El jueves 1 de octubre se estrena “El bosque” en Teatro Ictus, montaje protagonizado por los actores Mario Horton y Camila Hirane, bajo la dirección de Cristián Marambio.
La obra, adaptación de “The Woods” del dramaturgo estadounidense David Mamet (Glengarry Glen Ross, Oleana) por Pablo Manzi, sumerge al público en una especie de enfrentamiento psicológico entre una pareja instalada en una cabaña “en un bosque”.
Adaptación de “El bosque” llega a Teatro Ictus
Esta adaptación narra la historia de Nick y Ruth, una pareja joven que pasa el fin de semana en una cabaña familiar aislada en medio del bosque, junto a un lago. Lo que inicia como una escapada romántica idealizada, se degrada rápidamente en un enfrentamiento psicológico a medida que cae la noche.
La naturaleza no actúa como un refugio bucólico, sino como un espacio opresivo que amplifica las grietas de una relación salvaje, que, al eliminar las distracciones del mundo exterior, desencadena un resentimiento aparentemente reprimido por generaciones.
En tiempos de soledad, individualismo y odio, la obra resuena de manera aguda y profunda en cuanto a los desafíos que existen en las relaciones de amor, “los diálogos de Mamet se caracterizan por una exploración muy particular del habla, que generalmente problematiza sobre la incapacidad de dialogar a través de sus personajes”, agregó Mario Horton, protagonista de la obra.
Siguiendo esa premisa, a través del diálogo vertiginoso que caracteriza al autor, la puesta demuestra cómo dos personas pueden estar físicamente juntas y al mismo tiempo, completamente aisladas.
Detalles de la obra
Cristian Marambio, director de la puesta, comentó que “Cuando me acerqué al texto, lo primero que sentí fue incomodidad. La relación de pareja está atravesada por silencios que pesan más que las palabras, por gestos mínimos que se cargan de violencia, por una ternura que siempre parece a punto de quebrarse. Esa incomodidad me atrajo”.
La adaptación del texto y la puesta en escena, intentará ser el reflejo del “bosque” que cargamos dentro, ese donde lo amoroso y lo violento conviven, ese donde seguimos repitiendo lo que heredamos, pareciendo imposible detenerlo.
“Quiero que la puesta en escena sea un espejo incómodo, pero también íntimo, donde la violencia se infiltra en lo cotidiano. Esa tensión, entre lo aparentemente inocente y lo brutal, es el corazón de la puesta”, puntualizó Marambio.