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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Horacio Salinas, figura clave en Inti-Illimani Histórico, reflexiona en entrevista exclusiva con BioBioChile sobre la evolución musical del grupo, destacando la fusión de nuevos sonidos sin perder sus raíces en tradiciones populares. Salinas enfatiza la importancia del arte en contextos sociales y políticos, subrayando que la cultura y la educación artística son pilares fundamentales para fortalecer la sociedad. El músico adelanta el espectáculo "Reencuentro" en Concepción el 3 de febrero. Además, Salinas aborda el rol de los artistas en la actualidad, enfatizando que el futuro depende de la fortaleza cultural y la identidad artística de un país.

Horacio Salinas es una de las figuras centrales en la historia de Inti-Illimani Histórico. Compositor, guitarrista y director musical desde su adolescencia, ha sido el motor creativo detrás de gran parte del repertorio del grupo.

En entrevista exclusiva con BioBioChile, Salinas reflexiona sobre la evolución musical de la banda, marcada, según explica, por la incorporación de nuevos sonidos e instrumentos sin perder sus raíces en las tradiciones populares. “Hacemos un folclor de un país imaginario”, afirma.

El músico también aborda el rol del arte en contextos sociales y políticos, destacando que la cultura y la educación artística son fundamentales para fortalecer a la sociedad. “Sin el arte, el futuro puede ser muy frágil”, advierte.

Estas reflexiones se dan en la antesala de “Reencuentro”, el espectáculo con el que Inti-Illimani Histórico llegará a Concepción el martes 3 de febrero en el Teatro Universidad de Concepción.

Horacio Salinas y los sonidos de Inti Illimani

P: Desde su trabajo, ¿cómo cree usted que ha evolucionado el sonido del grupo en todos estos años sin perder su originalidad?

Yo creo que todo es fruto también, un poco, de la casualidad, en el sentido de que la historia del grupo ha tenido la entrada de distintos personajes que han ido cambiando y aumentando, en algunos casos, la sonoridad y las posibilidades sonoras del grupo.

Ahora, lo que nosotros esencialmente decimos con nuestra música entra en el rango de algo misterioso. Por un lado, es un poco indescifrable, pero tiene sus raíces en las tradiciones populares, y eso es lo que yo creo que le da cierta frescura a lo que nosotros hacemos.

P: Y dentro de esta frescura, o de los nombres que a veces aparecen en el grupo, ¿qué desafíos tienen en el tema de la difusión, considerando su raíz y los nuevos sonidos que van apareciendo en Latinoamérica?

Bueno, yo creo que los desafíos casi siempre tienen que ver con potenciar aquello que uno quiere decir con la música, partiendo del hecho de que es difícil explicar qué es la música, porque es un fenómeno que llega directamente a la emoción de la gente, a la emotividad.

La incorporación de nuevos sonidos nos ha servido. Por ejemplo, la incorporación de los saxos; en una época, el contrabajo; luego el acordeón, el piano… En fin, todos estos elementos han ido subrayando aquello que nosotros queremos decir.

Y yo creo que eso tiene mucho que ver con lo que alguna vez un periodista norteamericano nos catalogó como un grupo que hacía un folclor de un país imaginario. Y eso es muy cierto, porque nosotros tomamos elementos de las tradiciones no solo de América Latina, sino también de otros lugares del mundo, y hacemos una música que nos gusta hacer y que, aparentemente, a la gente también le gusta. De ahí la vigencia que tiene lo indígena en el marco histórico.

P: Dentro de su rol, ha sido autor de obras de las más emblemáticas del repertorio del grupo. Ya en 2026, ¿cuál sería su rol en la creación musical dentro de Inti-Illimani?

Bueno, mira, a mí me tocó desde los 17 años en adelante (“tenía 17 años” repite, como si recién cayera en cuenta de lo joven que era), fui director musical del grupo.

No es que haya concursado para eso, sino que todos se dieron cuenta en el grupo de entonces de que había un ímpetu en mí y una propuesta de cosas que se me ocurrían.

