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Trágicos incendios revelan precarias e inhumanas condiciones de trabajo en Perú

ARCHIVO | Congreso de Perú (Twitter)
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El fuego se inició al mediodía en un edificio de Lima. Jovi y Jorge Luis trabajan ahí, en el techo, encerrados bajo llave dentro de un contenedor. Piden ayuda. No pueden salir. Las llamas consumen todo. En el siglo XXI, informalidad y trabajo forzoso subsisten en Perú.

En dos semanas, el país ha visto arder una decena de predios, varios de ellos locales comerciales remodelados. El último ocurrió este martes, donde siete personas murieron por un incendio en un edificio en Chiclayo (norte de Perú), donde además funcionaba un depósito informal de colchones.

Antes de esta tragedia, otra conmocionó a Lima: el incendio del edificio “Nicolini”, plagado de pequeños comercios de pinturas y material de ferretería. Allí desaparecieron cuatro personas -entre ellos, Jovi Herrera y Jorge Luis Huamán.

El edificio tiene tres pisos pero aumentaba a seis por la cantidad de módulos de metal parecidos a contenedores, que tenía apilados en su techo. El fuego se inició el último jueves y, pese a que fue controlado día y medio después, este martes, los bomberos aún trabajaban en el lugar.

Se ha iniciado la búsqueda de sobrevivientes en las debilitadas estructuras, aunque la familia ya perdió la esperanza de hallarlos con vida. La Fiscalía aún no consigue entrar, pues las temperaturas en el interior aún son altas.

Encerrados todo el día

“Yo trabajaba allí también. Nos encerraban todo el día, salíamos para ir a almorzar o para la hora de salida. Ingresábamos entre 7 y 8 de la mañana, hasta que oscurecía. Nos pagaban entre 20 a 25 soles por día (cerca de 5 mil pesos)”, contó a Latina TV uno de sus compañeros, que prefirió el anonimato. Como no había baño, orinaban en botellas de plástico.

El testimonio del trabajador fue corroborado por la madre de Jorge Luis. “Mi hijo me había contado que trabajaba encerrado…”, dijo a la prensa Bertha Villalobos.

Los dueños del local donde Jovi y Jorge Luis trabajaban aún no son ubicados. El Ministerio Público ha iniciado una investigación ante un probable delito de trata de personas por explotación laboral, una realidad en Perú en pleno siglo XXI.

Según han contado amigos y familiares de los dos jóvenes desaparecidos, su trabajo consistía en borrar la marca de un tubo fluorescente de baja calidad para pintar el de otra marca de alta gama para que sus jefes los pudieran vender a mayor precio.

Una mano por la rendija

En medio de la emergencia, uno de ellos sacó su brazo desde una de las rendijas del contenedor. La escena fue captada por varias televisoras. Los bomberos intentaron llegar a ellos, pero la violencia del fuego lo impidió.

Desde su teléfono, poco después de iniciarse el incendio, Jovi envió un video del interior del contenedor donde se ve el humo que ingresa al recinto y se escucha a alguien toser. Se registran ruidos que parecen ser patadas a la puerta cerrada.

“Por favor, cuiden a mi hija, no la dejen. Que mi mamita no llore”, fue lo último que dijo Jovi a su familia por teléfono, cuatro horas después que se inició el incendio. Luego perdieron contacto con él.

“Lo que necesitamos aquí es mucha más acción judicial porque ellos (los comerciantes) no tenían derecho de estar aquí (…), han tomado a trabajadores y los han encerrado, lo que es criminal”, dijo el presidente de Perú, Pedro Pablo Kuczynski.

Informalidad y explotación

“Existe un altísimo grado de informalidad en nuestra economía. ¿Quíén caminando por la calle hubiera dicho que en esos contenedores colocados ilegalmente en un techo había trabajadores (…) quién hubiera dicho que estaban encerrados con llave”, comentó el presidente.

De acuerdo con cálculos oficiales en 2016, el 73,2% del empleo en el Perú es informal, lo que no garantiza que se respeten sus derechos laborales.

El siniestro desató una ola de fiscalización para comprobar lo evidente: almacenes y centros comerciales tugurizados con productos inflamables, muchos de ellos en predios con escasas medidas de seguridad.

En el caso de la galería “Nicolini”, ésta había sido clausurada por el municipio, pero seguía funcionando. Vendía diariamente hasta 400.000 dólares.

“Esta tragedia refleja una triste y terrible realidad, nos aproxima a formas modernas de esclavitud como el trabajo forzoso, que afecta a millones de personas en todo el mundo y el Perú no es una excepción”, precisó la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en un comunicado.

Según cifras de 2014 de la OIT, el trabajo forzoso afecta a 21 millones de personas en el mundo, de las cuales 19 millones son explotadas en la economía privada.

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