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Fernando Villagrán conversa sobre la película Hangar Rojo, inspirada en su libro "Disparen a la Bandada". La cinta se estrena el 1 de octubre y destaca la historia de Jorge Silva, oficial de la Fuerza Aérea de Chile. Villagrán revela su cercana relación con Silva, quien falleció antes del estreno. La película aborda la complejidad de las fuerzas armadas durante el golpe, mostrando las distintas posturas de los militares. Villagrán destaca la importancia de rescatar la historia de Silva y reflexiona sobre las contradicciones de aquellos años.
Fernando Villagrán (Disparen a la bandada, Editorial Catalonia, 2013) conversa sobre la película Hangar Rojo y su protagonista, Jorge Silva, oficial de la Fuerza Aérea de Chile.
Fernando Villagrán y Felipe Agüero, en 1973, eran militantes del MAPU Obrero Campesino. Fueron detenidos mientras llevaban un llamado de su partido a resistir al golpe de estado, y trasladados la Base Aérea El Bosque. Entonces, el capitán de la FACH Jorge Silva, constitucionalista, decide que sean trasladados al Estadio Nacional, para evitar que sean asesinados, algo ya decidido por sus superiores. El apego de Silva a las leyes y la Constitución llevarán a su detención, ser sometido a torturas por sus propios compañeros y subalternos, y haber estado varios días desaparecido. La intervención de cardenal Raúl Silva Henríquez, que invocó un supuesto parentesco, permitió que lo devolvieran a la cárcel. Jorge Silva, luego estar cinco años preso, partirá al exilio.
Fernando Villagrán (1949) es periodista, escritor y economista. Fue subdirector de revista Apsi, conductor de Off The Record y director de La Nueva Mirada.
Hangar Rojo, dirigida por Juan Pablo Sallato (Ojos rojos, 2010), se estrena este 1 de octubre en salas de cine.
¿Qué sentiste cuando viste Hangar Rojo?
“La he visto, creo, 6 veces. Acompañé mucho la realización. Sabía de la actuación del protagonista (Nicolás Zárate), que fue un acierto.
“Con Jorge Silva nos hicimos muy amigos, nos escribíamos, cuando viajaba a Chile se venía para acá. Una historia muy singular. Jorge estaba enfermo, pero igual nos hablábamos. Estaba hospitalizado y dejó de comunicarse. De repente por el wasap de Jorge me escribió Bárbara, hija de Jorge que vive en Londres, que me contaba que, viendo el celular de su padre, descubrió la relación que teníamos. Ella me cuenta que su papá había muerto el día anterior.
“Entonces Bárbara, esa hija que conocí ahí, asistió al estreno en Berlín. Después de la función quiso conversar con el protagonista, porque quedó muy impresionada con la interpretación de Nicolás Zárate. Nicolás solo había escuchado grabaciones de Silva y logró eso. Es lo que me provoca más la película, porque la historia es muy simple.
“Creo que la gracia es lo que lograron los guionistas y el director, por su juventud, con una historia que ellos no vivieron. Cuando salió el libro varios directores se interesaron, y me juntaba con ellos y pensaba que iban a hacer la típica película de dictadura y llegábamos hasta ahí. Pero estos me convencieron. Y sin Jorge, la película no se podría haber hecho. Yo lo convencí para que conversara con estos cabros. Y se reunió con ellos largamente. Porque le dije a Jorge que, si es una película sobre la convivencia entre uniformados, desde fuera ni yo ni estos cabros hubiésemos sabido hacerlo. Fueron horas de horas, de horas, y eso está plasmado en la película.
“Hangar Rojo me vuelve al personaje, al momento histórico, a esos días. Cuando conocí a Jorge sin saber cómo se llamaba. Para mí era uno de los torturadores. Me lo encontré después, lo reconocí en una visita en la cárcel. Por mucho tiempo no se me olvidaron las caras de muchos de la Fuerza Aérea cuando nos sacaron las vendas y los vimos. Para mí era uno de ellos. Mi primera reacción fue: “Qué hace este huevón aquí”. De repente tocan el pito (un gendarme, para que los presos entren a sus celdas), y me doy cuenta que está preso, en la galería de al lado.

“Entonces le dije a Felipe Agüero (con quien fue detenido y torturado), porque teníamos visitas distintos días, por los apellidos. Y le dije que al lado estaba uno de los tipos que nos había agarrado. Bueno, estaba todo el lote, incluido (el general Alberto) Bachelet (1923-1974).
“Salíamos y, para ganar tiempo en el patio, íbamos donde un practicante que se instalaba con un mesón en el patio. Uno se ponía en la fila y le decía que te dolía la guata, y te daba pastillas. Pero a esa misma fila salían de la galería de al lado. Entonces, en una de esas, va Silva a la fila. Imprudentemente, yo en ese tiempo era particularmente imprudente, me acerqué y le pregunté: ¿Usted se acuerda de nosotros? Él era muy seco, y solo dijo: Qué bueno, y se fue. Eso fue todo, no sabía cómo se llamaba, no supe más de él. Salí y no tenía ningún interés en contar la historia, para pasar piola. Me tuve que ir un tiempo corto a Argentina, para que no me agarraran de nuevo. Volví, porque allá se estaba poniendo peor, a terminar la escuela (de periodismo). Algún día, me dije, le contaré a mis hijos esta historia. Y me olvidé.
