Notas
‚ÄúPap√°, mam√°: ¬°Por favor, no me pegues nunca m√°s!”
Publicado por: Víctor Huidobro
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Antes de comenzar, pido disculpas si redundo en algunas palabras, pero para que se entienda bien el contenido de esta columna, me veo en la obligación de hacerlo.

Y parto así. Con este mensaje, dramático y emotivo.

S√≠, los ni√Īos no entienden a golpes.

Me refiero a los castigos f√≠sicos que sufren por partes de sus padres, progenitores, padrastros, madrastras, etc. Un MAL est√ļpido y triste de la sociedad moderna.

Para comprender este art√≠culo me es necesario explicar textualmente el significado de maltrato infantil. Unicef lo define como ‚Äúv√≠ctima de maltrato y abandono a aquellos ni√Īos, ni√Īas y adolescentes de hasta 18 a√Īos, que sufren ocasionalmente actos de violencia f√≠sica, sexual o emocional, sea en el grupo familiar o en las instituciones sociales‚ÄĚ.

Nunca he comprendido, y espero que nunca logre hacerlo, el sentido de sancionar a un menor con brutales golpizas. Lo que les escribo aqu√≠ es pan de cada d√≠a y muchas veces no lo vemos, pero citar√© m√°s adelante algunos ejemplos respecto a lo que se puede ver en las calles y en cualquier lugar p√ļblico.

En Chile, seg√ļn estudios de la UNICEF, un 75,2 % de los menores de edad sufre violencia f√≠sica o sicol√≥gica por parte de sus padres. Un 53,8% recibe castigos f√≠sicos, de los cuales un 25,9% son golpizas graves y un 27,9% leve. Y un 21,4% sufre violencia sicol√≥gica. Es decir, solo un 24,8% no es v√≠ctima de maltrato infantil, cifra que no solo llama a reflexionar, sino que la califico de inexplicable.

Usted me podrá decir que ello se puede justificar por hogares mal constituidos, familias de escasos recursos o en riesgo social, ignorancia y cualquier calificativo de nuestro vocablo. Es cierto, son factores determinantes, pero mi artículo se basa, simplemente, en el rechazo a la violencia física y sicológica a los menores de edad.

Por otra parte, este tipo de actos delictuales, seg√ļn nuestras normas jur√≠dicas, se da en todos los estratos sociales; desde el que tiene m√°s solvencia econ√≥mica, hasta el que no recibe un peso al mes.

La IGNORANCIA está presente en todos los estratos de nuestra sociedad. Me refiero a los que creen, que la forma de educar es agredir, ya sea físicamente o sicológicamente a los menores de edad.

He visto a padres sacudiendo a sus hijos, d√°ndole golpes de pu√Īo, cachetadas, tirones de orejas, coscorrones en la cabeza o zamarre√°ndolos, por nombrar alg√ļn tipo de agresi√≥n.

Menciono algunos casos.

Cuando un ni√Īo se baja de la vereda y corre el riesgo de que lo atropellen, me pregunto: “¬Ņaprender√° con una agresi√≥n?”. ¬ŅNo ser√° m√°s responsabilidad del adulto, que va a cargo, quien debe velar por su seguridad? Pienso que aquella misi√≥n corresponde a la persona mayor que camina junto al menor. Ver el espect√°culo descrito solo me conduce a calificar de est√ļpido a quienes reaccionan con esa violencia. No olvidemos que educar, en el amplio sentido de la palabra, corresponde a los padres y no un hijo a ellos.

Otro ejemplo: cuando castigan a un menor por tener un bajo rendimiento en el colegio. Las sanciones son correctas, pero en ning√ļn caso, con violencia f√≠sica. Hay m√ļltiples formas de hacerlo. Puede servir no dejarlo juntarse con sus amigos por unos d√≠as, quitarle la posibilidad de ocupar el computador o dejarlo sin ver televisi√≥n. He presenciado a padres golpear a sus hijos con pu√Īos y cintur√≥n. Para este tipo de progenitores, sin duda alguna, es la f√≥rmula perfecta para mejorar las calificaciones.

Un papa o una mam√° que ha bebido alcohol en su hogar podr√≠a derivar, como sucede en un porcentaje no menor de casos, en discusiones y peleas donde tambi√©n terminan pagando las consecuencias un ni√Īo que puede ser golpeado, sin motivo alguno, producto de la imbecilidad protagonizada por los grandes.

Podría describir numerosas, pero tomaría un tiempo mayor.

No me olvido de las agresiones sicológicas. Gritar, insultar, no hablarle a un hijo por un tiempo, menospreciarlo y dejar su autoestima en el suelo, es una crueldad que puede llegar a inimaginables resultados. Los menores se quedan en sus vidas con este tipo de episodios y no los borran de su mente. Lo peor es que pueden imitar estas conductas en la vida adulta con sus propios hijos.

En resumen, nada justifica el maltrato infantil. Decirle a un ni√Īo que ‚Äúa m√≠ me hac√≠an lo mismo mis padres‚ÄĚ, ‚Äúyo soy el que manda o ‚Äúte voy a pegar si no obedeces‚ÄĚ, no son formas de ense√Īar. Como se dice, se cr√≠an personas y no animales. Son vidas humanas, tales como la de los adultos, que valen lo mismo.

Equivocarse (me refiero a los ni√Īos) es parte de su crecimiento, ense√Īanza y manera de ir madurando. Ellos tienen sentimientos, √©xitos y frustraciones, y esto debe respetarse. Est√° demostrado que quien no sufre agresiones en su ni√Īez aprende y madura m√°s r√°pido, y sus conductas, en su diario vivir, son de resultados exitosos si se compara con un hijo maltratado.

Es por ello que me indigna y no soporto ver cuando le gritan o le pegan a un ni√Īo. Considero que representa una actitud despreciable, y afirmo, que en no pocas circunstancias representan que son un estorbo para los progenitores. Se agradece a las autoridades de los √ļltimos gobiernos de la Concertaci√≥n y del actual, que han trabajado en legislar para aumentar las sanciones penales a quienes infringen no solo una ley, sino que tambi√©n le quitan la posibilidad al menor de crecer en forma correcta y no repetir lo mismo, para cuando sean jefes de familia.

S√≠, a los ni√Īos no se les pega.

Víctor Huidobro es periodista. Vive en Santiago y escribe regularmente en su blog, El Nada Serio. Tiene su cuenta de Twitter en @elnadaserio

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