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La historia real de Inês de Castro, la dama de compañía portuguesa asesinada por orden del rey Afonso IV en 1355, cuyo amante, el príncipe Pedro, se vengó desatando una guerra civil y, según la leyenda, coronó su cadáver como reina de Portugal. El relato, con versiones encontradas entre historiadores, sigue siendo una de las tragedias más contadas de la historia europea.
Los cortesanos debieron entrar uno a uno. Adelante, sobre el trono, había una figura vestida con telas doradas y carmesí, una corona sobre la cabeza y una mano extendida, rígida, esperando ser besada. Cada noble se inclinó, tomó esa mano y la besó, como manda el protocolo ante una reina.
Sólo que la reina llevaba muerta más de un año.
Así narra la leyenda uno de los episodios más perturbadores de la historia medieval europea: la coronación del cadáver de Inês de Castro, ordenada por el rey Pedro I de Portugal alrededor de 1360. Antes de llegar a esa escena macabra, sin embargo, hay que retroceder dos décadas, hasta el momento en que dos jóvenes se enamoraron sin permiso de nadie.

Una dama de compañía que no debía ser amada
Corría 1340 cuando Inês de Castro, hija ilegítima de un noble gallego, llegó a la corte portuguesa como dama de compañía de Constanza de Castilla, prometida del príncipe heredero Pedro. Según relata el sitio Atlas Obscura, Inês y Pedro se enamoraron "locamente" casi de inmediato, pese a que ella sólo acompañaba a quien debía ser su futura esposa.
Pero cuando Constanza murió en 1345, ya no hubo nada que disimular. Pedro e Inês comenzaron a vivir juntos abiertamente y tuvieron cuatro hijos. El sitio especializado en historia portuguesa Algarve History Association detalla que el padre de Pedro, el rey Afonso IV, llegó incluso a encerrar a Inês en el castillo de Albuquerque, en la frontera con Castilla, para separarla del príncipe.
No sirvió de nada: la distancia, dicen, sólo encendió más el amor.

El rey no temía el romance: temía a Castilla
Ahora, lo que realmente inquietaba a Afonso IV no era la pasión de su hijo, sino la política.
Inês tenía hermanos castellanos con quienes Pedro entabló una cercanía cada vez mayor, y comenzaron a circular rumores de que el linaje de Inês desplazaría al verdadero heredero, Fernando, el hijo que Pedro había tenido con Constanza.
Para una corte portuguesa que temía perder su independencia frente al reino vecino, la sola idea de que un hijo de Inês terminara heredando el trono era intolerable. La revista digital The Vintage News apunta que, pese a las advertencias reiteradas del rey, Pedro nunca rompió esa relación —y que en 1354 incluso se habría casado en secreto con Inês, legitimando así a sus hijos.
Esa fue la gota que rebalsó el vaso. Los nobles presionaron al rey para resolver "el problema" de una vez.
Y entonces, una mañana de enero de 1355, llegó la orden de matarla.
La mañana en que Pedro salió a cazar
Pedro había salido de cacería. Fue el momento que Afonso IV y tres asesinos aprovecharon para presentarse en el Convento de Santa Clara-a-Velha, en Coimbra, donde Inês vivía con sus hijos.

La escena que describen tanto la Enciclopedia Britannica como The Vintage News es escueta pero brutal: los asesinos encontraron a Inês junto a uno de sus hijos y la mataron frente al niño. Tenía 29 años. Britannica añade un detalle que multiplica el horror: hubo "una dramática conversación" entre el rey y ella en Coimbra, justo antes de que Afonso "la abandonara" a manos de los asesinos.

