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Perú se prepara para elegir a su próximo presidente entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez en una segunda vuelta decisiva. Tras una caótica primera etapa, Fujimori lideró con 17,18% de votos frente al 12,03% de Sánchez. La fragmentación ideológica se refleja geográficamente, con Fujimori en zonas urbanas y Sánchez en regiones andinas. La elección se perfila compleja, considerando la inestabilidad política del país y los desafíos que enfrentará el nuevo mandatario. Fujimori propone orden, economía y social; mientras Sánchez promete reformas sociales y descentralización fiscal.
Después de una acalorada primera vuelta, este domingo, Perú definirá a su próximo presidente o presidenta de la República. La derechista Keiko Fujimori (Fuerza Popular) se enfrentará en las urnas con el izquierdista Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) en una jornada decisiva para el futuro del país.
Cabe recordar que, después de 33 días de caótico escrutinio, recién el pasado viernes 15 de mayo se logró la contabilización oficial del 100% de los votos. Lo que abrió espacios para acusaciones de fraude debido a las demoras en el proceso.
De acuerdo con el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) de Perú, Fujimori fue la candidata más votada al obtener 2.877.678 apoyos (17,18%), mientras que Sánchez recibió 2.015.114 sufragios (12,03%). En el tercer lugar, y por un estrecho margen, quedó el ultraderechista Rafael López Aliaga al sumar 1.993.904 votos (11,90%).
Según la última encuesta presidencial, publicada el pasado viernes 29 de mayo, Sánchez habría acortado distancia con Fujimori, quien lidera las preferencias en la intención de voto con 32,5% a nivel nacional, frente al 29,1% del candidato de Juntos por el Perú.
Las cifras muestran que la fragmentación ideológica del vecino país también se observa a nivel geográfico. La candidata de derecha concentra su mayor respaldo en las zonas urbanas de la capital y en el norte y oriente del país, mientras que el candidato de izquierda logra sus mejores resultados en el interior, especialmente en las zonas andinas y el sur.
Ante este escenario, el proceso de este domingo se perfila complejo, especialmente si se repiten las tensiones de la primera etapa. Como advirtió el investigador del Instituto Libertad, Hugo Jofré, en una columna para este medio, “por el bien de la democracia peruana, resulta vital que no se repitan en la segunda vuelta los problemas en la organización del proceso electoral y del conteo de votos”, de lo contrario, apenas se inicie el nuevo mandato, la palabra fraude resonaría con fuerza por parte de los opositores.
Con estos elementos en cuenta, revisamos a continuación las claves para entender los factores que probablemente jugarán un rol en el balotaje del domingo.
Un país fragmentado y años de inestabilidad política
Durante los últimos 10 años, el país vecino se ha visto inmerso en una crisis político-administrativa caracterizada por una profunda inestabilidad institucional y una extrema fragmentación. No es una exageración: desde 2016, Perú ha tenido ocho presidentes, donde solo dos de ellos han sido electos por votación popular: Pedro Pablo Kuczynski (en 2016) y Pedro Castillo (en 2021).
Esta situación se debe principalmente a un enfrentamiento constante entre el Poder Ejecutivo y el Congreso. Según Katie Angell, experta en ciencia política y editora asociada de la Enciclopedia Británica, en el modelo peruano la autoridad del Ejecutivo depende totalmente de mantener el apoyo del Congreso. Los presidentes suelen asumir el cargo con mandatos débiles, enfrentando oposición inmediata, y gobiernan bajo la amenaza constante de ser removidos.
A lo anterior, se suman los diferentes escándalos en los que muchas veces se han visto envueltos los jefes de Estado. Kuczynski y Vizcarra salieron del poder por graves acusaciones de corrupción; y Pedro Castillo fue destituido y arrestado tras intentar un autogolpe para frenar su tercer juicio político; por solo nombrar algunos.
En este escenario, Roberto Sánchez ya advirtió que estaría dispuesto a dimitir y convocar a nuevas elecciones si enfrenta un “Congreso hostil” que le impida gobernar.
Como dato extra, la inestabilidad política en el país es tal que incluso se ha puesto en riesgo directo el título de Machu Picchu como una de las “Nuevas Maravillas del Mundo Moderno”, distinción otorgada por la New7Wonders Foundation.
Gane quien gane este domingo, heredará un país con una fragmentación legislativa brutal y el desafío de sobrevivir políticamente en un cargo que ha visto pasar a ocho mandatarios en la última década.
Keiko Fujimori, ¿la cuarta es la vencida?
