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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Donald Trump insiste en que merece el Premio Nobel de la Paz, afirmando haber resuelto ocho guerras, aunque el galardón de 2026 fue para la jueza sudafricana Navi Pillay. Según FactCheck.org y Reuters, muchos conflictos mencionados por Trump no han concluido realmente, como los casos de India-Pakistán o Israel-Irán. A pesar de avances en negociaciones entre países como Armenia y Azerbaiyán, las hostilidades persisten.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a defender esta semana que merece el Premio Nobel de la Paz, asegurando que ha resuelto una importante cantidad de guerras desde su regreso a la Casa Blanca en 2025. Para decepción del mandatario, este viernes el galardón fue otorgado a la jueza sudafricana Navi Pillay, al mismo tiempo que varios de los conflictos que el mandatario presenta como éxitos diplomáticos siguen sin una solución definitiva.

Trump insistió en que su gestión ha conseguido resultados sin precedentes y cuestionó que probablemente no recibiría el reconocimiento debido a que, según él, ha hecho más por la paz en el mundo que cualquier otro presidente.

De acuerdo con una revisión de FactCheck.org, si bien Trump ha tenido un papel relevante en algunas negociaciones, su balance incluye disputas que nunca llegaron a convertirse en guerras abiertas y también enfrentamientos que, en realidad, no han terminado. La agencia Reuters también ha advertido que en varios de los casos mencionados por el mandatario persisten las hostilidades.

Las ocho guerras o conflictos que Trump se atribuye haber resuelto

La lista de Trump incluye los conflictos entre India y Pakistán; Israel e Irán; Tailandia y Camboya; Armenia y Azerbaiyán; Ruanda y la República Democrática del Congo; Serbia y Kosovo; Egipto y Etiopía, además de la guerra de Israel en Gaza.

En el caso de India y Pakistán, en mayo de 2025, Trump se atribuyó la intervención que permitió alcanzar un alto el fuego, aunque el Gobierno indio ha rechazado que Estados Unidos mediara en el acuerdo. La disputa entre ambas potencias nucleares, además, tiene raíces históricas que van mucho más allá de esa tregua.

También hubo avances en el cese de hostilidades entre Israel e Irán, después de los ataques directos que ambos países intercambiaron en junio de 2025. La intervención estadounidense contribuyó a frenar esa escalada, pero no eliminó las diferencias entre ambos gobiernos. De hecho, las posteriores acciones militares de Estados Unidos e Israel contra Irán han vuelto a reactivar el conflicto.

En el sudeste asiático, Trump presionó a Tailandia y Camboya para que aceptaran una tregua después de varios días de enfrentamientos fronterizos en julio de 2025. Sin embargo, los dos países volvieron a acusarse de incumplir el alto el fuego y se registraron nuevos episodios de violencia, por lo que el acuerdo no equivale a una resolución definitiva.

Otro avance diplomático se produjo entre Armenia y Azerbaiyán, países enfrentados durante décadas por el territorio de Nagorno Karabaj y otras disputas fronterizas. La administración estadounidense impulsó un acuerdo entre ambos gobiernos, aunque su implementación y la normalización de las relaciones siguen al debe.

En el caso de Ruanda y la República Democrática del Congo, Washington promovió un acuerdo para contener un conflicto marcado por la presencia de grupos armados y las acusaciones de intervención extranjera. Pese a ello, la violencia en el este congoleño ha continuado. Mientras tanto, las tensiones entre Serbia y Kosovo siguen abiertas, sin que exista evidencia suficiente para presentar la disputa como una guerra que Trump haya terminado.

La controversia entre Egipto y Etiopía por la Gran Presa del Renacimiento Etíope, en el río Nilo, también aparece en el balance del presidente estadounidense. No obstante, como precisó FactCheck.org, se trata de una disputa diplomática por el agua y no de una guerra abierta que hubiera terminado gracias a Washington.

Finalmente, Trump incluye la guerra de Israel en Gaza, donde su administración ha impulsado negociaciones para avanzar en acuerdos y un alto al fuego, pero todavía no es posible hablar de una paz estable y duradera.

María Corina Machado entregó la medalla a Trump, pero el Nobel sigue siendo suyo

La insistencia de Trump en obtener el Nobel de la Paz tiene un episodio particular en la historia reciente, relacionado con María Corina Machado, la dirigente opositora venezolana que recibió el galardón en 2025.

El 15 de enero de 2026, Machado se reunió con Trump en la Casa Blanca y le entregó la medalla del premio como reconocimiento a su respaldo a la causa venezolana. La opositora había expresado previamente su intención de compartir el reconocimiento con el mandatario estadounidense, quien durante años ha manifestado públicamente su interés en recibir el Nobel.

El gesto, sin embargo, generó una aclaración del Instituto Nobel noruego. Según informó Reuters, el Comité Noruego del Nobel precisó que la medalla puede regalarse, venderse o donarse, pero que el reconocimiento permanece ligado a la persona que lo recibió originalmente. Asó, aunque Trump conserve la medalla que Machado le entregó, el Premio Nobel de la Paz sigue siendo de María Corina Machado.

El episodio también se enmarca en el poco respaldo político que Washington ha expresado a la oposición venezolana y el lugar que Machado ocupa en los planes para el futuro de su país. Tras la captura de Nicolás Maduro por parte de fuerzas estadounidenses, Trump ha estrechado sus relaciones con Delcy Rodríguez, quien fue vicepresidenta del mandatario depuesto, en vez de comprometerse a instalar inmediatamente a Machado al frente del Gobierno.