Cuando Pedro volvió de cazar, encontró a la mujer que amaba muerta y a sus hijos huérfanos de madre. Descubrir además que su propio padre había ordenado el crimen lo empujó a algo que pocas veces se ve en la historia: una guerra civil de un hijo contra su padre rey.
Su revolución no tuvo resultados y, aunque su padre lo perdonó por ser heredero al trono, Pedro guardaría su resentimiento para el momento adecuado.
Corazones arrancados y un trono para una muerta
Ese momento llegó dos años después al morir Afonso IV en 1357, lo que llevó a Pedro finalmente al trono. Sus primeras órdenes como rey no dejaron dudas sobre lo que llevaba guardado: mandó tallar para Inés un sarcófago de mármol blanco de una belleza portentosa y ordenó cazar a sus asesinos.
Capturaron a dos; el tercero escapó. Según relata The Vintage News, Pedro los ejecutó arrancándoles el corazón con sus propias manos estando aún con vida —a uno por el pecho, al otro por la espalda—, en un acto de venganza con el que la BBC titula sin rodeos: "ripped out their hearts" ("les arrancó los corazones"), como símbolo de lo que le habían hecho a él: arrancarle el corazón al matar a su amada.
Pero la parte que convirtió esta historia en leyenda llegó después. De acuerdo con el portal cultural de la cadena británica, hacia 1360 Pedro exhumó el cuerpo ya descompuesto de Inês, lo hizo vestir con ropajes de gala y organizó una procesión desde Coimbra hasta el monasterio de Alcobaça para darle sepultura real, junto a la que sería después la suya.
La versión más extrema de la historia —la que fascinó a dramaturgos durante siglos— añade que antes de ese entierro definitivo, Pedro sentó el cadáver en el trono, le colocó una corona y obligó a toda la corte, los mismos nobles y clero que confabularon contra ella, a besarle la mano como si reinara en vida.

Pero aquí conviene detenerse, porque las fuentes no coinciden. La crónica del historiador portugués Fernão Lopes, escrita hacia 1440 y citada por la BBC, no menciona ninguna coronación: solo el traslado solemne del cuerpo a Alcobaça. La escena de la corona y el beso a la mano muerta aparece recién en 1577, en una obra de teatro del dramaturgo español Jerónimo Bermúdez, casi dos siglos después de los hechos. La Algarve History Association es tajante al respecto: sostiene que esa leyenda "apareció por primera vez en historias españolas de fines del siglo XVI, doscientos años después y es, casi con certeza, falsa".
Una historia que Portugal no ha dejado de contar
Sea o no cierta la coronación del cadáver, la fuerza de esa imagen bastó para que la historia de Pedro e Inês se convirtiera en una de las narrativas más adaptadas de la historia europea. La académica portuguesa-canadiense Aida Jordão, especialista en el tema, cuenta a la BBC que una sola bibliografía académica reciente cita 5.531 obras inspiradas en Inês de Castro: teatro, ópera, poesía, pintura, cine.
"Es parte de nuestra memoria colectiva", asegura Jordão, quien recuerda que casi todos los escolares portugueses conocen la historia desde cuarto o quinto básico —eso sí, "en una versión limpia" de la sangre real del relato. El poeta nacional portugués, Luís de Camões, inmortalizó el romance en su poema épico Os Lusíadas, de 1572, y ese texto es justamente el que llevó a Inês "fuera de Portugal y hacia Europa", según Jordão.
Un dato aparte: los tramos finales de los sepulcros de Pedro e Inês, en el monasterio de Alcobaça, fueron esculpidos de manera que las figuras yacentes de ambos se miren de frente. La razón, cuenta Atlas Obscura, es que así, el día del Juicio Final, cuando ambos se levanten de sus tumbas, lo primero que vean al abrir los ojos sea el rostro del otro. En la piedra de sus tumbas quedó grabada una frase de amor de Pedro que resume todo: "Até ao fim do mundo…" — "Hasta el fin del mundo…".

El monasterio de Alcobaça sigue en pie hoy, convertido en Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, la agencia cultural de las Naciones Unidas. Sobrevivió al Gran Terremoto de Lisboa de 1755 y a los saqueos de las tropas de Napoleón. Adentro, dos tumbas de piedra siguen enfrentadas, esperando ese amanecer final que Pedro imaginó para él y para la mujer a la que, muerta, se empeñó en sentar en un trono.
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