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El largo camino de Brasil para llegar al Consejo de Seguridad de la ONU

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Con un mayor destaque en el escenario internacional, Brasil no abandona su sueño de convertirse en miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, pero precisa superar la oposición de algunas potencias para obtener un escaño en ese selecto grupo, según analistas.

La semana pasada, al abrir la asamblea general de las Naciones Unidas, la presidenta Dilma Rousseff defendió el ingreso de Brasil al Consejo y subrayó el papel que ha tenido el país a nivel internacional, como el liderazgo de la Misión de Estabilización de la ONU en Haití (Minustah).

“Cada año que pasa, más urgente se torna una solución a la falta de representatividad del Consejo de Seguridad, que corroe su eficacia (…). El mundo necesita un Consejo que refleje la realidad contemporánea, un Consejo que incorpore nuevos miembros permanentes y no permanentes, en especial representantes de los países en desarrollo”, afirmó.

En el mismo discurso, Brasil confirmó su reconocimiento de un Estado palestino con las fronteras de 1967.

Como ocurre con la cuestión palestina, Brasil necesita enfrentar a las grandes potencias occidentales, en especial a Estados Unidos, que critican abiertamente algunas posiciones adoptadas por el gobierno brasileño.

En marzo Brasil -que ocupa hasta diciembre un escaño como miembro no permanente del Consejo- se abstuvo en la votación sobre la resolución 1973 que aprobó una zona de exclusión aérea en Libia.

En agosto envió una misión diplomática controvertida a Siria para dialogar con el presidente Bashar al Asad, y en 2010 había tenido un infructuoso intento de mediación para resolver la cuestión nuclear de Irán.

Matias Spektor, coordinador del Centro de Relaciones Internacionales de la Fundación Getulio Vargas, considera que “lo más importante es que el país tenga una visión propia”.

“Brasil es llamado cada vez más a ofrecer alternativas. Si al país no le gustan las reglas de juego actuales, precisa decir cuáles son las alternativas. Siempre que Brasil traiga ideas nuevas a la mesa, eso contribuye al argumento de que merece un escaño en el Consejo”, sostuvo.

El embajador Marcos Azambuja, del Centro Brasileño de Relaciones Internacionales (CEBRI), reconoce que Brasil es lento a la hora de tomar decisiones importantes, pero cree que eso puede jugar a su favor, al presentarse como un país que puede consensuar opiniones.

“Brasil se equivoca poco, pero demora mucho en acertar”, estimó Azambuja, aunque destacó al Brasil “creador de consensos, de puentes entre ricos y pobres, desarrollados y en desarrollo, norte y sur, este y oeste”. “Este es un proceso interesante pero es, por definición, lento”, explicó.

A diferencia de India, potencia emergente que ya recibió el apoyo de Estados Unidos para integrar el Consejo, Brasil aún necesita superar la barrera de la hegemonía estadounidense para llegar al Consejo, según los expertos.

“Brasil, como todo país que pretende una redistribución del poder mundial, incomoda a los países establecidos. Y si por un lado la situación geopolítica de India propició el reconocimiento de Estados Unidos, en el caso de Brasil es diferente, ya que a Estados Unidos le gustaría ver su hegemonía reconocida en Sudamérica”, explica Azambuja.

No obstante, para Peter Hakim, del centro de análisis Diálogo Interamericano en Washington, “es inevitable que Brasil se convierta en un miembro permanente”.

“La reforma no va a ocurrir este año o el próximo, pero es realmente esperada”, afirma. Hakim considera como un punto a favor que Brasil sea “democrático, que realmente participa de las misiones de paz y que está en mejor posición en la cuestión de la proliferación nuclear que muchos otros países”.

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