El 3 de diciembre de 2026, a las 13:00 horas de Texas, un grupo de soldados del Ejército estadounidense deberá apuntar sus armas contra un hombre que alguna vez vistió el mismo uniforme. Si se concreta, será el primer fusilamiento militar en Estados Unidos desde 1945, que además podrá verse en vivo y en directo.
El condenado es Nidal Malik Hasan, exmayor y psiquiatra del Ejército, culpable de la recordada matanza de Fort Hood que le costó la vida a más de una decena de compañeros.
Una mañana de noviembre en Fort Hood
El 5 de noviembre de 2009, Hasan gritó “Allahu Akbar” (que significa “Dios es grande”) y abrió fuego contra soldados desarmados en el Centro de Preparación de Soldados de la base de Fort Hood, en Killeen, Texas. Era un edificio médico abarrotado: los uniformados esperaban revisiones y vacunas antes de ser desplegados.
En el ataque armado murieron 13 personas y 32 resultaron heridas, lo que se transformó en el ataque más mortífero ocurrido en una base militar estadounidense fuera de un contexto de combate.
De acuerdo a los antecedentes de la investigación, recogidos por la BBC, la balacera duró unos diez minutos, hasta que el policía civil Mark Todd disparó a Hasan, le quitó la pistola de una patada y lo esposó.
Luego de ser reducido gracias al disparo, Hasan quedó paralizado de la cintura para abajo y desde entonces se mueve en silla de ruedas.
Las señales previas existían. Dos días antes, a menos de un mes de su despliegue a Afganistán, el hombre ahora condenado a muerte había regalado muchas de sus pertenencias a un vecino. Además, el FBI revisó correos suyos con el clérigo radical Anwar al-Awlaki y concluyó que eran parte de una investigación profesional autorizada.
El juicio de un hombre que no se defendió
Su consejo de guerra (el juicio militar) comenzó en agosto de 2013. Hasan se representó a sí mismo y, en el primer día, admitió ser el autor. Dijo que había “cambiado de bando” y se consideraba un muyahidín, un combatiente de la yihad, contra el Ejército de su propio país.
Apenas interrogó a tres testigos, no llamó a ninguno y renunció al alegato final. El fiscal Mike Mulligan le cerró la puerta al martirio: “No está dando su vida. Nosotros se la estamos quitando”.
Un jurado de 13 oficiales lo declaró culpable de 13 asesinatos premeditados y 32 intentos de asesinato. Por unanimidad, recomendó la pena de muerte. En el tribunal, Hasan afirmó que creía estar protegiendo a los musulmanes y a los talibanes en Afganistán, y pidió disculpas por “cualquier error”.
Pero la sentencia no fue el final, ya que la justicia militar es lenta y exige revisión de apelación. El camino se cerró recién el 31 de marzo de 2025, cuando la Corte Suprema rechazó su último recurso.
El regreso del pelotón
Y entonces llegó octubre de 2026, cuando el portavoz del Pentágono, Sean Parnell, informó que el secretario de Defensa, Pete Hegseth, recomendó el fusilamiento y que el presidente Donald Trump lo aprobó. Hasan es hoy uno de los cuatro reclusos en el corredor de la muerte militar.
Ante esto, el Ejército fijó fecha y lugar: el 3 de diciembre, en Fort Hood. Luego, Hegseth fue más lejos. “Nos aseguraremos de que la gente pueda verlo, de que sea público”, dijo, porque “la gente necesita entender que este tipo de cosas tienen graves consecuencias”.
Si se cumple, sería la primera ejecución pública en EE.UU. en 90 años. Recordemos que la última ejecución militar por fusilamiento fue la de Eddie Slovik, un joven desertor, en enero de 1945. La última de cualquier tipo, en 1961, fue la de un soldado ahorcado por violar a una niña austriaca de 11 años, con autorización del presidente Eisenhower.
Trump, que restableció la pena de muerte federal en enero de 2025, la describe como “una herramienta esencial para disuadir y castigar”.
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