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Porque no bailamos samba, ni somos pescadores

Protestas en Brasil | DeRuffato (cc)
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Esta columna podría comenzar como un relato tipo los archivos secretos X, algo así como:

Estambul, Turquía, 28 de Mayo, 07:00 a.m. 50 ecologistas acampan en el Parque Gezi en protesta por su destrucción, para la construcción de un centro comercial. Los manifestantes son reprimidos fuertemente por las fuerzas policiales, que prenden fuego a las tiendas de campaña montadas y lanzan gran cantidad de gas lacrimógeno. Una mujer de rojo permanece de pie, aún cuando es agredida directamente por un policía con un spray.

Estambul, Turquía, en los días siguientes. Las manifestaciones se extienden a otras ciudades: Ankara y Esmira, entre otras. Miles de manifestantes se han unido y salen a las calles en protesta por los abusos, la escasa participación y el autoritarismo. Uno de los lemas más escuchado es: “Taksim está en todos lados, la resistencia está en todos lados”. Una generación y un país que se niega a volver atrás, con cada vez más manifestantes en las calles y con invenciones caseras para contrarrestar los cada vez más violentos ataques de la policía.

Sao Pablo, Brasil, miércoles 19 de junio, 18:45 p.m. Más de un millar de cariocas se congregan para protestas fuera del estadio Castelao, lugar donde se juega un importante partido entre Brasil y México por la Copa Confederaciones: Las manifestaciones en el país de la verde amarela llevan más de 3 días consecutivos y se han extendido a prácticamente todas las ciudades del país. La chispa: un aumento de tarifas del transporte público, el fondo: ciudadanos y ciudadanas que exigen cambios estructurales al sistema, exigen que se les garantice sus derechos a la salud, a la educación, transparencia en el gasto público, etc.

Dos ciudades, dos mundos opuestos, pero esencialmente unidos, movimientos ciudadanos que no paran. Ya no es sólo la primavera árabe, son miles y miles de personas, que en la época pos ideológica, no encuentran respuestas en un sistema que sólo genera grandes niveles de inequidad económica-social, maltrato indigno y pisoteo de derechos fundamentales y que, agotados y agotadas echan mano a los últimos recursos posibles para expresar su descontento.

Santiago de Chile, lunes 17 de junio 2013, 7:35 a.m. La ciudad amanece cubierta por una densa neblina y al menos, 3º grados bajo cero. En el paradero del autobús cinco personas comienzan a relinchar sus dientes producto del frio y se frotan las manos, sólo una, exclama su enojo por la demora del autobús, ya han pasado 25 minutos.

Santiago de Chile, 07:55 a.m. Metro estación Los Héroes. No es posible a esa hora cambiar de la línea 2 a la 1. Un mar de personas, con el malestar que se dibuja en cada rostro avanzan lentamente y se detiene en lo que parece ser un capitulo de Orwell 1984 donde una voz, que viene desde lo alto, los conmina a detenerse y a avanzar de manera intermitente. Hoy como todas las mañanas se anuncia que un problema ha provocado un retraso en el flujo normal de trenes.

Ya dentro del tren, dos hombres con chaquetas oscuras, provenientes de un terminal pesquero, conversan en voz alta: es inhumano, exclama uno; ¡cómo pueden soportarlo! responde el segundo y continúa: si esto ocurriera de allá, (cómo si ese allá fuera un mundo lejano fuera del Chile que conocemos los santiaguinos) ¿te imaginas? ¿Te imaginas?, insiste, ¡ya habríamos quemado tres vagones y dejao la cagá!. Cierto, ríe el primero.

Algunos pensarán que los sucesos son lejanos, que no bailamos samba, ni somos musulmanes, pero creo que ya no se trata del color de piel, cuán bien o mal juegas fútbol, tus creencias religiosas, ni cuál es tu huso horario. La ciudadanía global considera que los esfuerzos son pocos, que las garantías inciertas y que las demostraciones y voluntades políticas de los mismos de siempre carecen de una historia que la respalde.

La ciudadanía no quiere más maquillaje. Desean mover la aguja, balancear la balanza desbalanceada, humanizar o terminar con un sistema que, para muchos, nos lleva en el rumbo equivocado. Quizás no bailamos samba, ni somos pescadores, pero Chile posee más de 6400 kilómetros de Costa, una inequidad social sólo superada por Brasil en el contexto latinoamericano. Y con esto, para terminar, invito a quien crea que esto sólo puede pasar allá, un allá muy lejano de nuestra realidad, a que comience a reflexionar sobre cuán flexibles pueden llegar a ser nuestras caderas.

Bernarda Jorquera

Bernarda Jorquera

Bernarda Jorquera

Geógrafa de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Master en gestión de Sistemas Ambientales y Master en Políticas Sociales y Gestión Estratégica para el Desarrollo Sostenible del Territorio de la Universidad de Bologna, Italia. Se especializa en gestión estratégica, gestión de proyectos de desarrollo con enfoque económico territorial ambiental. Con 10 años de experiencia, ha trabajado en organismos gubernamentales y organizaciones de la sociedad civil.

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