¿Dónde está ese gobierno firme que venía a reaccionar a una emergencia? ¿Dónde están las decisiones claras y señales concretas que tanto prometieron?

Se le prometió orden a la población. Se prometió certeza. Se prometió que, frente a la “crisis”, llegaba un equipo preparado, técnico, casi quirúrgico, capaz de tomar el control del país como si esto fuera una planilla Excel. Bueno…parece que alguien olvidó avisarles que gobernar Chile no es lo mismo que un directorio de empresa.

Porque si algo ha quedado claro en estos meses, es que la única emergencia real está instalada dentro del propio gobierno.

No hay dirección clara, no hay conducción política y, lo más evidente, no hay coordinación. Lo que hay, en cambio, es un desfile de declaraciones cruzadas, desmentidos y ministros que hablan como si trabajaran en gobiernos o incluso países distintos.

El episodio entre el ministro Poduje y Jorge Quiroz es el síntoma de un equipo que se vendió como experto, pero que en la práctica no logra ni siquiera ordenar su propia casa. Porque cuando un ministro contradice —o desautoriza— a otro referente del mismo sector, lo que queda en evidencia es el desorden político.

Y mientras eso ocurre, la seguridad sigue esperando. La ministra Steinert actúa con una pasividad que impresiona y no se condice con la realidad de las calles. La vocera de gobierno, por su parte, parece hablar en un idioma paralelo, uno que requiere interpretación simultánea para entender qué quiso decir realmente. Y del ministro del Interior…bueno, habría que confirmar primero si sigue en funciones o si simplemente optó por el bajo perfil permanente.

Entonces uno se pregunta: ¿Dónde está ese gobierno firme que venía a reaccionar a una emergencia? ¿Dónde están las decisiones claras y señales concretas que tanto prometieron?

Porque hasta ahora, lo único claro es que no logran ponerse de acuerdo ni entre ellos, o incluso en ocasiones maravillosas no se ponen de acuerdo consigo mismos. Por ejemplo, el ministro de Hacienda el mismo día dijo que la PGU se terminaba, al rato que no se terminaba y horas más tarde que se había mal interpretado y que la PGU es inviable por culpa de Boric -tal vez se le debe recordar que desde el 11 de marzo Boric ya no gobierna-.

Y eso no sería tan grave si no fuera porque, mientras discuten quién tiene la razón -o entre sus múltiples personalidades- el país sigue esperando respuestas.

A esto se suma un problema más profundo: el modelo vertical de responsabilidades que al parecer se está utilizando, donde el Presidente termina asumiendo prácticamente todas las responsabilidades, como si gobernara sin ministros.

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Ese esquema no solo debilita a su propio equipo, sino que además concentra la responsabilidad política en una sola figura, con un riesgo evidente: que sea el propio mandatario quien deba responder y defender cada una de esas decisiones ante el Congreso.

Al final, vinieron a ofrecer certezas en seguridad y en economía, pero ni siquiera son capaces de coordinarse como equipo. Y cuando un gobierno no se entiende a sí mismo, difícilmente puede darle tranquilidad a un país entero.

Por lo pronto, tenemos un Presidente que intenta ser vocero de sus ministros y que constantemente tiene que “blindarlos” incluso de los ataques de sus propios amigos, mientras que los chilenos se encuentran a la deriva entre combustibles caros, recortes de presupuesto y el crimen organizado.

Como siempre, termino con un consejo: Presidente, trate de ordenar su gallinero porque los pavos ya se le fueron para el monte.