“No supe más de este personaje hasta que Felipe Agüero, a fines de los 90, reconoció a Emilio Meneses, uno de sus torturadores. Era profesor de la Universidad Católica. A partir de esa historia, Jorge, que estaba en Londres, se comunica. En ese tiempo iba a grabar un pequeño testimonio para el documental Estadio Nacional (2002, ver AQUÍ), de Carmen Luz Parot. Le dije a Parot que había alguien que acarreaba a los presos, y ella se consiguió que viniera.
“Acompañé a Silva al Estadio Nacional y ahí empezó la relación de amistad hasta su muerte. Entonces, no sé qué habría opinado Silva de Hangar Rojo, porque era muy jodido. Tiendo a pensar que le habría gustado, por la reacción de su familia.
¿Qué me provoca Hangar Rojo? Me provoca una gran emoción ver al personaje, vuelvo a ver a Jorge ahí, vivo, con sus tremendas contradicciones, con su singularidad. Era un tipo muy independiente, nunca fue de grupos. Fue el más joven del lote que fue a la Escuela de las Américas. Por lo mismo tuvo la confianza de los más funestos de la FACH.
“Trataron de involucrarlo en un atentado a Allende. Ahí pasó su primera prueba, cuando tratan de involucrarlo y el llega a hablar con Allende. Eso lo marcó para siempre, le pasó la cuenta. Eso le pudo costar la vida, porque le dieron de esas libertades falsas, y a la salida de la cárcel lo toman y estuvo desaparecido varios días. Si no es porque se apellidaba Silva, igual que el cardenal que interviene (aunque no eran familiares, sí lo hicieron creer) para que aparezca. Entonces, eso lo salva, y vuelve. Después de cinco años (preso), se va expulsado.
“Con Hangar Rojo, me reencuentro con alguien a quien tengo un afecto tremendo. Los amigos tienen distinto origen, distintas historias, pero no tengo otro amigo que me haya salvado la vida.”

¿Cómo te ves en la película? ¿Debe ser raro?
“Muy raro. Sé que yo tuve esas conductas, básicamente por lo que me recuerda Felipe y lo que me contaba Jorge. “Yo te quería ayudar y tú tuteabas a todos”, me decía. Si, reconozco eso, era difícil ponerse en el lugar (adecuado) después del golpe. Le paso la cuenta cada cierto tiempo a (Jaime) Gazmuri (dirigente máximo del MAPU Obrero Campesino), porque veníamos de estar con él. Has escrito mucho, pero te olvidaste de la cagada de los primeros días, será muy explicable, pero tenía consecuencias muy diversas, le digo. Una de esas, estamos hablando del 15 de septiembre, era seguir imaginándonos, pese a que fuimos a ver La Moneda (bombardeada)… Era tal la fuerza… Bueno, Allende se preguntó qué pasaba con el “pobre” de Pinochet.
“Todavía pensábamos que tenía sentido hacer algo. Nosotros lo único que teníamos era una mugrosa metralleta argentina. Supuestamente la orden era acosar patrullas militares. Éramos cinco grupos de seis personas. Si no nos toman presos, por perdidos, por ir a La Legua, sin saber dónde estábamos… Cuando pasamos el cerco militar, patudos, los milicos, FACH, Ejército, deben haber pensado que éramos parte del operativo. Porque pasamos. Saqué la hoja que llevábamos y traté de fondearla. Se llamaba Bandera Verde número 1, que llamaba a resistir. La encontraron y la leyeron en voz alta.
“Nos sacaron la chucha, nos llevaron a la FACH, nos hicieron un simulacro de fusilamiento. Yo pensé: “se acabó, qué poco duró mi existencia.” Me reconozco porque nunca tuve susto, tuve pena. Primero rabia, por todo lo que había pasado después del golpe, y después frustración. Y la pena es porque se me iba a acabar la vida. A esas alturas era más ateo que nunca. En el simulacro de fusilamiento, en que te vendan y “disparan”, yo pensaba qué sentiré, qué pasará después… qué triste haber vivido tan poco. Tampoco pude reflexionar mucho porque nos siguieron sacando la chucha hasta que nos sacaron de ahí. (Base Aérea El Bosque).
“Cuando me veo en Hangar Rojo, que es poco, sé que tuve esas reacciones. Jorge me decía que trató de ayudarme, que era capitán, y yo insistía en tutearlo. Me reconozco…”

La soberbia juventud. En un periodo de tanta euforia, de tanto protagonismo, el cambio debe haber sido muy duro.
