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¿Puede el Planeta Tierra darnos de comer a todos?

Planeta Tierra | Wikipedia Commons
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Ya en apuros para alimentar a 7.000 millones de habitantes, el planeta Tierra recibirá varios millones más, de modo que sólo una revolución en el uso de los recursos podrá evitar una catástrofe, estiman expertos.

En 1798, Thomas Malthus ya pronosticó que la capacidad del hombre para reproducirse iba a superar rápidamente su habilidad para producir comida, lo que iba a provocar una hambruna y un recrudecimiento del proceso de selección natural de las especies.

Pero la revolución industrial y su impacto en la agricultura hicieron que esos pronósticos no se cumplieran, pese a que el número de habitantes se duplicó una y otra vez.

“Pese a predicciones alarmistas, los aumentos históricos de la población no han resultado catastróficos a nivel económico”, subraya David Bloom, profesor del Departamento de Salud Mental y Población de la Universidad de Harvard, en Massachussets (este de EEUU).

Sin embargo, ahora parece necesario plantearse si Malthus se equivocó sólo en unos cuantos siglos.

El 31 de octubre, la población mundial alcanzará oficialmente la cifra de 7.000 millones, un aumento de 2.000 millones en menos de un cuarto de siglo.

En más de seis décadas, la tasa de fertilidad global se ha reducido por la mitad, lo que equivale, en estadísticas, a 2 niños y medio por cada mujer. Pero esto varía considerablemente entre los países.

Y además no se puede saber si la población del planeta se estabilizará en 9.000 millones, 10.000 millones o 15.000 millones de habitantes, en el siglo XXI, porque ello dependerá de lo que pase en los países en desarrollo, sobre todo en Africa, la región con la mayor tasa de natalidad.

Lo cierto es que el aumento de la población mundial ha significado una mayor presión sobre los recursos, desde el agua dulce hasta las tierras agrícolas, pasando por bosques y mares.

Al ritmo actual, la población necesitaría, para el año 2030, un segundo planeta para poder satisfacer su apetito y absorber los residuos, según la organización defensora del medio ambiente Global Footprint Network (GFN).

Y el carbón, petróleo y gas que precisa la economía mundial para funcionar emiten gases de invernadero que alteran el clima, perjudicando potencialmente los ecosistemas que permiten alimentarnos.

“Desde la fuerte alza de los precios de los víveres a los dañinos efectos del cambio climático, nuestras economías están haciendo frente a las consecuencias de años durante los cuales se ha gastado por encima de nuestros medios”, explica el presidente de GFN, Mathis Wackernagel.

El diplomático francés Brice Lalonde, uno de los dos coordinadores de la conferencia de Naciones Unidas de Desarrollo Sostenible, conocida como “Rio+20″, que se celebrará en junio próximo, afirmó que el aumento de la población de la tierra plantea un desafío fundamental sobre cómo se usan los recursos del planeta.

“En 2030 habrá al menos mil millones de personas más en el planeta,” advirtió Lalonde.

“La pregunta ahora es cómo podemos aumentar la seguridad alimentaria y proveer servicios esenciales a la población más pobre, pero sin usar más agua, tierra o energía?, planteó Lalonde.

Por eso opina que la reunión de Rio+20 se centrará en temas prácticos, como el aumento de fuentes de energía limpia, un uso más racional del agua, la construcción de ciudades más funcionales en términos de medio ambiente y el aumento de las tierras agrícolas sin el uso perjudicial de sustancias químicas.

Pero esas opciones tienen que ver más con el impacto del crecimiento de la población que con el problema de la explosión demográfica en sí.

Reducir la tasa de fertilidad contribuiría a estabilizar la población en 8.000 millones de habitantes, y a sacar de la pobreza a los países más vulnerables, reduciendo la presión sobre los recursos naturales y el clima, argumentan organizaciones que combaten en favor del medio ambiente y el desarrollo sostenible.

Para algunos expertos, el control natal voluntario es crucial.

Geoff Dabelko, director de Cambio Climático en el Centro Woodrow Wilson en Washington, cita el caso de Somalia para examinar qué pasa cuando las mujeres no tienen acceso a los métodos anticonceptivos.

Asolada por una guerra civil y una extrema pobreza, la población somalí va a crecer de 10 millones actuales a 22,6 millones de habitantes para 2050, según diferentes estimaciones.

Una tercera parte de los niños somalíes nace con un peso inferior a lo normal, según la UNICEF, y un 90% de las mujeres somalíes no tienen acceso a planificación familiar.

Muchos economistas argumentan que lo más urgente es reducir la pobreza y aumentar el nivel educativo, especialmente el de las mujeres.

Un estudio realizado en 2010 en Colombia halló que la planificación familiar explicaba menos del 10% de la caída de la tasa de fertilidad. El motor de esa reducción era la mejora del nivel de vida.

Sin embargo, en las reuniones internacionales sobre el futuro de la Tierra, el crecimiento de la población es casi tabú.

“Cuando asistí a la Conferencia de la ONU sobre Medio Ambiente en Estocolmo (en 1972), el tema número uno de la agenda era la explosión del crecimiento de la población”, recuerda Paul Watson, que dirige una organización ecologista, Sea Shepherd Conservation Society.

“Cuando asistí a la conferencia en Rio de Janeiro en 1992, ese tema ni siquiera estaba en la agenda. Ya nadie hablaba de eso”, se quejó Watson.

La demografía también estuvo ausente de la reunión de Naciones Unidas en Johanesburgo, en 2002.

Una razón es la oposición de los religiosos conservadores a los anticonceptivos y al aborto. Y los políticos también evitan hablar de un problema que les va a causar quebraderos de cabeza, y cuyos beneficios sólo se verán en décadas.

Además, para algunos críticos, las medidas de control de la natalidad son sinónimo de políticas de esterilización forzada en India en 1970 y de la política de “un hijo único” en China, que ha provocado grandes desequilibrios, con muchos más hombres que mujeres en el país más poblado de la tierra.

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