Yo creo que eso ha sido bueno, muy beneficioso, porque el grupo tuvo una creación, un motor creativo. Claro, partimos imitando canciones de otros lados: argentinas, peruanas, bolivianas, pero luego empezamos a crear a partir de alturas, y se empezó a formar un grupo que decía algo distinto y original.

Eso recayó en mi responsabilidad y yo me siento tremendamente privilegiado y muy honrado de haber jugado ese rol y de seguir jugándolo todos estos años.

Yo creo que hay una sola forma de hacer música, que es la de Inti-Illimani, y me parece muy importante que ese rasgo musical permanezca a través del tiempo, expresado de distintas maneras, pero siempre con una identidad.

La musica de hoy y su rol social

P: Oiga, don Horacio, pasando un poco a temas de actualidad: la música de usted siempre ha estado vinculada a procesos sociales y políticos. Hoy día, con la foto que tenemos de Chile, ¿qué rol cree que pueden cumplir los artistas en general dentro de este contexto?

Yo creo que hay que tener conciencia —y esto tiene que ver también con los gobernantes de este país, quienes sean los que vengan— de que en el futuro vamos a depender mucho de nuestra fortaleza cultural, de nuestra identidad en las artes.

Los seres humanos necesitamos, sobre todo, cultivarnos en ese aspecto de la inmaterialidad, en la subjetividad que cada cual tiene y que son rasgos distintos. Esa posibilidad la otorga el arte, como un refugio donde entramos todos y donde compartimos sueños; no cosas materiales ni tarjetas de crédito, sino cuestiones invaluables que nos van haciendo cada vez más humanos.

Entonces, pensando en el próximo futuro, en el próximo presidente y todo eso, yo creo que ellos deben tener conciencia de que sin el arte, sin la educación artística y la cultura, si no se potencia eso, el futuro puede ser muy frágil.

P: Y pensando en las nuevas generaciones o las nuevas audiencias, ¿usted cree que la música comprometida con los temas sociales tiene cabida entre las nuevas audiencias chilenas?

Cada época tiene su patrimonio de representaciones artísticas y de canciones. Nosotros somos de una época de hace 50 o 60 años atrás, y por eso surgen canciones donde se denuncia la injusticia de manera magistral y natural.

Si tú te fijas en la pintura, en la música, en la historia del teatro o en el cine, lo social forma parte de la necesidad de los artistas. Los artistas, en general, siempre nos hemos sentido muy incómodos con los abusos y las injusticias, y eso aparece en el arte y en las canciones.

P: ¿Qué aprendizaje cree usted que queda pendiente en la sociedad y al que el arte o la música puedan contribuir?

El arte no deshumaniza, el arte no pone a la gente a confrontarse ni a pelear. Lo que hace el arte es hacer soñar a la gente. Cuando tú vas a una exposición de pintura, a una obra de teatro o al cine, lo que haces es experimentar una cercanía con toda la fragilidad y la complejidad que tiene el ser humano.

Desatender la importancia que tiene el arte y la cultura es darle campo libre a la delincuencia y a las peores taras que tenemos los seres humanos.

Horacio Salinas y la IA en la música: “solo refritos”

P: Hoy día vemos que los artistas más nuevos usan menos instrumentos y más herramientas de inteligencia artificial y tecnología. ¿Tiene alguna crítica respecto a eso o piensa que es parte del avance de la vida?

Yo creo que el avance de la técnica es incontrarrestable. La técnica se está tomando todo, pero en el campo del arte se comete la ingenuidad de pensar que la inteligencia artificial puede ser una ayuda real.

En algunos casos puede ser de cierta ayuda, pero el arte lleva la huella del ser humano, del que inventa y crea algo que nos emociona. Yo, por lo poco que he visto en materias musicales respecto de la inteligencia artificial —por ejemplo, en el uso de la composición—, lo único que he visto es un refrito, como se dice. Eso no es creación.

Y yo creo que los seres humanos se dan cuenta de eso. Los artistas tienen que tener mucho cuidado, porque los artistas verdaderos consideran muy importante la originalidad.

Los atributos particulares que cada artista tiene se espera que sean reconocidos por el público, y cuando eso se transforma en un traje parchado de cientos de miles de cosas, también hay un autoinfligirse daño por parte de quienes se llaman creadores y abusan de estas técnicas.