“La democracia...es una concepción ética, y sobre su significado ético se apoya su significado como forma de gobierno. La democracia es una forma de gobierno únicamente porque es una forma de asociación moral y espiritual” John Dewey, La ética de la democracia (1888).

Uno de los tópicos más recurrentes del debate político es el análisis de coyuntura. Lo practican no solo los políticos, sino también los analistas, los periodistas y los propios ciudadanos, pese al desinterés generalizado por la política.

Sin embargo, pocas veces se reflexiona acerca del sentido mismo del concepto: ¿qué es una coyuntura política y cómo comprenderla?

Lo que aquí presentamos son algunas nociones básicas cuya finalidad es ayudar a los ciudadanos interesados a comprender por sí mismos las coyunturas políticas y tomar sus propias decisiones. No es una guía o un modelo para ser aplicado al pie de la letra, sino un esquema básico para ser ampliado y perfeccionado.

Partiremos por la definición de “coyuntura” en el Diccionario de la RAE, que comprende tres acepciones:

1. Articulación o trabazón movible de un hueso con otro.

2. Oportunidad favorable para algo.

3. Combinación de factores y circunstancias que se presentan en un momento determinado.

Aparentemente, la tercera acepción sería la más propicia, pero en realidad la primera —de carácter anatómico— es la más adecuada. Hablar de combinaciones de factores y circunstancias apunta a una reunión de elementos heterogéneos cuya unidad no es aparente. En cambio, la definición anatómica recoge lo esencial de la coyuntura política: ser una articulación; en este caso, entre personas y grupos con diversos grados de complejidad.

Dicha complejidad está a su vez dada por la naturaleza de los problemas tratados. Generalmente, las cuestiones discutidas abarcan muchos aspectos, dificultando la formación de acuerdos necesarios para que la discusión se transforme en decisión.

Lo anterior no debe conducir a negar que, pese a sus diferencias, todas las partes relacionadas tienen capacidad de actuar por sí mismas (léase: acción colectiva); son sujetos políticos “capaces de lenguaje y acción” (Habermas).

Si la política —como dice Hannah Arendt— es “actuar en conjunto”, ese vínculo está siempre sujeto a cambios, entre otros motivos debido al distinto peso de las partes. En síntesis, la coyuntura política consiste en relaciones cambiantes entre dos o más sujetos políticos colectivos capaces de acción y reflexión.

La acción política es siempre dinámica, lo cual no excluye situaciones de estabilidad; sin embargo, esta última es el resultado de “movimientos” entre actores donde se ha logrado un importante grado de consenso, como ocurrió en Chile durante los gobiernos de la Concertación. Maquiavelo advirtió tempranamente que en política prima el cambio y que mantener una posición ganada depende de las acciones frente a otros. La pasividad, en cambio, conlleva riesgos.

Por otro lado, en una coyuntura convergen circunstancias diversas y entrelazadas.Existe siempre una disputa sobre qué cuestiones considerar y su relevancia dentro del conjunto. Estos encadenamientos no influyen como hechos exteriores: forman parte de la coyuntura como puntos de convergencia o disenso entre quienes toman decisiones.

Así, un aspecto fundamental de la lucha política es definir quiénes pueden participar o ser escuchados. Una queja muy sentida de la ciudadanía es precisamente no ser suficientemente informada ni atendida en sus demandas. Aquí yace un importante déficit de la política actual.

Una segunda gran limitación es que la deliberación aborda pocos problemas y excluye muchos otros. La política actúa selectiva y jerárquicamente, muchas veces en desmedro de las grandes demandas ciudadanas. Probablemente la mayor exclusión sea la de los movimientos sociales, que carecen de participación política institucional.

Otra falencia estructural es la tendencia a reproducir un estatus quo insatisfactorio para la mayoría, prolongando los problemas en vez de generar soluciones mediante cambios efectivos y creativos. Nunca se debe olvidar que, en una democracia, la ciudadanía es la fuente del poder político y su destinataria.

La postergación o avance en soluciones nos remite al problema del tiempo. No del tiempo objetivo y medible, sino en cuanto a la duración (Bergson): la manera en que es concebido por los propios actores.

Hay situaciones de urgente resolución, otras postergadas y algunas retrasadas durante años a pesar de su relevancia, como ocurrió en Chile con el sistema binominal o la ley de divorcio. Definir plazos y urgencias es parte esencial de la actividad política, siendo el tiempo un recurso escaso.

Además, el tiempo no es lineal: la acción política supone una conjunción con el pasado (de afirmación o rechazo) y una apelación al futuro (sea idealizado o catastrófico). En cierto aspecto, esta última es determinante, pues concierne a los resultados esperados de las propuestas.

Respecto a los resultados de una coyuntura, predomina la tendencia a considerarlos como un juego de suma cero, donde lo que gana una parte en poder se resta a otra. Este enfoque es equivocado. Como capacidad de actuar en conjunto, el poder no es una cantidad, sino la creación de algo nuevo.

Por ello, pese a la presencia permanente del conflicto, el consenso es el hecho primordial de la política, pues el disenso solo puede aparecer sobre la base de un acuerdo previo. Existen, por cierto, grados muy diversos de conflictividad y estabilidad.

Como resumen de lo expuesto —y recalcando que se trata de ideas para facilitar que cada lector piense por sí mismo—:

1. La coyuntura política es una condición dinámica entre diversos actores políticos y sociales.

2. Dichos actores establecen relaciones en torno a recursos, ideas y circunstancias.

3. Se trata de relaciones entabladas, generalmente, desde posiciones de poder desiguales.

4. El tiempo percibido (la duración) juega un papel fundamental en la toma de decisiones, la cual debe ajustarse a requerimientos y urgencias variables.

5. El consenso es la base de la acción política y será tanto más profundo y perdurable en la medida en que sus participantes se encuentren en condiciones de igualdad.

6. Por ello, desde una perspectiva crítica, la política democrática no debe perder de vista el desarrollo de la ciudadanía y el bien común, tal como lo planteó Aristóteles.

Bernardo Castro
Mauricio Retamal
Jorge Iván Vergara
Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Concepción.

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