“Fue brutal. Piensa que el 4 de septiembre (de 1973) fue la marcha más grande que hubo antes del golpe. Un millón de personas. Nosotros marchamos desde Tobalaba hasta La Moneda. Yo estaba a cargo de los grupos especiales, de una brigada que usaba cascos. Yo tenía un cierto pudor y no usaba casco (de construcción). Terminando la marcha, se produjo un enfrentamiento con un grupo, no sé si del MIR o de Patria y Libertad. Una mocha. Y lo primero que sentí fue un peñascazo en la cabeza. Me partió la cabeza, todavía tengo la cicatriz. Me llevaron a la Posta, me dieron reposo. Entonces hacíamos las reuniones en mi departamento, donde me pilló el golpe.
“Era vivir eso, y después encontrarse con el golpe. Entonces mis reacciones eran irracionales, pero era parte de la desesperación. Con el simulacro, con los golpes… Por suerte el documento se perdió. Cuando la Fiscalía Militar lo pidió, nunca apareció. Entonces empezamos a decir que nunca existió. Años después le pregunté a Jorge Silva si él hizo algo, pero siempre me insistió que él no lo sacó ni se lo entregó a nadie, él nunca supo qué pasó.”
¿Qué crees que aporta le película hoy?
“Es la primera película que muestra, muy bien, la contradicción que hubo en las Fuerza Armadas. En particular en la FACH, en especial por (Gustavo) Leigh (1920-1999), que quería y fue el número uno, porque Pinochet se subió a última hora, y bombardeó La Moneda. Leigh era el más duro, hizo el único Consejo de Guerra.
“Hangar Rojo muestra que hubo una arista, que no todos estaban en lo mismo. Por distintas razones. Unos eran, efectivamente, militantes, algunos suboficiales que eran del MIR. Los otros eran constitucionalistas, estaban en contra del golpe. Todos ellos se dieron cuenta, el primer día, que no había nada que hacer. Ninguno de ellos, conversé con muchos para el libro, creyó que iba a pasar lo que pasó. Solo uno que dijo que esto venía así, y se salvó solo. El resto se curó de espanto y vivieron la brutalidad más grande. Si la represión fue la que fue, luego fue peor con la DINA, a nosotros nos ayudó porque todavía era desordenada. Era brutal, nomás. No había inteligencia.”

No tenían la inteligencia, ni lo sistemático, ni la práctica.
“Recién había algunos enseñando. Pocos sabían, como (Mario) Jahn, uno de los peores. Ese fue una virtud de la película, cruzar inmediatamente a Jahn.
“La película tiene la virtud de mostrar que el golpe no fue solo Pinochet, Leigh y el arrasamiento. Que hubo una tensión, unos que aceptaron, otros que se fueron plegando y se fueron transformando. Y otros que pagaron el pecado de ser constitucionalistas.”
¿Y qué puede aportar tu libro hoy?
“El libro tuvo una primera edición de Planeta el 2003, después hice otra edición con Catalonia el 2013. Como fueron apareciendo una serie de personajes a partir de la primera edición, en la segunda aparecen más personajes. El libro se vendió mucho, más de 60.000 ejemplares en librerías. Y hubo muchos ejemplares piratas. Se leyó mucho en ese momento. Muchos periodistas se interesaron en esa historia, en el general Bachelet y otros.
“Yo le agradezco a los que hicieron la película, porque circulan más que los libros. La historia, la reivindicación de Jorge Silva tiene sentido. Mostar la condición humana de los que tienen uniforme, y da para la discusión sobre qué pasa hoy con ellos. ¿Cómo hacemos para que gente de la Fuerza Aérea vea esta película? Es muy difícil. Si no conseguimos ir a grabar un minuto en la Base Aérea del Bosque…
“Canal 7 tiene comparada la película, pero tengo la experiencia con (el documental) El diario de Agustín, que al final la exhibieron por decisión judicial. La tenían que mostrar en horario prime y la dieron a las 00:30 horas.
“Hangar Rojo hace pensar de otra manera las crisis de este país, que no son en blanco y negro. Porque Jorge Silva no era un infiltrado de un partido de izquierda.
“Yo le pregunté a Jorge si él se veía como general, si su sueño era ser general de una Fuerza Aérea que no fue. En otro momento habría sido el número uno, porque era muy bien formado, muy inteligente, muy autónomo, por eso nunca fue parte del lote. Michelle Bachelet organizó un homenaje (a los uniformados constitucionalistas que fueron víctimas del golpe) y él no fue.
“Lo quise mucho y ahora esa relación la tengo con la hija.”
Hangar Rojo
Dirección: Juan Pablo Sallato
Guion: Luis Emilio Guzmán y Fernando Villagrán
Elenco: Nicolás Zárate, Boris Quercia, Marcial Tagle, Catalina Stuardo, Aron Hernández, Francisco Carrasco y Juan Cano.
Producción: Juan Ignacio Sabatini, Juan Pablo Sallato
Coproducción: Televisión Nacional de Chile (TVN)
Inspirada en el libro: Disparen a la Bandada de Fernando Villagrán
Dirección de Arte: Nicolás Grum
Fotografía: Diego Pequeño
Edición / Montaje: Sebastián Brahm y Valeria Hernández
Música Original: Alberto Michelli y Matteo Marrella
Duración: 81 minutos
Países: Chile, Argentina, Italia
Distribuida por: Storyboard Media
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