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Síndrome de Gourmand: Cuando las recetas sofisticadas se transforman en tu peor enemigo

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La comida actualmente se perfila como uno de los mayores placeres de hombres y mujeres en todo el mundo, y es que sucumbir ante las deliciosas apuestas culinarias resulta todo un deleite para el paladar de cualquier amante de la buena mesa.

Y es en este plano cargado de sabores y deliciosos olores, hacen su aparición los conceptos de gourmet y gourmand, ambos ligados al tema gastronómico pero muy distintos en definición.

Por un lado, el gourmet tiene un paladar selecto, ha cultivado sus conocimientos gastronómicos y toma alimentos refinados y magníficamente elaborados para preparar aquellos menús inimaginables. Por otro lado, el gourmand obtiene también placer en la comida, pero destaca por ser un adicto a los alimentos y es posible que a diferencia del gourmet, éste coma en exceso.

De esta forma podríamos decir que el gourmand se posiciona en un sector intermedio entre el gourmet y el “glotón” , ya que pese a disfrutar de lo que entrega la comida y tener un conocimiento pleno de esta área cargada de ingredientes, no tiene la capacidad para detenerse frente a una deliciosa receta y es capaz de comer grandes cantidades de alimentos si algo sabe rico a su paladar.

Pero para entender aquel desorden asociado a la alimentación, hay que señalar que el Síndrome del Gourmand fue descrito por primera vez en 1997 por la neuropsicóloga Marianne Regard y el neurólogo Theodor Landis en un artículo publicado en la revista Neurology.

En aquella oportunidad los expertos lo consideraron como un trastorno alimentario ocasionado por un daño cerebral, cuyo gran problema es el abuso a la hora de optar por un delicioso plato gastronómico.

Una de las curiosidades en torno a esta anomalía, es que quienes la padecen hacen que su vida inconscientemente gire en torno a los alimentos, ya que según los expertos estas personas piensan en comida, discuten de la gastronomía, escriben sobre recetas y lo más importante, que la consumen toda.

Extrañamente los gourmand sienten un gran atractivo hacia lo selecto, hacia los sabores sofisticados y exclusivos, por lo que, no se sienten atraídos a todo tipo de comida. Razón por la que son capaces de aprender todo acerca de diferentes menús excéntricos para así después prepararlos y degustarlos.

Una vez que se detectó este problema que tiene como protagonistas a las personas y la comida, los investigadores Regard y Landis analizaron con qué frecuencia se presentaban estas ganas enormes de sucumbir ante una receta selecta, si había un patrón anatomopatológico peculiar y si tal determinación por comer de forma desesperada por parte del afectado tenía relación con un posible daño en alguna zona encefálica.

En dicha oportunidad los expertos utilizaron en su estudio diferentes criterios, donde destacaron la presencia de un cambio significativo en los hábitos alimenticios, en particular con la calidad de la selección y preparación de los alimentos.

El origen de aquella modificación en la forma de ver y degustar la comida según los mismos profesionales estaba asociada a una lesión cerebral singular y no había otros aspectos médicos o sociales que pudieran estar involucrados, tales como trastornos alimentarios previos u otros trastornos neurológicos o psiquiátricos. En aquella instancia se analizó a 723 personas y se encontró el síndrome del gourmand sólo en 36, es decir un 5% de la muestra total.

Paralelamente se realizó un análisis anatómico que arrojó que en el 94% de las personas que padecen este mal poseen la lesión cerebral en el hemisferio derecho de la zona encefálica.

Según los mismos expertos, dentro del hemisferio derecho el 83 % de estas lesiones se distribuyen en el lóbulo temporal, alrededor del sistema límbico y las zonas relacionadas con las emociones y la motivación, mientras que en menor medida se establecen en el lóbulo frontal, donde se ubica la toma de decisiones.

Del mismo modo, el estudio arrojó que la causa por la que se generaba este síndrome en las personas, en la mayoría de los casos analizados, se debió a un posible tumor, pero también estaba asociado a un foco epiléptico, un traumatismo craneoencefálico, una hemorragia o un accidente cerebrovascular.

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Hecho que quedó de manifiesto por la especialista Mary Kurian y sus colegas tras analizar el caso de un un niño de diez años que tras el desarrollo de una epilepsia a los ocho aumentó su apetito, cambió sus hábitos alimenticios y se puso a cocinar para él y el resto de la familia. Particularmente presentó una obsesión hacia las nuevas recetas y propuestas culinarias.

Pese a ser muy joven criticaba la “comida rápida” e insistía que no le gustaba la calidad de ese tipo de alimentos, por lo que, prefería cocinar él mismo. Sin embargo, lo que más llamaba la atención del menor, que nunca antes de empezar a mostrar los síntomas del síndrome del gourmand había recibido educación gastronómica, ni le habían enseñado a cocinar y tampoco era algo cultural, pues en la zona de Suiza donde vivía junto a su familia el rol de preparar platos era propio del género femenino.

Según cuenta el medio de noticias español Yahoo el menor antes de padecer este trastorno no tenía ningún historial previo de desordenes alimenticios, era emocionalmente estable, amistoso y con buenas habilidades de comunicación. El análisis con electroencefalografía encontró un foco epiléptico en la región parietooccipital del hemisferio derecho y por tanto, la principal causa de este extraño comportamiento en torno a los alimentos.

Asimismo, los autores argumentaron que la actividad neuronal que genera la epilepsia pone en marcha el establecimiento o la activación de una red neuronal que termina generando un comportamiento complejo hacia la comida. En cambio, cuando esta patología es controlada todos los trastornos asociados a ella, incluso el síndrome de gourmand desaparecerían.

Del mismo modo, el medio de noticias español detalla en una de sus publicaciones que el Síndrome de Gourmand identifica la presencia de un componente obsesivo y otros comportamientos típicamente asociados a las adicciones como son las ansias de consumo y la preocupación excesiva frente al tema alimenticio. Además, tras los estudios realizados por la neuropsicóloga Marianne Regard y el neurólogo Theodor Landis arrojó que un tercio de los pacientes identificados en su estudio (cuya totalidad era de 723 personas) tenia síntomas de manía que contemplaban una fuerte agresividad, deficiente control de la impulsividad, desinhibición e inestabilidad emocional, todas conductas que estaban directamente asociadas al alto consumo de alimentos de élite y un tanto sofisticados.

Pese a su grado de complejidad y de todo lo descrito anteriormente, los mismos expertos sostienen que este síndrome es mucho más leve que otros desórdenes como son la anorexia o bulimia, aunque puede ser el primer paso para un comportamiento de hábitos enfermizos. Ya que, como existe un gran amor y pasión hacia los alimentos, quienes padecen tal cuadro terminan por adquirir una actitud compulsiva hacia la comida, algo que es necesario controlar con un especialista en el área y así prevenir un futuro problema.

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