso por un invento que realizó cuando tenía veinte años, al que llama la “boya de Pryce”.

Desde Cambridge señalan que el personaje de Alec “claramente” representa al propio Turing y Dillon “no tiene ninguna duda” de que este escrito es una recreación ficticia directa de un encuentro sexual que se habría dado en 1951 y que, más adelante, condujo al arresto de Turing por “indecencia grave”.

En la historia, Alec sale en busca de “diversión” tras haber tenido unos días intensos de trabajo. Ron, por su parte, es un hombre desempleado que busca ganar dinero con el sexo. Tras conocerse, ambos se sientan en un banco y evalúan la situación.

Allí describe sus impresiones. Alec pensaba, con un dejo de humor, que Ron “no era una belleza, pero tenía cierto atractivo. No se podía ser exigente”.

Turing también escribió que Ron “no era partidario de las conversaciones rebuscadas. Al final, todo iba a ser igual. Una cama es una cama, sin importar cómo te metas en ella. Alec pensaba diferente”.

Me encanta la vacilación, la forma en que evoca la incertidumbre de un posible encuentro sexual, la preocupación de ‘¿estaré interpretando mal esta situación?’. ‘¿Voy a meter la pata?’. ‘¿Voy a ir demasiado lejos?’. ‘¿Qué querían?’. ‘¿Qué quiero yo?’. ‘¿Puedo echarme atrás?’. Turing capta esas tensiones, el acercarse y el retroceder. Lo hace realmente bien”, analiza Dillon.

La académica de Cambridge explica que luego ambos van a un restaurante, pero entonces la historia se interrumpe abruptamente. Las últimas palabras son “Ron no lo haría”.

“Claramente había más, y eso es muy frustrante. No sabemos qué pasó con el resto. No sabemos si la madre de Turing lo censuró. ¿Se volvió más explícito sexualmente? ¿Cómo terminó? Eso es frustrante, pero todo lo demás es emocionante”, plantea la investigadora.

Leía literatura homosexual

El estudio de Dillon también revela que, antes de su muerte, Turing se sintió inspirado por la literatura homosexual, especialmente por obras de Angus Wilson, novelista y cuentista inglés que fue uno de los primeros autores abiertamente homosexuales de Inglaterra.

En 1952, Wilson publicó Hemlock and After, una novela gay pionera que, según la profesora Dillon, tuvo un profundo impacto en Alan Turing. De hecho, sugiere que para el relato “La boya de Pryce” copió el estilo y dicción del autor.

“Wilson demostró que la homosexualidad era normal y formaba parte integral de la vida psicológica y social de muchas personas. Además, hizo que la ley que la prohibía pareciera cada vez más absurda”, explica la experta.

“Imagínate ser Turing. Eres un hombre homosexual, has sido procesado, te han obligado a tomar un tratamiento hormonal. Y solo unos meses después, lees esta novela. Debió de ser un momento muy impactante para Turing en medio de tanto trauma”, concluye.

Referencia:

Sarah Dillon. ‘Pryce’s Buoy’: Alan Turing’s autofictional short story. The Review of English Studies, 2026.