Artes y Cultura
Viernes 19 junio de 2020 | Publicado a las 07:40 · Actualizado a las 15:38
En defensa de los monumentos que conmemoran seres "abominables"
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Destruir los monumentos a personajes hist√≥ricos por la valoraci√≥n que hoy se hace de algunos de sus aspectos pueden llevar al olvido, a no cuestionarnos c√≥mo esas caracter√≠sticas que se rechazan est√°n presentes hoy y, si somos rigurosos, a eliminar casi toda conmemoraci√≥n. Incluidos lo monumentos a Bernardo O¬īHiggins.

Durante las √ļltimas semanas hemos sabido de muchos monumentos derribados en diversos lugares a partir del asesinato de Georges Floyd el 25 de mayo pasado a manos de polic√≠as blancos de Minneapolis, en Estados Unidos de Norteam√©rica.

Antes, desde el ‚ÄúEstallido Social‚ÄĚ que se produjo a partir del 18 de octubre de 2019, varios monumentos fueron derribados o intervenidos en Chile. As√≠, varios monumentos a Pedro de Valdivia, el del General Baquedano y un largo etc√©tera que incluyen uno a las profesoras normalistas o al poeta cubano Jos√© Mart√≠ se vieron afectados, incluidas varias esculturas de connotados artistas chilenos como, por ejemplo, Rebeca Matte o Samuel Rom√°n.

Esta práctica de destruir símbolos de un poder que ha caído o que se quiere destituir no es nuevo. Ya vimos en la ex-Unión Soviética cómo se derribaron grandes esculturas de Stalin y Lenin, entre otros.

Y podemos seguir y seguir haciendo historia (como la lamentable destrucci√≥n del modelo a tama√Īo de la escultura ecuestre realizada a Ludovico Sforza por Leonardo da Vinci).

Memoria histórica

La memoria hist√≥rica es fundamental, porque da perspectiva y contexto m√°s all√° de nuestras limitadas vidas (en lo temporal, en conocimiento y, muchas veces, en consciencia). √Čsta permite entender la evoluci√≥n humana en su complejidad y diversidad.

Para que esa memoria hist√≥rica sea realmente √ļtil, enriquecedora, debe abarcar la mayor cantidad de elementos, no s√≥lo los ‚Äúbuenos‚ÄĚ, que sabemos son definidos por los vencedores o los dominantes. Es decir, por los ‚Äúbuenos‚ÄĚ del momento.

Cambios de percepciones y de poderes

Cuando fueron derribados los monumentos a Lenin y Stalin (fundamental en la derrota de los nazis en la Segunda Guerra Mundial y uno de los grandes genocidas del sXX), es evidente que fue una demostración de la caída del comunismo en la ex-Unión Soviética. Fue una necesidad visceral y simbólica de marcar el fin de una era.

Sin embargo, la caída del comunismo no elimina la existencia ni el rol fundamental que jugaron estos dos personajes en la Historia de Rusia y Universal. Destruir sus monumentos no borra lo que hicieron. Eliminar sus monumentos dificulta que haya una elaboración colectiva sobre lo bueno y lo malo que hicieron cada uno de ellos.

Memoria afectiva

Los seres humanos somos seres racionales. Pero ese es sólo un aspecto de nuestro ser (y no el más preponderante). En este sentido, los monumentos no apelan sólo a criterios racionales, y muchas veces son más bien afectivos.

En el caso de los monumentos destruidos, han cristalizado o han catalizado rabias reales, que han sido canalizadas de esa forma. Pasaron a ser símbolo de muchas cosas -rabias, atropellos, vejaciones, etc.- de demandas y significados que van mucho más allá de ellos mismos.

¬ŅSe deben eliminar los monumentos a seres ‚Äúabominables‚ÄĚ?

Creo que no, puesto que son parte de nuestras historias, y puede ser malo, hasta peligroso, eliminarlos.

Pero no debemos confundir el no eliminarlos con dejarlos en las condiciones actuales, en especial cuando las condiciones sociales, culturales y políticas han cambiado.

Sin negar las frustraciones y las rabias, y tratando de canalizarlas de buena forma, lo importante debiera ser recontextualizar a esos personajes que hoy se han transformado en foco de desprecio. Es decir, reconocer y evidenciar en ellos sus partes negativas que hoy afloran con tanta fuerza.

Pedro de Valdivis, foto de Yonatan Jara, RBB (c)
Pedro de Valdivis, foto de Yonatan Jara, RBB (c)

Por ejemplo, me parece que los monumentos a Pedro de Valdivia deben seguir, sólo que se deben incorporar en ellos diversas miradas o aspectos. Pedro de Valdivia es, por ejemplo, el fundador de Santiago (aunque haya habido asentamientos anteriores en ese lugar), y merece ser reconocido. El punto es no olvidar los otros aspectos, en especial si el ocultarlos violenta a grupos importantes del país.

