Artes y Cultura
Jueves 18 octubre de 2018 | Publicado a las 09:20 · Actualizado a las 09:22
Patrimonio y afectividad o el valor profundo de un rallador de queso
Publicado por: Ezio Mosciatti
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Historia de un rallador de queso o por qué deben decidir las propias comunidades lo que es su Patrimonio Cultural.

Varios a√Īos despu√©s de la muerte de mi ‚Äúnonna‚ÄĚ (abuela), nuestra madre nos dio a elegir alg√ļn objeto como recuerdo.

Vitrinas con vidrios biselados, un par de gobelinos de grandes dimensiones, objetos de vidrio de Murano, una pintura de principios del sXX y porcelanas eran parte de lo que pod√≠amos elegir en una casa que reun√≠a cosas que se fueron sumando en m√°s de 70 a√Īos.

Recuerdo que recorrí la casa haciendo a memoria, dejando que afloraran vivencias, sensaciones mientras miraba con atención y mucha calma, con mucho tiempo. Había cosas que me seducían por su belleza, otras por lo que podría hacer con ellas, o por el valor material que tenían.

Me paseaba mirando pero nada me ‚Äútocaba‚ÄĚ, me tra√≠a v√≠vida a mi ‚Äúnonna‚ÄĚ al presente‚Ķ As√≠, llegu√© a la cocina, donde ella era una reina: fue una gran cocinera, y, al estar ah√≠, record√© sus lasa√Īas, ravioles, canelones, capeletis, mientras mi mirada se posaba en un rallador de queso.

Era (es) un objeto de madera bastante r√ļstica, con una hojalata perforada en la parte superior y un caj√≥n para recibir el queso rallado.

Era ‚Äúsu‚ÄĚ rallador, ese que usaba justo antes de servir las pastas. Un rallador que, en ese momento, debe haber tenido 50 a√Īos o m√°s.

Me acerqué, lo toqué y lo recorrí acariciándolo. Al abrir el cajón salió de su interior un profundo aroma a queso de rayar.

Mi elecci√≥n estaba tomada. A mi madre le cost√≥ entender mi decisi√≥n, pensando que era un acto de rebeld√≠a o de menosprecio. Todo lo contrario. Yo amaba a mi ‚Äúnona‚ÄĚ y ese objeto es el que mejor la representa.

Supongo ‚Äďcomo lo vi en una situaci√≥n similar a√Īos m√°s tarde- que si la situaci√≥n la hubiese resuelto un ‚Äúespecialista‚ÄĚ (un tasador, un anticuario), el rallador habr√≠a pasado desapercibido.

El Patrimonio, lo que nos rememora algo o a alguien, lo que refuerza nuestra identidad, no es cosa s√≥lo de ‚Äúespecialistas‚ÄĚ. Tambi√©n tienen que ver con afectividades, con sentimientos, vivencias, factores en los que son fundamentales los propios actores involucrados.

En otras palabras, tal como a m√≠ me pas√≥ con el rallador de queso, que pude elegirlo libremente, son las comunidades las que deben elegir lo que consideran ‚Äúsu‚ÄĚ patrimonio cultural.

No faltará quien diga que el valor que yo le doy al rallador no será el mismo que le darán mis descendientes. Es cierto, pero la valoración que ellos le den dependerá de lo que yo haga al respecto y es evidente que el Patrimonio Cultural es algo vivo, dinámico, que debemos estar revisando, reclasificando, revalorando, teniendo presente que son bienes no renovables. Es decir, es preferible equivocarse protegiendo que lamentar después pérdidas irrecuperables.

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