Marcelo Bielsa | Felipe Araos

Marcelo Bielsa | Felipe Araos

El debate abierto que generó la forma en que Marcelo Bielsa actuó en La Moneda nos permitió calibrar en las últimas horas la real demencia mediática de algunos personajes públicos de nuestro país.

Primero que todo partamos por aclarar que Bielsa si saludó a Piñera, incluso antes de que el propio Presidente le hablara. Tal vez no tenía deseos de estrechar su mano, pero eso no es un pecado si consideramos que a no todas las personas que vemos en el día, incluidos nuestros superiores, le damos un apretón de manos cada vez que los tenemos al frente.

Me dirán que hay que respetar el protocolo… ¿pero puede tener protocolo el verdadero circo que se armó frente al Palacio Presidencial por parte de las propias autoridades, quienes se arriesgaron a recibir a una delegación que más que oficial parecía escolar, con los jugadores en buzo, cámaras en mano grabando, con las poleras afuera del pantalón y una cara de cansancio y sueño producto de un viaje de casi 10 horas?

Lo que pasó en La Moneda es producto de todo lo que Bielsa detesta: primero la improvisación, manifestada claramente en las palabras de la vocera de Palacio Ena Von Baer, quien el día antes dijo “que no había fecha confirmada para el encuentro“.

Y eso luego del primer error que fue invitar sin avisar a los convidados.

Segundo, la utilización del fútbol y el deporte para fines personales. ¿O alguien duda que en el Gobierno de Piñera existe una desesperación por hacer propia a la Selección a la que perciben como demasiado identificada con la administración Bachelet?

Señores los cariños a la fuerza no funcionan y de eso la gente se da cuenta.

El aprecio de los fanáticos a la Selección es a los jugadores, a lo que representaron como concepto de unidad nacional en un año donde un terremoto nos golpeó tan fuerte. Pero el que 8 mil personas aplaudan a los muchachos asomados en los balcones de La Moneda, no significa que ovacionen al Presidente que está detrás agitando una bandera nacional buscando aparecer en las fotos. No se confundan.

A Bielsa le dicen “Loco” porque su obsesión por el fútbol, su obsesión por el trabajo, resultó incomprendida en muchos colegas argentinos que se enfrentaban ante un “bicho raro” que vivía para su trabajo.

Pero hay otros cuyas palabras claramente dan para una Junta médica. Lo del alcalde de Ñuñoa da casi para novela. Como si no tuviera suficientes problemas en su comuna -donde entre otras cosas, todavía hay un violador suelto- se despacha una de las frases más impresentables, al pedir que a Bielsa deberían quitarle la visa y expulsarlo del país.

Se nota, que hay muchos para quienes el concepto de democracia se aplica sólo cuando les conviene. La actitud de Bielsa es personal y mucho menos prepotente que algunas que ha tenido el alcalde ante concejales de su comuna o incluso ante los vecinos. Por favor… tienen derecho a no estar de acuerdo por algunas formas y actitudes del entrenador, pero no mezclen las cosas ni traten de dividir al país. Ya lo hicieron durante muchos años y por desgracia con fusiles y tanques.

La selección no es de Bachelet ni de Piñera: es de los chilenos. O como dice el propio Bielsa, el fútbol es del pueblo y quizá es ahí donde está el problema de fondo. Bielsa rechaza las sociedades anónimas en el deporte y mientras haga público esos conceptos, como lo hizo en Curicó, claramente tendrá demasiados enemigos en el Gobierno.