Tras haber perdido los balotajes de 2011 (ante Ollanta Humala), 2016 (Pedro Pablo Kuczynski) y 2021 (Pedro Castillo), la hija de Alberto Fujimori se enfrenta a su cuarto intento por llegar a Palacio de Gobierno.
Su carrera política es de larga data: en 1994, con apenas 19 años, Keiko asumió el rol de primera dama durante el gobierno de su padre. “La hoy aspirante a la Casa de Pizarro carga con una mochila negativa con escándalos de corrupción y violaciones a los derechos humanos sucedidos en el mandato de su padre”, recuerda Jofré.
“Existe cierto resquemor respecto del resguardo de las instituciones democráticas -especialmente, al recordar el autogolpe y cierre del Congreso a manos de Alberto-, pero también es relevante observar su trayectoria reciente, donde ha buscado fortalecer su partido y ha logrado mantenerse en primera línea luego de tres derrotas presidenciales promoviendo orden y reactivación económica”, sostuvo el investigador en una columna.
En cuanto a propuestas y visión política, la candidatura de Fujimori ha consistido en denunciar el “total abandono” del Estado, asegurando que las políticas públicas y programas tienen que estar enfocados en las madres de familia.
Durante el último debate, la candidata hizo mención además a un plan de pacificación nacional que incluye el despliegue conjunto de la policía y militares en el transporte público. También planteó bloquear los flujos financieros de la extorsión y la expulsión de migrantes en situación irregular y la implementación de programas de trabajo penitenciario para que los internos cubran el costo de su propia manutención, según recogió El País.
Roberto Sánchez y el fantasma de la continuidad
El líder de Juntos por el Perú, psicólogo y exministro de Comercio Exterior y Turismo, ha consolidado su respaldo prometiendo una transformación social profunda, un discurso que cala con fuerza en las regiones andinas y del sur. No obstante, la carta de la izquierda carga con el desafío de sacudirse los fantasmas de gestiones anteriores.
Sánchez formó parte del gabinete ministerial durante el convulso gobierno del destituido expresidente Pedro Castillo, lo que ha sido intensamente capitalizado por la campaña de Keiko Fujimori.
Además, recientemente, la Fiscalía de Perú solicitó una pena de cinco años y cuatro meses de cárcel para Sánchez por presuntos delitos vinculados con la financiación de su campaña entre 2018 y 2020. Según recoge La República, el Poder Judicial reprogramó para el próximo jueves 4 el inicio del juicio contra el candidato a la presidencia.
Durante el último debate, el candidato propuso una depuración de la Policía Nacional y la aplicación de la “muerte civil” para funcionarios condenados por corrupción, impidiéndoles volver a trabajar para el Estado, y se comprometió a respetar la autonomía del Banco Central de Reserva (BCR). También habló de un incremento progresivo de la inversión pública en salud y educación y la garantía de contar con al menos un psicólogo en cada institución educativa; entre otras propuestas.
Este lunes, presentó un nuevo plan de gobierno que, según indicó, habría sido consensuado con otras fuerzas políticas. Así, uno de los grandes retos para Sánchez de cara al domingo es convencer al electorado de que su eventual administración garantizaría la estabilidad democrática. Esto cobra especial relevancia luego de sus declaraciones donde deslizó que prefiere dar un paso al costado antes de enfrascarse en una guerra de poderes institucionalizada, lo que llevaría a una nueva crisis presidencial.
¿Están en juego las relaciones con Chile?
Más allá de que la candidata Keiko Fujimori sería la de mayor afinidad con el gobierno de José Antonio Kast, expertos coinciden en que las relaciones bilaterales Chile-Perú son bastante estables y no deberían experimentar mayores cambios, independientemente de quién gane el balotaje.
“Fujimori fue a la toma de mando de Kast; son parte de este mismo círculo de derecha radical global que está surgiendo, donde está también Javier Milei, y tienen una admiración por Donald Trump. Ambos tienen en común más de diez años postulando a la presidencia sin haber ganado. Puede ser que esto genere más cercanía a nivel de mandatarios”, comentó el analista peruano José Ragas, docente en la Pontificia Universidad Católica de Chile.
“Con Roberto Sánchez serán relaciones buenas, probablemente sin cordialidad, cumpliendo con las formalidades, pero sin expresiones, porque evidentemente hay una distancia ideológica. Pero en la medida en que es un asunto de Estado que las relaciones sean buenas, seguramente se van a mantener en ese nivel”, expresó.
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