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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Rosalía debutó en Chile con su gira 'Lux Tour 2026', presentando su aclamado disco 'Lux' en un Movistar Arena lleno de espectadores. El show, dividido en cuatro movimientos, destacó la fusión de música sinfónica y elementos espirituales en un ambiente teatral y emotivo. La cantante española sorprendió con interpretaciones intensas, momentos festivos y hasta un segmento dedicado a confesiones con la presencia de Francisca Valenzuela.

La cuarta visita de Rosalía a Chile marcó un hito no solo en su ascendente relación con el país (debutó en Lollapalooza 2019 como una de las revelaciones globales de la temporada anterior), sino también en la cartelera local de conciertos de este año.

Ayer viernes, la cantante española ofreció la primera de cuatro fechas del ‘Lux Tour 2026’; gira impulsada por su elogiado último disco, ‘Lux’ (2025), que se escuchó casi íntegro ante un repleto y customizado Movistar Arena.

Con velos blancos, imaginería mariana y camisetas con letras del disco destellando en las tribunas, la oriunda de Barcelona ofreció un espectáculo inspirado en los pilares macizos del álbum: las texturas de la música sinfónica, la noción de trascendencia espiritual, la experiencia femenina y su vínculo personal con Dios; todas vetas que en ‘Lux’ se matizan con su propio historial amoroso.

Una playlist previa con maestros de la música clásica ya anticipaba lo que vendría. Y el primer aplauso, de hecho, fue para la orquesta, que se apostó frente a un escenario cubierto al modo de una caja de embalaje. Y fue justamente dentro de una caja de embalaje desde donde emergió Rosalía, vestida de bailarina y en actitud de ballet, para dejar las primeras postales de la noche: ‘Overture’, ‘Sexo, violencia y llantas’, ‘Reliquia’ y ‘Porcelana’, canción que cantó como una auténtica étoile (sobre las puntas de sus pies y en una fina y armónica sucesión de pasos).

Con un show dividido en cuatro ‘movimientos’ (concepto propio de la música clásica), Rosalía se sacudió de cualquier tipo de polémica mundialera para refugiarse en el modo ‘Lux’, donde en un pasaje inolvidable una desgarradora versión de ‘Mio Cristo’ la dejó abatida y entre lágrimas.

Una interpretación emotiva y genuina que se revalorizó aún más gracias a uno de los momentos más interesantes del show: cuando un video pregrabado que marcaba el fin del primer acto mostró al ballet tras bambalinas imitándola con graciosa blur (con cariñosa burla), distendiendo poco a poco y sólo con gestos y muecas un Arena que hasta ese instante reaccionaba más contenido que eufórico. Por el tono de la propuesta, desde luego. Pero sobre todo por el carácter sacro de ‘Lux’, que en su gira promocional se respira en cada mínimo detalle.

La segunda sección, mucho más festiva que la anterior, trajo el único esbozo de reguetón del setlist: ‘Saoko’, que dio paso a ‘La Fama’ y ‘La combi Versace’. La distintiva ‘De madrugá’, pieza que iba a ser parte de ‘Malamente’ (2018) y terminó en ‘Lux’, fue otra de las pistas que caló anoche en la audiencia.

La flamenca ‘El redentor’ y una orquestada reversión del clásico ‘Can’t Take My Eyes Off You’ (con Rosalía dentro del marco de un cuadro mientras recibía flashes de un público de museo) marcaron el tercer movimiento de la catalana, el más distendido y donde irrumpió el confesionario, que en su primera fecha en Chile tuvo a Francisca Valenzuela como protagonista.

Tras un relato y una confesión que dejó con hambre a la audiencia (no reveló nombres de los sospechosos), vino la más coreada de la noche: ‘La perla’, hit del nuevo álbum y tema que le trajo “bardo” en Argentina. En ‘La yugular’, una lluvia de escarcha la acompañó en la soledad de una escalera.

El último tramo del recital, sin embargo, fue trance y fiesta. El “Intermezzo”, sección especial e instrumental del montaje, estuvo dedicado a la orquesta y a su directora: la cubana Yudania Gómez Heredia (Yudi Heredia). Con Rosalía ahora junto a sus músicos y en la bandeja central, vinieron ‘Dios es un stalker’ y la ‘La rumba del perdón’, que la artista de 33 años (“la edad de Cristo”) dedicó a sus tierras catalanas.

El momento surrealista de la velada vino con ‘CUUUUuuuuuute’, cuando una suerte de incensario parlante comenzó a balancearse sobre el público en un vertiginoso y revulsivo vaivén electrónico —en el caos sonoro de ‘CUUUUuuuuuute’—, que transformó lo que antes parecía una iglesia en una momentánea pero intensa rave.

El cuarto movimiento, que dibuja la despedida, marcó el pulso del desenlace con ‘Bizcochito’ y ‘Despechá’ (dos hits de alto vuelo viral del repertorio), para luego cerrar con ‘Focu ‘ranni’ y con Rosalía cayendo y desapareciendo de espaldas al vacío. La despedida definitiva, sin embargo, la musicalizó ‘Magnolia’, la canción que cierra el disco y la experiencia ‘Lux’, que anoche dejó en Chile uno de los conciertos más sofisticados y brillantes del año.