El lugar de los monumentos

Otro aspecto fundamental es d√≥nde deben estar ubicados estos monumentos a personajes ahora considerados abominables. Es comprensible que se desee tener energ√≠as positivas en los espacios p√ļblicos m√°s importantes.

Eso invita a repensar las ciudades, entenderlas como entes vivos que se mueven entre la memoria y lo actual (como los monumentos). En un proceso de evoluci√≥n, pueden cambiar las jerarqu√≠as y valoraciones, por ejemplo dando m√°s importancia a otros personajes. La ciudad es un ente complejo con muchos elementos construidos y no construidos que interact√ļan.

Los monumentos no deben entenderse como elementos aislados sino en relación al espacio en que están emplazados, a los edificios circundantes, los usos que hay vecino a ellos como su relación con otros monumentos y elementos simbólicos.

Olvidar es peligroso

Borrar es una invitaci√≥n a olvidar. Olvidar que existieron genocidas, racistas, etc., etc. Y el ‚Äúeliminarlos‚ÄĚ nos puede llevar a no pensar qui√©nes son los genocidas, racistas, etc., hoy, en c√≥mo act√ļan, c√≥mo se camuflan.

Mantener esos monumentos nos obliga a hacer ejercicios de reflexi√≥n y educaci√≥n para, as√≠, evitar caer en simplificaciones y ver el mundo en ‚Äúblanco y negro‚ÄĚ. Nos invita a contextualizar, por ejemplo entender que la esclavitud es un fen√≥meno amplio que ha atravesado la historia de la Humanidad. En Inglaterra, por ejemplo, en el sXI, el 10% de los ingleses era esclavo en Inglaterra. Hasta el sXIX muchos europeos fueron secuestrados y vendidos como esclavos. O podemos mencionar que la lucha contra la esclavitud tiene unos 1.700 a√Īos, cuando al interior de la Iglesia Cat√≥lica se levantaron las primeras voces contra la esclavitud de cristianos.

Tambi√©n puede hacernos reflexionar que el racismo, masacres (y los sacrificios humanos masivos), no son una exclusividad de ‚ÄúOccidente‚ÄĚ, y ya hubo en Am√©rica antes de la llegada de Col√≥n y de los vikingos a este continente.

Borrar parte de la historia, esa que hoy consideramos mala, es a futuro olvidar tambi√©n a sus v√≠ctimas. Es evitar pensar en ‚Äúlos malos‚ÄĚ de hoy y, adem√°s, dejar de pensar que todo y todos tenemos aspectos positivos y negativos, y que su valoraci√≥n y jerarqu√≠a var√≠a con la evoluci√≥n de las sociedades. Y estos monumentos nos muestran eso.

Por ejemplo, el ex-Regimiento Silva Renard (el criminal que dirigi√≥ la masacre de la Escuela Santa Mar√≠a de Iquique, entre otros cr√≠menes) cambi√≥ su nombre pero ahora hay un Grupo de Artiller√≠a N¬į3 Silva Renard en el Regimiento N¬į6 Chacabuco de Concepci√≥n. No debiera haber un grupo con ese nombre. No s√≥lo es un insulto por lo que hizo, tambi√©n es un p√©simo precedente para los j√≥venes que hacen el Servicio Militar como para los uniformados de carrera. Es un p√©simo ejemplo. Pero tambi√©n ser√≠a malo olvidar que por a√Īos ese oscuro personaje ha inspirado o ha servido de ejemplo a miles de uniformados.

Siguiendo la lógica de derribar y eliminar monumentos, por poner un ejemplo, debieran eliminarse monumentos a Winston Churchill por sus posturas racistas e imperialistas (destacan las contra Gandhi), entre otras opiniones que hoy resultan chocantes de este líder fundamental en la historia de Inglaterra y de Occidente en el sXX.

En Roma, y otros lugares de Europa, habría que eliminar todos los monumentos a emperadores del Imperio Romano.

Y en Chile, debi√©ramos eliminar los monumentos al ‚ÄúPadre de la Patria‚ÄĚ, por tener esclavos en Per√ļ y por ordenar diversos asesinatos, para empezar.

Coliseo Romano, romando.org (c)
Coliseo Romano, romando.org (c)

Con esta lógica, hoy no existiría el Coliseo, en Roma. Su sistemática destrucción -reutilizando sus materiales para construcciones nuevas- fue detenida en 1749, por el Papa Benedicto XIV, al declararlo un monumento y símbolo de las víctimas. Es decir, hace 270 hubo una mirada que resignificó un lugar cargado de dolor y muerte, para rememorar en especial a las víctimas (además de salvar una maravilla de la ingeniería y la arquitectura).

Mantener esos monumentos, con todos los cambios mencionados (con una explícita nueva mirada y en una ubicación acorde a ésta), es un acto de madurez, con todas las dificultades -afectivas, emocionales- y el dolor que pueda conllevar lo que somos y lo que hemos sido.

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