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¿Mito o realidad? escuela en Islandia asegura que los elfos sí existen

ARCHIVO | Juan González | Agencia UNO
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Los elfos forman parte desde tiempos inmemoriales de las leyendas de Islandia, cuyos habitantes aseguran que más allá de lo que se pueda pensar estas criaturas se aparecen a quienes saben verlos.

Su presencia forma parte de la vida cotidiana en la isla, donde las carreteras son diseñadas para respetar el espacio donde supuestamente habita un elfo y los pescadores aseguran que éstos les anuncian las tormentas.

Entonces, ¿cabe preguntarse si realmente existen los elfos?

Magnus Skarphedinsson, que lleva años recopilando testimonios, está convencido de que existen y se dedica a transmitir sus conocimientos como principal académico de la Escuela de los Elfos en Reikiavik.

“¡No hay duda de que existen!”, afirma seguro este antropólogo de 60 años a un grupo de “alumnos” que acude a escuchar sus lecciones. Son principalmente turistas que buscan comprender una creencia que les fascina.

Según la sabiduría popular, un elfo es una criatura un poco más pequeña que un hombre, que vive en la naturaleza y que en general no habla. También existen los “Huldufólk”, la gente escondida, que se parecen más a los humanos y que en su mayoría saben hablar islandés.

Para convencer a su público de que no son mitos, Skarphedinsson aporta dos testimonios.

El primer relato es el de una mujer que aseguró que conocía un pescador que podía ver a los elfos. Una mañana de 1921, el hombre constató que los elfos, que también eran pescadores, no salieron al mar.

Entonces intentó convencer al resto de que no salieran, pero el dueño no hizo caso a las advertencias. Ese día se desencadenó una tormenta de una fuerza inusual para esa zona del Atlántico.

Cuando los familiares de los pescadores los vieron volver sanos y salvos, no podían creerlo.

En junio de 1928, los elfos volvieron a quedarse en tierra, pero una vez más el patrón no quiso creer en la advertencia y ordenó a los pescadores salir al mar. Aunque las aguas estaban tranquilas, no hubo pesca. “Los elfos lo sabían”, afirma el antropólogo.

La otra historia es la de una octogenaria. En 2002 la anciana se cruzó con un adolescente que aseguró que la conocía. ¿Pero dónde nos conocimos?, le preguntó, a lo cual el joven le dio la dirección en la que ella vivía hace más de 50 años, y donde su hija jugaba con un amigo invisible.

“Pero mamá, era Maggi”, le dijo su hija más tarde, cuando ella le describió al joven. “Había envejecido cinco veces más despacio que un ser humano”, calcula Skarphedinsson.

Un trato oficial con los elfos

Las encuestas muestran que uno de cada dos islandeses cree en los elfos.

“La mayor parte de la gente dice que escucharon estos relatos de sus abuelos cuando eran niños”, contó Michael Herdon, un estadounidense de 29 años.

La revista Iceland Magazine, una publicación en inglés, señaló en su número de septiembre que es raro que un islandés crea realmente en estos seres, pero que es algo que no les gusta admitir.

“La mayoría de la gente tiene cuidado cuando entra en un territorio conocido por albergar elfos”
, afirmó la revista.

Esta creencia también se tiene en cuenta en la construcción de obras públicas. Aunque pueda resultar curioso en otros países, el respeto al hábitat de los elfos es un factor que se considera a la hora de construir en el campo islandés.

El promotor de la Escuela de los Elfos también explicó que en 1971 hubo problemas en la construcción de la carretera que une Reikiavik con el noreste del país porque unos elfos se oponían a la destrucción de la roca que vivían.

“Llegaron a un acuerdo con los elfos para que salieran de la roca durante una semana y pudieran moverla 15 metros (…) Este es probablemente el único país del mundo donde el gobierno se refiere oficialmente a los elfos”, dijo.

Sin embargo, no cree que Islandia sea el único país habitado por elfos, pero sí el lugar donde la población es más receptiva.

“La verdadera razón es que la Ilustración llegó muy tarde a Islandia. En otros países la gente diría que los testigos sufren alucinaciones. Esta es la arrogancia científica occidental, que niega cualquier cosa que no haya descubierto su método”, afirmó Skarphedinsson.

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